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Ponencia Colombia

CATEDRA LIBRE ERNESTO CHE GUEVARA

Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

 

 

Clase abierta del 19 de julio de 2002:

 

“LOS GUEVARISTAS ARGENTINOS:

MARIO ROBERTO SANTUCHO”

 

 

Claudia Korol:

 

Buenas noches y bienvenidos. En esta clase invitamos a Daniel De Santis, que además de haber compartido la militancia con Robi [Mario Roberto Santucho], investigó después, recopiló documentación, e hizo un libro: “A vencer o morir” [A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Selección e Introducción de Daniel de Santis. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires-EUDEBA, 1998 (Tomo I) y 2000 (Tomo II)].

Es una recopilación muy minuciosa de la documentación sobre la experiencia del PRT, que consta de dos tomos. Obviamente, ese trabajo también implica una reflexión sobre la experiencia de la cual participó en su momento con Robi, y sigue participando como militante revolucionario en la actualidad en cada una de nuestras luchas.

Daniel fue miembro del Comité Central del PRT-ERP, compañero de Santucho y fue un dirigente obrero de masas, en importantes luchas, sobre todo en la ciudad de La Plata. Así que nos parecía importante poder tener también en la Cátedra este momento para compartir y reflexionar juntos sobre esto.

 

 

Néstor Kohan:

 

Buenos Noches. La idea de la clase de hoy, que es también un modo de expresar nuestro homenaje cuando se cumplen 26 años de su asesinato, contribuyendo a los muchos homenajes y recordatorios que se van a realizar, consiste en tratar de discutir los núcleos centrales del pensamiento teórico y político, y la práctica también, de Mario Roberto Santucho [1936-1976]. Para no quedarnos en un mito. Porque así como la derecha intenta convertir a nuestros mejores compañeros en mitos - ya lo habíamos conversado y discutido en el caso del Che -  también con Santucho pasa algo análogo, aunque seguramente no al mismo modo del Che porque nadie usaría remeras con la cara de Robi...ya que Santucho sigue siendo un personaje endemoniado, digamos, para la sociedad oficial argentina. Pero un poco, la derecha ha construido el mito de Santucho..., el “tira-bombas”, el “tira-tiros”..., y entonces a veces los sectores populares, para contrarrestar y responder a esa visión derechista, terminan levantando esa misma imagen de Santucho, aunque invertida, sin atender al conjunto de su obra y de su personalidad. 

 

Nosotros pensamos que en la tradición marxista, la lucha político-militar en la que Santucho entregó su vida es siempre - o debería serlo - prolongación de una lucha política  y de un pensamiento político, y no al revés.

 

Entonces, hoy nos interesa discutir las categorías políticas que estructuraban la visión del mundo de Robi y cómo fueron cambiando también... porque nadie nace ni marxista, ni socialista, ni comunista, ni revolucionario, sino que se va construyendo como tal.

 

Por eso nos interesaba discutir el pensamiento real de Santucho y en ese sentido son tan útiles estos libros de documentos reunidos por Daniel De Santis  - realmente los recomendamos - porque si no existieran, sería prácticamente imposible conseguir esos documentos de la historia del PRT.

 

Y una aclaración más, antes de ir directamente al tema: la relación de Santucho con el guevarismo en general, y con el Che en particular, no es una relación directa, en el sentido que Santucho nunca conoció personalmente al Che.

 

Nosotros ponemos el énfasis en una relación política y en la continuidad de una línea ideológica, no en la cuestión biográfica de si conversó o tomó café con el Che. Porque en el mismo sentido, a Marx, Lenin no lo vio nunca, jamás se sentó a tomar cerveza con Marx, ni con Engels. Sin embargo, pocos pondrían en discusión que entre ellos existe una continuidad. En el caso de la relación de Santucho con el Che pasa lo mismo, a nivel biográfico quizás nunca se cruzaron pero hay una trayectoria político-ideológica...

 

Una de las hipótesis de trabajo que se podría plantear es que Santucho forma parte del marxismo latinoamericano, es parte de su historia, de una historia que - como venimos discutiendo en la Cátedra - no nace en los años ’60 sino que es muy anterior y se nota en la primera formación ideológica de Robi.

 

Entre los muchos hermanos de la familia Santucho, uno de ellos, Amílcar, era del Partido Comunista. Otro de ellos que tuvo mucha más influencia sobre Roberto,  Francisco René, era indigenista, “aprista”, seguidor del APRA [Alianza Popular Revolucionaria Americana, organización política peruana surgida en la década de 1920 que sigue existiendo en la actualidad]. ¿Se acuerdan que habíamos visto entre los antecedentes del pensamiento del Che, las polémicas de los años ’20 entre José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de La Torre?

 

Bueno, Francisco René, dirigía una librería en Santiago del Estero y publicaba una revista llamada “Dimensión”. Este hermano de Robi estaba muy influido por la ideología de Haya de La Torre, en sus comienzos.  Por ejemplo, en uno de sus textos iniciales [Francisco René Santucho: Integración de América Latina. Santiago del Estero, Cuadernos Dimensión, 1959] él hablaba de nuestro continente llamándolo “Indoamérica” y no Latinoamérica.

 

En una nota al pie de ese trabajo, Francisco René explica porqué le llamaba Indoamérica, del siguiente modo: “Preferimos indoamericano a latinoamericano o hispanoamericano, por las mismas razones aducidas por los apristas peruanos generalizadores del término. Creemos como ellos que así se define mejor una peculiaridad que hoy se da en el hemisferio”.

 

De este modo, el primer guía intelectual de Mario Roberto Santucho sigue casi al pie de la letra a los discípulos de Haya de La Torre. Su razonamiento es el siguiente: el componente fundamental de este continente es indígena, por lo tanto vamos a hablar siempre de Indoamérica. De ahí que la primera organización política en la que participan estos hermanos (Francisco René y Mario Roberto) se llama Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP). Francisco René es el hermano - me parece a mí - que más influencia tiene sobre Roberto.

 

Esta tradición de pensamiento indoamericanista también está presente en otros revolucionarios latinoamericanos de aquella época. El indoamericanismo se planteó principalmente a nivel historiográfico, es decir, a la hora de explicarse la propia historia de América Latina. Porque dejemos bien en claro que esta generación, la generación de Robi Santucho y sus compañeros y compañeras,  no se lanzó a la pelea y a la lucha armada ni arriesgó la vida porque le surgió repentinamente un “delirio mesiánico” - como nos dice toda la derecha -, o porque era “foquista” –como nos dice alguna parte de la izquierda - , sino porque había hecho un meditado análisis previo de la historia del continente y de sus condiciones políticas.

 

Entonces, tratando de ver qué herramientas utilizaban a nivel historiográfico para explicarse la historia de Indoamérica, uno encuentra que, además de los textos de Haya de La Torre, también utilizaban los libros de Juan José Hernández Arregui, que era un escritor del interior de nuestro país, un hombre muy erudito, especialista en la cultura griega.

 

Hernández Arregui tenía una hipótesis muy fuerte, era muy crítico de la ciudad de Buenos Aires. Sostenía que Buenos Aires era una “ciudad-puerto de espaldas al país y de cara a Europa”, en cambio el interior era explotado, el interior... era Indoamérica. Buenos Aires pertenece a Europa. Aunque, a diferencia de Haya de la Torre, Hernández Arregui era muy hispanista, él defendía mucho la herencia española (esa era una diferencia importante con los indoamericanistas). Muy bien, en los orígenes del FRIP encontramos esta idea de que Buenos Aires está de espaldas al país. No se dice que es “una ciudad burguesa” pero más o menos..., y también nos encontramos con la idea que la vanguardia revolucionaria se encuentra en el noroeste Argentino.

 

En esos primeros documentos del FRIP de inicios de los ’60 y en esa primera formación ideológica también se utilizaban categorías de Silvio Frondizi, un sociólogo e historiador que al igual que el anterior era crítico del tipo de desarrollo del capitalismo argentino. Pero a diferencia de Hernández Arregui, Silvio Frondizi no era peronista. Cuestionaba muy duramente la supuesta “progresividad” de la burguesía nacional y en consecuencia del peronismo.

 

El FRIP se unifica alrededor del año 1965 con un grupo político trotskista que se llama “Palabra  Obrera”, encabezado por Hugo Miguel Bressano, que es el seudónimo de Nahuel Moreno. Esta agrupación pertenecía a la Cuarta Internacional.

 

Ahí nace el PRT como organización, y a partir de ese momento  -al menos eso me parece a mí - en los escritos de Santucho y en su ideología hay un cambio, se produce una transformación. La Cuarta Internacional tenía en aquella época como principal dirigente al belga Ernest Mandel, el célebre economista. En aquellos momentos Moreno estaba unido con Mandel, después rompen entre sí en una dura polémica.

 

Entonces, a la hora de explicarse cómo fue y es nuestro continente, cómo es la Argentina, también se produce un cambio en los escritos y en la ideología de Santucho. Aparece la presencia de otro historiador, que era un militante orgánico de Palabra Obrera vinculado a Moreno: Milcíades Peña.

 

Peña era un joven, muy joven - porque se suicidó a los 32 años -, pero dejó una obra muy interesante, muy distinta de la historiografía tradicional, tanto de la historiografía liberal burguesa como también de la historiografía oficial del Partido Comunista en los escritos de Leonardo Paso, por ejemplo, o de la izquierda peronista como Rodolfo Puiggrós. Entonces el joven Santucho adoptaba de la obra historiográfica de Milcíades Peña y de la sociología de Silvio Frondizi una idea central. Esa idea giraba en torno a la incapacidad de la burguesía “nacional” argentina para emancipar nuestro país.

 

La burguesía nacional argentina no podía encabezar la independencia. Que nosotros somos todavía hoy un país dependiente creo que está fuera de discusión. ¡Hoy en día más que nunca!. Nosotros seguimos pensando que la dependencia constituye una de las principales características de la formación social capitalista argentina, a pesar de que el término “dependencia” ya no está de moda en la literatura universitaria local (como sí lo estaba en los ’60, los años de Santucho).

 

El problema central de la discusión política de aquella época, que también surge - con otro ropaje  y con otros personajes - en nuestra época, que vuelve hoy en día, es si la burguesía local puede o no puede encabezar los cambios pendientes y necesarios para resolver la crisis del país. A partir de la explicación que demos de ese problema y de la respuesta que proporcionemos a esa pregunta política se derivan un conjunto de posiciones políticas.

 

Entonces Robi Santucho, a partir de las tesis de Milcíades Peña, a partir de los escritos de Silvio Frondizi, empieza a plantear que la burguesía nacional no podía encabezar los cambios. No se podía entonces seguir pensando ingenuamente en términos de un gran “frente nacional” con la burguesía a la cabeza...(fíjense que aunque este debate está marcado a inicios de los ’70 por el regreso de Perón de su exilio en España y por la formación de un gran frente peronista que le entrega el ministerio de economía a un sector “nacional” de la burguesía local como es el caso de Gelbard –previo pacto social y freno a toda la movilización de los trabajadores clasistas – ese mismo tipo de planteo reaparece ahora, en el año 2002, con otros personajes, con otros políticos, con otros militares, pero con la misma liturgia populista y con los mismos planteos...).

 

¿Qué diferencia había entre los escritos de Roberto Santucho y los de Milcíades Peña? Principalmente que este último – Peña – mantenía un planteo totalmente impregnado por el antiperonismo, ya que proponía la tesis que “Perón era un agente inglés”.

 

El PRT adopta cierto tipo de explicaciones de Peña, pero no acepta completamente esa visión ya que en un escrito del PRT  - “El peronismo, ayer y hoy” [Ediciones El Combatiente, agosto de 1971]- se plantea que se adopta la tesis de Peña, pero sin caer... en el “gorilismo de izquierda”.

 

En los escritos del PRT emerge también la presencia de otra historiografía. Y esto sí llama poderosamente la atención. Es la historiografía de Bartolomé Mitre. ¿Por qué llama la atención? Pues porque como sabemos, la versión de Mitre constituye la versión oficial de la historia argentina, la que se enseña todavía hoy en las escuelas. Pero ¿qué adoptaban los militantes del PRT de esta historiografía tradicional?

 

Algo que, paradójicamente, resulta muy interesante: cómo estos historiadores burgueses reaccionarios (principalmente Mitre, aunque también deberíamos agregar a Vicente Fidel López, en el siglo XIX y Ricardo Levene en la primera mitad del siglo XX) describen la campaña del ejército de San Martín, cómo describen... la guerra de guerrillas. Realmente, si alguna vez lo pueden leer vale la pena, es hasta muy entusiasmante. Cuando ellos hablan del Ejército de los Andes, cuando San Martín envía a organizar una guerra de guerrillas en la retaguardia española, digamos que era muy “atractivo” para esta izquierda revolucionaria que se planteaba continuar la lucha inicial de San Martín y Bolívar..., y sobre todo el papel jugado en la lucha guerrillera contra los colonialistas españoles por Martín Miguel de Güemes, Juana Azurduy, y otros revolucionarios nuestros de principios del siglo XIX. Seguramente estos historiadores burgueses, de tradición liberal, todavía en el siglo XIX se podían dar el lujo de alabar aquellas campañas militares independientistas porque la tarea por delante que esta burguesía tenía entonces – segunda mitad del siglo XIX - era legitimar la construcción de un Estado-nación y construir los relatos fundantes de un origen heroico. Luego, en el siglo XX, sobre todo en su segunda mitad, ante le emergencia de una izquierda revolucionaria que se planteaba en primera instancia la lucha por el poder, ya no podían darse ese lujo...

 

Pero los compañeros del PRT supieron leer bien, leer entre líneas, en esa historiografía burguesa, en esa historiografía tradicional y reaccionaria y encontrar los relatos de aquel primer ejército continental de San Martín y sus compañeros.

 

Dicho como nota al pie: según recuerda Pombo [Harry Villegas Tamayo, sobreviviente de la guerrilla del Che en Bolivia, hoy general de brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba], que luchó junto al Che Guevara en Cuba, en el Congo y en Bolivia, Guevara – al igual que el PRT - también le daba para leer a sus compañeros, a sus combatientes internacionalistas de Bolivia, los relatos de las guerras independientistas sobre Juana Azurduy y sus guerrilleros. También en esto Santucho fue un guevarista consecuente...

 

Otra fuente ideológica de la que se nutrió Santucho fue Lenin. Como era obvio, ya habiendo cortado amarras definitivamente con Haya de La Torre, Santucho empieza a tener una lectura mucho más leninista, más “clásica”, si se quiere, sobre el papel de América Latina. La crítica explícita contra Haya de la Torre ya la formula Francisco René Santucho en su trabajo “Lucha de los pueblos indoamericanos” [publicado en 1963 en el periódico Norte Argentino]. Allí se plantea que los aciertos iniciales del APRA: “se ven traicionados ahora por la debilidad de su propio líder que ha entrado en compromisos con regímenes reformistas cómplices del imperialismo”. A partir de esa ruptura con el populismo aprista se abre en el horizonte ideológico de Robi la posibilidad de apropiarse de la tradición teórico-política de Lenin.

 

Como ustedes saben, Lenin escribió en 1916 “El imperialismo fase superior del capitalismo” y ahí habla de nosotros, de la Argentina. Dice textualmente: “No sólo existen los dos grupos fundamentales de países – los que poseen colonias y las colonias --, sino también, es característico de la época, las formas variadas de países dependientes que, desde un punto de vista formal, son políticamente independientes, pero que en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática. A una de estas formas de dependencia, la semicolonia,  ya nos hemos referido. Un ejemplo de otra forma lo proporciona la Argentina [...] No es difícil imaginar qué sólidos vínculos establece el capital financiero – y su fiel «amiga», la diplomacia – de Inglaterra con la burguesía argentina, con los círculos que controlan toda la vida económica y política de ese país”.

 

¿En qué se basaba Lenin para proporcionar semejante descripción y explicación de la Argentina? Pues una de sus tesis principales sostenía que el desarrollo del capitalismo mundial nunca es chato, ni plano, ni liso ni  homogéneo. Los países y sociedades capitalistas no están en el mismo rango ni son equiparables entre sí, como hoy sostiene erróneamente, por ejemplo, Toni Negri en su Imperio cuando plantea que entre Estados Unidos y Brasil, la India e Inglaterra... “sólo hay diferencias de grado”. Por el contrario, Lenin tenía la hipótesis de que el capitalismo a nivel mundial se expandía en forma asimétrica, según un desarrollo desigual que generaba países y sociedades metropolitanas y dependientes, cuyas diferencias no son sólo de grado – es decir: cuantitativas, mayor o menor cantidad de capitalismo y desarrollo -- sino que son diferencias cualitativas.

 

El PRT adopta esta tesis de Lenin, y plantea que el desarrollo interno del capitalismo argentino también es notoriamente desigual y origina zonas metropolitanas y zonas periféricas y/o dependientes. O sea que no es lo mismo el desarrollo del capitalismo en la Mesopotamia que en el Noroeste. Así, por ejemplo, en el folleto “El proletariado rural detonante de la revolución argentina” [Tesis políticas del FRIP, editado en 1964 en el periódico Norte Argentino] se sostiene que: “El imperialismo, al introducirse como factor estructural en el desarrollo de la economía argentina promoviendo la seudoindustrialización, ha acentuado los desniveles regionales, al desarrollar unilateralmente la zona portuaria en detrimento del Interior”.

 

Obviamente, este tipo de caracterización se basaba en la teoría del desarrollo desigual de Lenin. Pero le agregaba un matiz específico cuando hacía referencia a la “seudoindustrialización”. ¿De dónde tomaban esa visión tan crítica de la industria argentina? Pues de las tesis historiográficas de Milcíades Peña. No casualmente la primera de estas tesis políticas del FRIP, combinando la teoría del imperialismo de Lenin con la visión de Peña, sostenía que “La República Argentina es un país semicolonial seudoindustrializado”. A continuación, la segunda tesis agregaba: “La burguesía nacional en su conjunto es incapaz de luchar por la liquidación de la dependencia de nuestra patria”.

 

Así como Lenin defendía la tesis de que la explosión iba a surgir en “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, Santucho planteaba por analogía que en la revolución argentina el factor detonante era el proletariado azucarero, ya que el capitalismo del noroeste era de alguna manera “el eslabón más débil” dentro del capitalismo argentino.

 

Y también, junto a las categorías clásicas de Lenin, en el PRT se adoptaron en determinado momento categorías de León Trotsky quien, como ya habíamos planteado en las clases anteriores cuando analizábamos su influencia en la visión del Che sobre el capitalismo latinoamericano, en su Historia de la Revolución Rusa,  plantea una hipótesis que denomina “ley del desarrollo desigual y combinado”. ¿En qué consiste? Pues en que nunca existen países y sociedades capitalistas absolutamente homogéneos, compactos, con un solo modo de producción, sino que en realidad hay relaciones sociales de distintos modos de producción que están combinadas entre sí. Algunas predominan sobre otras, pero están combinadas. Puntualmente Trotsky sostiene que: Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo desigual y combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas”. Trotsky la denomina “ley” pero en realidad – pensamos nosotros – habría que denominarla teoría del desarrollo desigual y combinado, ya que conjuga diversas hipótesis sobre el desarrollo histórico.

 

Entonces,– una vez superada la influencia del APRA y el indigenismo, a los que habría que agregar la influencia inicial de la Reforma Universitaria y de varios intelectuales que realizan conferencias en la librería de Santiago del Estero, dirigida por Francisco René -- en el pensamiento político de la dirección del PRT en general y de Mario Roberto Santucho en particular, se conjugan las categorías sociológicas de Silvio Frondizi, las historiográficas de Milcíades Peña, la teoría del marxismo revolucionario clásico de Lenin y Trotsky y, por supuesto, la enorme influencia de la revolución cubana y de la revolución vietnamita.

 

Sería muy largo de desarrollar y no tenemos tiempo, pero obviamente a todas estas influencias las moldeó y las amalgamó en el caso del PRT el guevarismo y el castrismo y también el pensamiento político de Ho Chi Minh y Giap.

 

Para adelantar y acortar –cronológicamente hablando- en nuestra exposición, agregamos que luego viene la ruptura con Nahuel Moreno y la fundación del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo],  en el V Congreso en 1970, donde el PRT se divide en el “PRT - La Verdad” (encabezado por Moreno) y el “PRT - El Combatiente” (encabezado por Santucho),. Ambos grupos toman el nombre de acuerdo al periódico de cada uno.

 

Aunque tenemos que ser breves, me parece interesante prestarle atención al documento de la fundación del ERP. Las posiciones políticas de este documento se nutren de toda la tradición clásica del marxismo, que a su vez provienen de Clausewitz y de Maquiavelo.

 

Porque, a principios del siglo XVI, el teórico florentino Nicolás Maquiavelo sostenía en El príncipe y en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio que para unificar Italia como una nación moderna, había que derrotar el predominio de Roma – El Vaticano – y también había que terminar con la proliferación de bandas armadas locales, los célebres condottieri [combatientes mercenarios]. Maquiavelo propone la formación de una fuerza militar republicana completamente subordinada al príncipe, es decir, al poder político. ¡Es la política, según Maquiavelo, la que manda sobre lo militar y no al revés!. Más tarde, a inicios del siglo XIX, el teórico prusiano Karl von Clausewitz vuelve a prolongar aquel pensamiento defendiendo que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” [en su libro De la guerra]. A inicios del siglo XX, más precisamente en su exilio suizo durante la primera guerra mundial [entre 1915 y 1916] Lenin, mientras estudia la Ciencia de la Lógica de Hegel, lee y anota detenidamente De la guerra de K.v.Clausewitz. Lenin no es el único marxista en este sentido. Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la cárcel, más precisamente a inicios de la década de 1930, redacta “Análisis de situación y relaciones de fuerza”, un pasaje de los Cuadernos de la cárcel donde sostiene que la lucha político-militar y la guerra constituyen un momento superior de las relaciones de fuerzas políticas, que enfrentan en una situación a las clases y fuerzas sociales.

 

Por lo tanto, en toda esta tradición de pensamiento político, que se remonta a la herencia republicana de Maquiavelo y, a través de la reflexión de Clausewitz, es adoptada por los clásicos del marxismo, LA LUCHA POLÍTICO-MILITAR ES LA PROLONGACIÓN DE LA POLÍTICA, NO AL REVÉS.

 

En los documentos de la fundación del ERP también aparece en primer plano UN ANÁLISIS POLÍTICO de donde se deduce la necesidad de LA LUCHA POLÍTICO-MILITAR y no al revés.

 

Creo que luego de años de propaganda burguesa que intentó demonizar a los revolucionarios argentinos y latinoamericanos, remarcar ese tipo de pensamiento específicamente POLÍTICO resulta hoy impostergable. Porque la generación de Santucho y sus compañeros y compañeras no se lanzaron a la lucha político-militar de manera “irracional”, “demencial” o “mesiánica”...como acostumbran a escribir en los grandes medios de comunicación de masas. No estaban deseosos de adrenalina. No eran “jóvenes loquitos y aventureros” deseosos de vivir peripecias extrañas.  Existía en ellos un tipo de análisis específicamente POLÍTICO, asentado como vimos muy sumariamente en un tipo de reflexión sociológica e historiográfica sobre las contradicciones del capitalismo argentino y la impotencia histórica de sus clases sociales dirigentes y dominantes. Creo que para poder desmontar la estrategia de descalificación de esa generación (a la que se le puso un cartelito que decía más o menos así: “Demonios subversivos” o también “Demonios terroristas”), tenemos que volver a pensar despacito, bien detenidamente, estas cuestiones.

 

Me parece entonces muy interesante focalizar la atención en una parte de esos documentos de fundación del ERP. Porque los que no vivimos aquella época nos sorprendemos cuando encontramos allí algo completamente inesperado... En esos documentos políticos aparece una crítica muy fuerte contra el foquismo y contra Regis  Debray.

 

¿Quién es Regis Debray? Debray era un joven estudiante francés, discípulo del filósofo Louis Althusser, que vino a Latinoamérica y después escribió un artículo muy largo, en la famosa revista “Les Temps Modernes” de Jean Paul Sartre:  “El Castrismo: la larga marcha de América Latina” . Entonces, este artículo les gustó mucho a los cubanos. Lo invitaron a Cuba, y ahí, en Cuba, escribe después un texto que pretende ser, digamos, la “síntesis teórica” de la revolución cubana. Un texto que hoy en día se utiliza para criticar a la revolución cubana y para denostar al Che Guevara. El texto de Debray se titula: “¿Revolución en la Revolución?”. Allí Debray realiza una versión realmente caricaturesca de la revolución cubana. Sostiene, entre otras cosas, que en Cuba no hubo casi lucha urbana, que solamente hubo lucha rural, que la ciudad era burguesa mientras que la montaña era proletaria y que, por lo tanto, la revolución surge de un foco, de un pequeño núcleo aislado. Así, de este modo, Debray hace la canonización y la codificación de la revolución cubana en una receta muy esquemática que se conoce como “la teoría del foco”. Esta versión de Debray de la revolución cubana es muy utilizada hoy en día para ridiculizar la teoría política del guevarismo...aún cuando el mismo Debray ya no tiene nada que ver con esta tradición, pues pasó a las filas de la socialdemocracia – en el mejor de los casos y siendo indulgentes con él... -.

 

Es cierto que la temática del “foco” está presente en los escritos del Che pero de una manera muy diferente a la receta simplificada que construye Debray. Nosotros creemos que en el Che los términos “foco” y “catalizador” –con los que el Che hace referencia a la lucha político-militar de la guerrilla, tienen un origen metafórico proveniente de la medicina (la profesión original del Che). El “foco” remite al...foco infeccioso que se expande en un cuerpo humano.

 

Pero, más allá de su origen metafórico, está muy claro que en el pensamiento político de Guevara la concepción de la guerrilla está siempre vinculada a la lucha de masas. Concretamente el Che sostiene que: “Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha del pueblo [...] Su gran fuerza radica en la masa de la población” [Ernesto Che Guevara: La guerra de guerrillas (1960)]. Más tarde, el Che vuelve a insistir con este planteo cuando reitera: “La guerra de guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de masas” [Ernesto Che Guevara: “La guerra de guerrillas: un método”, artículo publicado en Cuba Socialista, septiembre de 1963]. Pero para Debray esos planteos del Che eran sólo ...detalles insignificantes. No les dio ninguna importancia. Por eso construyó una visión caricaturesca de la lucha armada que, lamentable y trágicamente, fue posteriormente atribuida –post mortem- al Che...

 

Según recuerda el ya mencionado Pombo [Harry Villegas Tamayo] al Che Guevara no le gustó ¿Revolución en la Revolución? de Debray. Lo leyó cuando estaba en Bolivia (pues se publicó en 1967) y le hizo anotaciones críticas, reunidas en una libreta que se apropió el ejército boliviano junto con su mochila, luego de capturar al Che.

 

Pero, aún en el hipotético caso de que jamás puedan leerse o reconstruirse las notas críticas del Che hacia Debray, ya en aquella época dos militantes cubanos salieron públicamente a criticar la caricatura “foquista” de Debray [Simón Torres y Julio Aronde (posiblemente dos seudónimos de colaboradores del comandante Manuel Piñeiro Losada, alias “Barbarroja”): “Debray y la experiencia cubana”. En Monthly Review N° 55, año V, octubre/1968.p.1-21]. Estos dos compañeros cubanos le critican abiertamente a Debray - ¡no ahora, en el año 2002, sino en 1968! - el haber simplificado la revolución cubana, el haberla convertido en una simple teoría del “foco” y el no haber visto en ella que junto a la guerrilla, en las ciudades luchaba el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, etc. En suma, le cuestionaban - en particular - el total desconocimiento de la lucha urbana y - en general - la total subestimación de la lucha política, base de sustentación de toda lucha político militar. Esta es la principal crítica a la teoría del “foco” realizada en aquella época por los propios cubanos.

 

Por supuesto que, en la derecha, nadie se toma el trabajo de reconstruir todas esas críticas. Simplemente, se “entierra” rápidamente a los revolucionarios por ser “foquistas”...

 

Muy bien, entonces, en los documentos de nacimiento del ERP en la Argentina, encontramos una crítica muy inteligente y muy sugerente a Regis Debray y al “foquismo”, a la errónea subordinación de la lucha política a la lucha militar. Me parece que esta crítica del PRT y de Santucho pasó desapercibida y, todavía hoy, se le atribuyen “foquismo” y/o “militarismo” como si la decisión de desarrollar en Argentina una lucha político-militar hubiese sido en la mente de Santucho y sus compañeros un delirio irracional y mesiánico y una subestimación del análisis específicamente político.

 

Piensen ustedes, que toda la tradición de Santucho siempre recibió esos ataques... “foquistas” y “militaristas” - se les dijo -..., cada vez que se habla de Santucho, se trata del... “foquismo”. Lo mismo con el Che... “un gran revolucionario..., pero...foquista”.

 

Sin embargo, en la propia fundación del ERP se hace una crítica muy dura al foquismo y se genera una crítica inteligente al militarismo. Porque una de las tesis centrales de Regis Debray consiste en que no hace falta formar un partido revolucionario. Solamente - plantea Debray -, hay que instalar un foco guerrillero...No hace falta la lucha política ni la lucha ideológica, sino tan sólo la lucha militar...Eso es el foquismo, eso es el militarismo.

 

Y, justamente, en estas tesis del PRT de 1970 y en estos documentos de fundación del ERP [“Resoluciones del V Congreso del PRT. Fundación del ERP” (29 y 30 de julio de 1970)] se plantea que no, que el eje prioritario siempre debe ser construir una organización política y de ahí, en todo caso, plantearse la lucha político-militar. Pero el eje debe ser la política. No puede haber confrontación político-militar ni lucha político-militar si no es a partir de un análisis específicamente POLÍTICO. Esta es la tradición de los clásicos del marxismo que se remonta a Clausewitz y, más atrás, a los escritos de Nicolás Maquiavelo.

 

Otra tesis que Santucho y el PRT le critican a Debray en este documento de la fundación del ERP es la supuesta primacía que Debray atribuye al “factor geográfico”. Pensar que de la geografía se deduce una estrategia política...constituye un enorme error. En realidad no es así..., ni fue así la revolución cubana ni ninguna revolución latinoamericana. La geografía no determina la lucha política, es un error gravísimo. Cuando uno lo encuentra escrito no pasa nada, pero en política ese tipo de errores cuesta la vida de mucha gente, de muchos compañeros valiosos, de muchos revolucionarios.

 

Después, siempre en términos de extrema síntesis, nos encontramos con otros dos documentos. Uno se titula “Poder burgués, poder revolucionario” [Ediciones El Combatiente, 23 de agosto de 1974], redactado por Santucho, y el otro es “A los pueblos de América Latina” [publicado en Che Guevara N°1, Revista de la Junta de Coordinación Revolucionaria, noviembre de 1974], un documento colectivo firmado por el PRT-ERP  en la Argentina, los Tupamaros en Uruguay, el MIR chileno y el ELN boliviano. ¿Que encontramos en estos documentos a nivel teórico y político?  Nuevamente, aún a riesgo de repetir..., nos encontramos con un ANÁLISIS POLÍTICO. A partir de ahí se plantea la lucha revolucionaria continental..., ¡no eran “tira-tiros” irracionales ni “locos aventureros”!. Se plantea una visión de cómo funciona el sistema de dominación política de las clases opresoras en América Latina y se plantea también qué sucede en el seno del campo popular y sobre todo, en LA CONCIENCIA política de las clases subalternas y explotadas.

 

Entonces, avanzando un poco más en detalle: el análisis político condensado en “Poder burgués y poder revolucionario” se estructura a partir de una metáfora espacial que dibujaría qué pasa “arriba” y qué sucede mientras tanto “abajo”. La reflexión de Santucho gira alrededor de un análisis político del arriba y del abajo o, en otros términos, de las clases dominantes y de las clases subalternas.

 

Para analizar las clases dominantes aparece en los escritos de Santucho la categoría de “bonapartismo”. Esta es una tesis muy fuerte de Santucho, que - me parece - en algún sentido está bastante vigente todavía hoy en día: La historia argentina se mueve con un movimiento pendular entre dos formas políticas de dominación burguesa: o la república parlamentaria o el bonapartismo militar.

 

Nuestra historia fue, lamentablemente, así. No casualmente el Che Guevara reclamaba en uno de sus escritos “maduros” - dentro de su corta vida política - que: “Hoy por hoy, se ve en América un estado de equilibrio inestable entre la dictadura oligárquica y la presión popular. La denominamos con la palabra oligárquica pretendiendo definir la alianza  reaccionaria entre las burguesías de cada país y sus clases de terratenientes [...] Hay que violentar el equilibrio dictadura oligárquica-presión popular” [Ernesto Che Guevara: Guerra de guerrillas: un método, septiembre de 1963]. Tengamos presente que cuando el Che emplea la expresión “dictadura oligárquica”, como él mismo aclara, no está pensando en una dictadura de los terratenientes y propietarios agrarios a la que habría que oponer una lucha “democrática” o un “frente nacional” incluyendo dentro de ellos no sólo  a los obreros, campesinos y capas medias empobrecidas sino también a la denominada “burguesía nacional”. No, por el contrario, el Che es bien claro. Lo que existe en América Latina es una alianza entre los terratenientes “tradicionales” y las burguesías “modernizadoras”. La oposición no pasa entonces por oponer artificialmente tradición versus modernidad, terratenientes versus burguesía industrial, oligarquía versus frente nacional. Su planteo es muy claro - se puede compartir o no, pero es muy claro -: “No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución” [Ernesto Che Guevara: “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, en Suplemento especial de Tricontinental, 16 de abril de 1967].

 

Pensemos detenidamente en la importancia de estas palabras del Che sobre el equilibrio inestable entre ambos polos pendulares (la dictadura oligárquica, basada en la alianza de terratenientes y burgueses “nacionales”, por un lado, y la presión popular, por el otro). Reflexionemos sobre la importancia de estas categorías de Santucho acerca de las dos formas políticas alternativas de dominación de la burguesía argentina.

 

Ninguno de los dos - Guevara y Santucho - dice “democracia o dictadura”, como rezaba la consigna de Raúl Alfonsín en 1983 [cuando se termina la dictadura militar en la Argentina]. No. La alternativa es continuar bajo dominación burguesa en sus diferentes formas o la revolución socialista. Pues para el Che: “No debemos admitir que la palabra democracia, utilizada en forma apologética para representar la dictadura de las clases explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano. Luchar solamente por conseguir la restauración de cierta legalidad burguesa sin plantearse, en cambio, el problema del poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes: es, en todo caso, luchar por el establecimiento de unos grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el presidiario” [Ernesto Che Guevara: Guerra de guerrillas: un método, septiembre de 1963].

 

Cuando Santucho quiere explicar las DIVERSAS FORMAS POLÍTICAS DE DOMINACIÓN que emplea la clase dominante argentina, su planteo específico es: o república parlamentaria (que no es lo mismo que democracia...) o bonapartismo militar.

 

¿De dónde extrajo Santucho esta hipótesis? Obviamente su inspiración inmediata es el Che Guevara, pero en su formulación más general, la extrae de un libro de Carlos Marx. Por eso habíamos dicho la otra vez que para entender a fondo al Che, además hay que estudiar al mismo tiempo a Marx. Nosotros creemos que para entender a fondo a Santucho y sus planteos políticos, también hay que estudiar a Marx.

 

Marx escribió entre diciembre de 1851 y marzo de 1852 un pequeño librito (brillante, realmente vale la pena leerlo...) titulado “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. Allí Marx propone una hipótesis política: en Francia, luego de la derrota de la revolución de 1848, un dictador da un golpe de Estado y se queda dos décadas al frente del gobierno francés. Este dictador era un personaje secundario rodeado de lúmpenes que gracias al liderazgo del ejército se convierte en determinado momento de Francia en una especie de “árbitro” de los conflictos sociales. Una especie de “juez equidistante”, que viene a solucionar y a moderar los conflictos. Entonces, como este personaje - que Marx detestaba - se llamaba Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón) la tradición marxista, empezando por Marx y de ahí en adelante, convirtió en categoría teórica ese análisis político y lo transformó en el concepto de “bonapartismo”. 

 

Este concepto teórico es muy útil. Porque muchos de los problemas que intenta resolver y explicar vuelven a suceder hoy en día. Pensemos en la figura pretendidamente “mítica” del coronel Seineldín [militar genocida carapintada, instructor en las escuelas de contrainsurgencia en Centroamérica, reivindicado actualmente por algunos grupos nacionalistas en Argentina], que está, supuestamente, “más allá de los conflictos” y que vendría a resolver esta necesidad de la “figura fuerte y con carisma”... Otra vez nos encontramos con el reclamo de un papel que debería - supuestamente - cumplir el ejército... que vendría a “poner orden”, a “mediar entre las partes en pugna”...

 

Esta situación está presente en la situación argentina de hoy. Ese tipo de reclamos vuelve a resurgir en importantes sectores del movimiento popular también, fuertemente trabajados por el populismo nacionalista.

 

En su análisis de Luis Bonaparte y de la situación francesa de aquel período, Marx plantea elementos fundamentales de su teoría política. Entre muchas otras cosas allí sugiere que la lucha de clases nunca se da entre clases homogéneas, como por momentos sugiere “El Manifiesto del Partido Comunista” [1848]. En realidad, en una formación social concreta, las clases se fraccionan en la lucha, se realizan alianzas entre ellas y se establecen formas de representación política cambiantes según la coyuntura.

 

Por otra parte, en “El 18 Brumario” Marx plantea que la mejor forma de dominación política de la burguesía es “la república parlamentaria”. Para Marx república parlamentaria no es sinónimo de democracia, como nos quiere hacer creer el liberalismo. La república parlamentaria no garantiza “la libertad” sino que constituye una FORMA DE DOMINACIÓN. A diferencia de la monarquía o de la dictadura militar (donde un solo sector de la burguesía domina) en la república parlamentaria es el conjunto de la burguesía el que domina a través del Estado. Digamos que, según Marx, la república parlamentaria licúa los intereses particulares de las distintas fracciones de la burguesía, alcanzando una especie de “promedio” de todos los intereses de la clase dominante en su conjunto y, de este modo, logra una DOMINACIÓN POLÍTICA GENERAL, esto es: anónima, impersonal y burocrática.

 

En “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” Marx también agrega que cuando la situación política “se desborda” por la indisciplina y la rebelión popular, la vieja maquinaria republicana (con sus partidos, su Parlamento, sus jueces, su prensa “independiente”, etc.) ya no alcanza para mantener la dominación. En esos momentos de crisis aguda, los viejos partidos políticos de la burguesía ya no representan a esa clase social. Quedan como “flotando en el aire” y girando en el vacío. Entonces emerge otro tipo de liderazgo político para representar a la clase dominante: la burguesía deja de estar representada por los liberales, los constitucionalistas o los republicanos y pasa a estar representada por el Ejército y las Fuerzas Armadas que, de este modo, se constituyen en “El Partido del Orden”. El Ejército entonces aparece en la arena política como si...fuera a equilibrar la situación catastrófica, pero en realidad...viene a garantizar la reproducción de la DOMINACIÓN POLÍTICA de la burguesía.

 

Mario Roberto Santucho se apropia de este análisis político de Marx y trata de utilizarlo para comprender la compleja historia política de nuestro país y también la situación argentina de los años ‘70.

 

Podemos empezar destacando el modo cómo Santucho analiza a ese gran protagonista de nuestra historia política: las Fuerzas Armadas. ¿Que dice Robi de las Fuerzas Armadas?

 

Pues que son un Partido Militar. Esto es muy, pero muy, importante. En ningún momento Santucho sostiene que son simplemente un grupo de “tira-tiros”. ¡NO!, las Fuerzas Armadas son... un partido político. Un partido que viene a reemplazar al clásico partido político burgués, por definición. Esta hipótesis sociológica e historiográfica ya está presente en los escritos de Silvio Frondizi, en los de Abelardo Ramos, etc. (aunque en Frondizi y en Ramos esa misma hipótesis juega un papel explicativo diametralmente opuesto entre sí).

 

Roberto Santucho se hace cargo de esa hipótesis y plantea que en la Argentina las Fuerzas Armadas vienen a reemplazar ese partido burgués ausente..., porque el partido burgués en Argentina no puede dar cuenta de la situación política..., y entonces Robi analiza al peronismo como... “bonapartismo”.

 

Pensemos bien la diferencia: sostener que el peronismo es bonapartismo (el peronismo histórico de 1945 en adelante..., no el de Menem), es algo muy diferente a lo que planteaba, por ejemplo, Victorio Codovilla [líder histórico del Partido Comunista Argentino desde 1928 hasta su muerte en 1970]. Codovilla decía: “el peronismo es fascismo”, en un folleto del año 1946 titulado “Batir al Nazi-Peronismo”.

 

Robi Santucho tiene una visión un poco distinta, mucho más matizada, por eso decía que no cae en ese “gorilismo de izquierda”, pero... tampoco acepta las posiciones de Rodolfo Puiggrós [historiador comunista que se hace peronista en la segunda mitad de los años ’40 y que luego se convertirá en  uno de los principales intelectuales de la izquierda peronista durante los ’60 y ‘70] , o de Abelardo Ramos [uno de los principales intelectuales - de origen trotskista - que adhieren al peronismo constituyendo la corriente política e historiográfica autobautizada como “izquierda nacional”], y otros. ¿Qué decían Puiggrós, Ramos, Hernández Arregui y otros ensayistas peronistas? Pues que “el peronismo es «LA Revolución» en la Argentina”.

 

Entonces, según el análisis de Santucho...el peronismo no es ni revolución, ni nazismo, sino... bonapartismo. Es decir: una figura militar fuerte, que aparece como “árbitro” entre las clases sociales y que viene a “poner orden”...aunque, siempre en última instancia, termina poniendo orden...para el mismo lado. Para la derecha, para la burguesía.

 

Antonio Gramsci, que - según me parece - no aparece explícitamente en estos análisis de Santucho, para explicar los mismos fenómenos de crisis económica y política, pensando en situaciones donde las clases sociales se separan de sus viejos partidos políticos y a la burguesía comienza a representarla el Partido Militar, utilizaba una categoría emparentada con la de “bonapartismo”. Gramsci empleaba el concepto de “cesarismo”.

 

Aunque en Marx la categoría de “bonapartismo” siempre tiene un contenido negativo. Mientras que para Gramsci puede haber un “cesarismo” progresivo o regresivo, según contribuya a hacer avanzar o no a los sectores populares en las relaciones de fuerzas. A diferencia de Marx, León Trotsky, en su exilio mexicano, utiliza en el mismo horizonte de Gramsci esta visión donde puede haber un “bonapartismo progresivo” o “regresivo”, según contribuya o no a la lucha de clases. Explícitamente Trotsky utiliza la categoría de “bonapartismo progresivo” para referirse al gobierno populista de Lázaro Cárdenas [presidente de México a fines de los años ‘30], ya que a pesar de ser un gobierno burgués, para enfrentar al imperialismo y nacionalizar el petróleo mexicano, Cárdenas se apoya en los sectores populares y en la clase obrera mexicana. Abelardo Ramos apela a este análisis de Trotsky para caracterizar como “bonapartismo” al peronismo en un sentido positivo y apologético, mientras que Silvio Frondizi - mucho más afín al análisis de Marx -emplea el término en su significado negativo, para cuestionar el carácter supuestamente “progresista” de la burguesía nacional argentina y del peronismo.

 

Mario Roberto Santucho utiliza la categoría de “bonapartismo” en la misma perspectiva de Silvio Frondizi, con un fuerte contenido crítico, y recurriendo a un tipo de análisis político que bebe directamente en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. Pero no sólo lo emplea para explicar la aparición del peronismo histórico - el del primer peronismo de la década del ’40 - sino también para describir la emergencia recurrente de los militares argentinos a lo largo de toda nuestra historia como el “Partido del Orden”, en tanto Partido Militar, es decir, en tanto auténtico partido político de la burguesía argentina.

 

Todo esto vale para el análisis de Santucho sobre qué sucede con el bloque político y social de “los de arriba”...

 

Ahora bien, ¿qué pasa con “los de abajo”?

 

Al mirar el capitalismo “desde abajo”, desde su clases explotadas, Robi recorre la historia del movimiento obrero argentino y plantea los orígenes del movimiento obrero clasista en nuestro país, identificando tres corrientes: el anarquismo, que fue la más importante, el socialismo y el comunismo. Santucho y el PRT se hacen cargo de la tradición comunista. Es decir que Robi reivindica al comunismo hasta un determinado período de la historia, a partir de ahí el comunismo pierde la hegemonía sobre el movimiento obrero local, desdibuja su política revolucionaria, diluye su clasismo y aparece en el seno de las clases subalternas este fenómeno político que todavía nos marca hoy en día, que es el peronismo.

 

Entonces, a partir de ahí, Santucho sostiene cuáles son los dos desafíos del movimiento popular - a mí, personalmente, me parece que este desafío sigue pendiente hoy, en 2002, aunque presente en nuestra época nuevos ropajes, nuevos personajes y nuevos escenarios -:

 

a)       Por un lado, el populismo (Santucho también lo denomina “nacionalismo burgués”, que consiste en confundir a toda la Nación como si fuera parte del pueblo, meter a la burguesía nacional como parte del pueblo, y pensar que el enemigo está solo fuera del país),

b)       Por otro lado, el reformismo (Robi lo encuentra y lo identifica principalmente en el partido comunista, así como el principal exponente del populismo, dentro del campo popular, eran en su opinión de aquel momento, los Montoneros).

 

Aquí se torna importante pensar y reflexionar en qué medida este movimiento pendular de diversas formas políticas con que se ejerce la dominación política en nuestro país (república parlamentaria o bonapartismo militar), para explicar el comportamiento de las clases dominantes; y este desafío (el de las variadas y renovadas formas del populismo y/o el reformismo) para la experiencia y la conciencia política de las clases populares, explotadas y subalternas, sigue o no vigente en la actualidad. Eso hay que discutirlo a fondo.

 

Para nosotros, esta situación no se ha cancelado en el pasado. Adquiriendo nuevas modalidades y ritmos diferentes, insertas ambas en el ciclo de la actual mundialización del capital, sigue existiendo en nuestra sociedad la posibilidad latente de que a la agonizante república parlamentaria -¡qué se vayan todos!, mediante- la suceda una nueva forma de bonapartismo militar. Esa posibilidad no está sepultada, depende de la relación de fuerzas y de la iniciativa de los piqueteros, de los obreros que ocupan fábricas, de los asambleístas y de diversos sectores movilizados. Por otra parte, dentro del campo popular, vuelven a aparecer los intentos reformistas y/o populistas para encauzar la rebelión popular dentro de los moldes del sistema.

 

Por eso, como conclusión, pensamos que el mejor homenaje que hoy le podemos hacer a Robi Santucho es intentar continuar ese tipo de mirada sobre nuestro país, ese tipo de análisis y de intervención política para que su figura no se convierta en nuevo mito inoperante, vacío, hueco, fantasmal.

 

Al rescatar para nuestro presente la figura de Santucho, no podemos volver a cometer los errores en los que cayó Regis Debray cuando torpemente pretendió esquematizar la revolución cubana subestimando la política. De la misma manera, no podemos caer en la tentación de esquematizar la vida y la praxis de Robi Santucho convirtiéndolo en una caricatura de lo que realmente fue, en un “tira-bombas” irracional, demente, foquista y tristemente aventurero, como sostiene la derecha.

 

Si bien la historia nunca se repite, creemos que muchos de sus análisis siguen siendo útiles para ubicarnos y para actuar en la movediza y cambiante situación política actual. Para nosotros Robi no es un “cadáver prestigioso”. No, por el contrario, es alguien cuyo pensamiento y cuyo ejemplo están vivos y nos son muy, pero muy útiles, en el presente.

 

Quedaría para otra oportunidad analizar la política cultural de Santucho y del PRT, que la tuvieron, con tensiones, pero la tuvieron... aun cuando muchas veces se desconoce. Aunque lo hemos hecho en algún trabajo [“Mario Roberto Santucho: Del intelectual orgánico al cuadro combatiente”. En De Ingenieros al Che. Bs.As., Biblos, 2000. p.275-288], hoy ya no queda tiempo.

 

Pero no quería terminar sin dejar de remarcar el eje que - desde nuestra humilde opinión -  vertebra toda la vida, todo el pensamiento y toda la praxis del Che Guevara, de Robi Santucho y de los y las guevaristas de Argentina que dieron su vida por la revolución socialista latinoamericana y mundial.

 

Esto es: que la lucha político-militar y el enfrentamiento material con el enemigo – inevitables en algún momento del proceso revolucionario, si es que no somos ingenuos y creemos que la burguesía nos va a ceder graciosamente el poder - están siempre mediados, es más, están siempre precedidos, por un ANÁLISIS POLÍTICO y por un estudio riguroso de nuestro país y de nuestro continente. Esta es la principal conclusión que las nuevas generaciones no debemos nunca olvidar ni perder de vista. ¡La política es lo que define el pensamiento revolucionario de Santucho y el pensamiento del Che!.

 

Muchas gracias. Le damos entonces la palabra al compañero Daniel De Santis.

 

 

Daniel De Santis:

 

Cuando los compañeros Claudia y Néstor me invitaron a participar de esta clase, me entusiasmó mucho el carácter de la invitación, ya que era a reflexionar, a debatir acerca del pensamiento de Mario Roberto Santucho y de la experiencia del PRT, de esta expresión del guevarismo, acá, en la Argentina. Esto me puso muy contento, y lo que voy a decir ahora es un elogio, pero por favor no lo tomen como una cuestión de compromiso.

 

Cuando, con motivo de la preparación de esta clase, estaba repasando algunos trabajos hechos por compañeros de militancia del Partido, algunos muy famosos como “Todo o Nada” [María Seoane: Todo o Nada. La historia secreta y la historia pública del jefe guerrillero Mario Roberto Santucho. Buenos Aires, Planeta, 1993], u “Hombres y mujeres del PRT-ERP” [Luis Mattini: Hombres y mujeres del PRT-ERP. Buenos Aires, Contrapunto,1990. Segunda edición ampliada y publicada con subtítulo: De Tucumán a La Tablada. Buenos Aires, Campana de Palo, 1995], me sorprendí ante la falta de fidelidad con los hechos históricos, la falta de fidelidad con las ideas, con los principios del PRT... realmente es sorprendente que compañeros que hayan militado en la misma organización que militamos nosotros, estén dispuestos a rendir un tributo tan grande al enemigo de clase, para poder encontrar un lugar a la sombra del sistema capitalista.

 

El elogio es el siguiente: la intervención que hizo Néstor es, desde mi punto de vista, exacta, brillante, correcta, y esto me pone doblemente contento porque hasta ahora, ¿uno con qué se encontraba?

 

Se encontraba con que tenía que salir a desmentir a los mentirosos o desmemoriados, a los tergiversadores, a rescatar la verdadera realidad histórica, tanto práctica como teórica, lo que dejaba poco margen para una serena reflexión. Un poco el origen de este trabajo [A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Selección e Introducción de Daniel de Santis. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires-EUDEBA, 1998 (Tomo I) y 2000 (Tomo II)] fue el salir al cruce de esto. Porque antes de que volvieran a salir estos documentos, uno conocía cinco o seis trabajos acerca de nuestra historia, ninguno de los cuales, para mí, reflejaban la realidad. Entonces se me presentó la disyuntiva de escribir un libro (no soy escritor ni historiador) lo que iba a ser un trabajo muy grande, y en el mejor de los casos que me saliera bien iba a ser una versión más, la sexta o séptima. Entonces en lugar de escribir una historia sobre el PRT, preferí que hablaran los documentos directamente.

 

Luego aparecieron los trabajos de Pablo Pozzi  [Pablo Pozzi y Alejandro Schneider: Los “setentistas”. Izquierda y clase obrera (1969-1976). Bs.As., EUDEBA, 2000 y Pablo Pozzi: “Por las sendas argentinas...” El PRT-ERP. La guerrilla marxista. Buenos Aires, EUDEBA, 2001] que están en concordancia con la realidad.

 

Bueno, al principio no fue fácil hacerlo, porque hubo que conseguir los documentos. Llevó tiempo hacerlo. Después ya fue más fácil, porque para un compañero que fue militante del partido no era tan difícil hilvanar histórica y lógicamente estos documentos que había leído “en caliente”, en la práctica; que había estudiado, que había sido protagonista de esto. Entonces esto no fue muy difícil para mí, pero creo que para un historiador hubiese sido un trabajo muy difícil, y algunas cosas, quizás, no las podría haber hecho.

 

Porque para recopilar los documentos no me basé solamente en la cuestión de análisis histórico o cuestiones lógicas sino que además de eso me basé en vivencias personales, en anécdotas, entonces un hecho que era contado en la vida interna del partido, aunque yo no lo hubiese vivido, sabía que había hecho historia.

 

Por ejemplo los diputados obreros al parlamento capitalista del año ’65, era una historia que se contaba en los ’70, entonces esto para mí era importante. O el celo que puse en encontrar las Cuatro tesis sobre el norte argentino, mítico documento que nunca habíamos visto pero al que se lo mencionaba. O la actuación de la Coordinadora de las Comisiones de Resistencia de Villas y Barrios en la huelga petrolera del ’66, o el artículo donde se informa del asesinato de un compañero con el que había militado en una agrupación estudiantil ligada al Partido, el revolucionario internacionalista Gerardo Alter, caído en Uruguay integrando la organización hermana Tupamaros y otras cosas que a uno le vienen producto de la práctica.

 

Por ejemplo, hay un artículo de El Combatiente [periódico del Partido Revolucionario de los Trabajadores] que, tal vez, hubiese pasado desapercibido para un historiador, que es cuando se constituye el Cuerpo de Delegados de todos los trabajadores mecánicos de Córdoba. Es un artículo cortito, sindical podría ser. Pero esta organización, el cuerpo de delegados de un sector de la industria es una organización terriblemente poderosa, tan poderosa era que fue el eje de las movilizaciones de la clase obrera cordobesa a partir del año ’73 que fue cuando se constituyó este cuerpo de delegados.

 

En Tucumán, el Congreso de Delegados Seccionales de la FOTIA (Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera) tenía la misma característica y había sido el eje organizativo de las luchas, durante años, del proletariado azucarero.

 

Entonces, para volver a lo que decía al principio, la invitación a esta Cátedra nos pone en un compromiso nuevo: que además de rescatar le verdad histórica ahora tenemos que elevar el análisis político.

 

Y esto es lo que yo me he propuesto. ¿Por qué? Porque creo que la historia y práctica  del PRT, (y de Santucho como su principal dirigente y teórico) fue la expresión más alta del desarrollo del marxismo revolucionario (Marxismo-Leninismo) y lo que es su sinónimo, el guevarismo en la Argentina. Creo que las luchas que se desarrollen en la actualidad y en adelante, tienen que establecer un vínculo, una continuidad. Los militantes que participen en ellas tienen que conocer, estudiar y nutrirse de esta historia.

 

Pero para hacerlo, el primer paso es conocer la verdad de esta historia. Acá hemos dado un paso importantísimo, estamos planteando la verdadera historia, entonces ahora podemos reflexionar, hasta me animaría a reflexionar autocríticamente en este marco. Porque hasta ahora, uno ha tenido que jugar el papel antipático, soberbio y pedante de decir “yo no me autocritico de nada”.

 

Pero hay que rescatar a la autocrítica como una herramienta revolucionaria para corregir los errores, y luego volver a la práctica con mayor acierto para transformar revolucionariamente la sociedad.

 

Esta herramienta de la autocrítica, ha sido desnaturalizada, la han transformado en otra cosa que ni siquiera es, porque en una época se decía que era el golpearse el pecho del “yo, pecador” cristiano.

 

Esto es peor todavía, esto se ha transformado en la rendición, en el levantamiento cotidiano de la bandera blanca de rendición ante el enemigo de clase. 

 

Entonces hay que dejar de lado esta forma culposa de autocrítica, y no encontrar elementos de soberbia en esta desesperada búsqueda para recuperar las herramientas revolucionarias que nos ha arrebatado el enemigo de clase.

 

Entonces, el punto de partida que tomaba es “no nos arrepentimos de haber luchado”. Vuelvo a repetir, en esta clase de hoy me permitiría empezar a ser autocrítico, porque estamos planteando el tema en otro nivel, en un nuevo nivel en el que hasta ahora no había tenido la suerte de participar.

 

Cuando se unifican el Frente Revolucionario Indamericanista Popular (FRIP) y Palabra Obrera a principios de 1965 (el 31 de enero queda constituido el Partido Unificado de la Revolución), se le pone el nombre de Partido Revolucionario de los Trabajadores y se realiza el primer Congreso el 25 de Mayo, fecha patria que tenía que ver con la concepción política, el FRIP se había fundado... el 9 de Julio de 1961 [El 25 de mayo de 1810 se produce en Buenos Aires la revolución de mayo y la constitución de la Primera Junta, el primero gobierno patrio; el 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán  declara la independencia frente a España].

 

Se funda el PRT con la idea de formar un partido revolucionario que asuma las tareas pendientes de la revolución en nuestro país. Una de ellas, muy importante, era la cuestión de la lucha armada, que se planteaba ya en ese momento por el influjo del castrismo, como se lo denominaba en aquel momento. Ahora decimos guevarismo ya que cae más simpático, la burguesía nos permite hablar más de guevarismo que de castrismo, pero bueno, nosotros siempre sostuvimos que son sinónimos, que nunca hubo diferencias, que siempre fue la misma concepción revolucionaria surgida a raíz de la Revolución Cubana.

 

Hasta que llegamos al año ’68 donde comienza a plantearse ya con profundidad una diferencia dentro del PRT, acerca del comienzo de la preparación de la lucha armada. En el año ’66 se había producido un golpe militar, el del general Onganía y la cuestión del enfrentamiento a la dictadura estaba a la orden del día.

 

Los obreros azucareros habían desarrollado importantes luchas, en las cuales el PRT había tenido destacada participación. Luchas de características parecidas a las que estamos viviendo en estos días, con la diferencia que en vez de ser sectores de trabajadores desocupados eran obreros de los ingenios. Huelgas con cortes de ruta, con enfrentamientos con la represión. Los militantes del PRT comenzaban a utilizar clavos “miguelito” (de tres puntas, para que quede una siempre para arriba), bombas “Molotov”, y dentro de las filas del PRT, fueron los obreros azucareros de Tucumán los que llegaron a la dirección de la Regional Tucumán del Partido planteando que era necesario darse nuevas formas de organización, porque veían que se había producido el cierre de los ingenios y que eran superados por las fuerzas represivas que tenían mayor capacidad técnica y organizativa.

 

Por lo tanto cuando se realizó el Cuarto Congreso del PRT, este tema fue más importante, al punto que las resoluciones del Congreso, desde el primer renglón, comienzan el prólogo diciendo que:

“Nada estuvo más alejado de las preocupaciones de los «marxistas» argentinos –hasta el presente- que el problema del poder y la lucha armada. . .”.

 

Este es el punto fundamental que va a diferenciar, desde su nacimiento y durante toda su trayectoria, al PRT y a Santucho del resto de la izquierda, tanto tradicional como de la nueva izquierda.

 

Porque si bien el PRT siempre fue un partido de izquierda, a la palabra “izquierda” no la sentíamos que fuera la que más nos representara. Nosotros preferíamos llamarnos revolucionarios, marxistas-leninistas, socialistas, comunistas, guevaristas, pero izquierda no nos gustaba mucho, porque no nos sentíamos identificados con las concepciones reformistas del resto de la izquierda a la cual obviamente sí pertenecíamos.

 

Entonces, ¿cómo plantea el PRT la cuestión del poder y de la lucha armada?

Plantea la necesidad de construir cuatro herramientas estratégicas.

 

1) Un partido revolucionario definido ideológicamente como marxista-leninista, construido fundamentalmente en la clase obrera industrial. Ésta es una cuestión también que habría que hacer alguna matización, porque en el afán de criticar al PRT se ha dicho que, y se lo ha criticado tanto porque, no le daba suficiente importancia al proletariado industrial; o se lo ha criticado también porque rescataba la importancia que tenía el proletariado rural y el campesinado. Es cierto que hubo una evolución en la concepción de Santucho alrededor del papel de los distintos sectores que componían el proletariado argentino y esto ha quedado registrado en los documentos partidarios. A principios de 1964 se editó un documento escrito a fines del 63’, que aparece en el primer tomo del libro [A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Obra citada] que se llama “El proletariado rural detonante de la Revolución Argentina”. Este es un documento del FRIP, escrito por Mario Roberto.

 

A principios del ‘63 el FRIP había publicado otro documento escrito por Francisco René Santucho, acerca de la Lucha de los Pueblos Indoamericanos subtitulado Antiimperialismo e Integración y un año después, como ya dijimos, aparece el documento escrito por Mario Roberto. Lo que nos han contado los compañeros es que, como bien dijo Néstor, Mario Roberto fue influido y formado fundamentalmente por Francisco René, un hermano algunos años mayor, que tenía su formación más en el nacionalismo. Que había evolucionado hacia posiciones más avanzadas, bajo la influencia del APRA de Haya de la Torre y no le era indiferente la influencia de la Revolución Cubana.

 

Pero cuando Santucho se casa y viaja por América  Latina, va hasta EEUU y finalmente tiene la oportunidad de asistir en Cuba a la Segunda Declaración de la Habana, cuando es proclamado el carácter socialista de la Revolución. Esta experiencia lo impactó y cuando volvió a la Argentina en el año ’62, comenzó un debate teórico con su hermano mayor y mentor Francisco René. Por características personales y convicción, lo que cuentan es que en este debate familiar se impuso la concepción de Mario Roberto, y el FRIP va evolucionando desde una visión indoamericanista hacia una visión marxista-leninista.

 

Y la expresión de este viraje inicial hacia el marxismo-leninismo es este documento que hace mención al proletariado rural como factor detonante de la revolución en la Argentina. Ahí, en ese documento, se plantea con absoluta claridad el carácter de Argentina como un país semicolonial, seudo-industrializado. Esta es una caracterización que se diferenciaba bastante de otras que realizaban algunos sectores de la izquierda.

 

Uds. habrán sentido hablar de los procesos de “sustitución de importaciones” [tesis de historiografía económica que postula que la Argentina cambia su modelo económico a partir de 1930 y comienza a sustituir importaciones a partir de una elaboración industrial propia]. Esto, algunos sectores de la izquierda, lo veían como un desarrollo económico, a partir de la burguesía industrial argentina, con contradicciones con el imperialismo.

 

En cambio aquí Santucho, plantea que en la Argentina hay una  seudo-industrialización, que es una industrialización impulsada por el mismo imperialismo en mucho de los países atrasados de América Latina y el Tercer Mundo. En esto hay una coincidencia total con el planteo surgido a partir de la Revolución Cubana y que lo expresa claramente el Che en el documento “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, cuando dice que: “... las burguesías nacionales autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo” y aclara “si alguna vez lo tuvieron y sólo forman su furgón de cola”, y finaliza en forma contundente “no hay más cambios que hacer: o Revolución Socialista o caricatura de Revolución”.

 

Bueno, este planteo es asumido por Santucho ya a principios de 1964. Plantea también, claramente, el carácter no revolucionario de la burguesía nacional. Yo creo que en este primer documento es donde con más claridad está definido el concepto de burguesía nacional.

 

Al concepto de burguesía nacional lo plantea como la burguesía de un país, de la burguesía nacional argentina. Esa burguesía nacional está integrada por distintos sectores, los sectores más concentrados de la economía o sea la burguesía monopolista y, otros sectores medios. Plantea que la burguesía nacional es un aliado estratégico del  imperialismo y que realiza su ganancia capitalista, como clase burguesa, en esa alianza con el imperialismo. Y dice Santucho que en determinados momentos de la lucha los sectores pequeños, y aún medianos, de la burguesía pueden llegar a ser acaudillados por la clase obrera  y otros sectores populares en el desarrollo de la lucha revolucionaria. Pero en ningún momento habla de una burguesía nacional antiimperialista

 

Este es un concepto fundamental para aclarar, porque acá hay un contrabando ideológico del populismo, del reformismo, de las distintas corrientes no revolucionarias, tanto del peronismo como de la izquierda. Se ha inventado un concepto de “burguesía nacional antiimperialista” con la cual la clase obrera debería hacer una alianza estratégica en la lucha contra el imperialismo.

 

Esta concepción planteada por el PRT, por Santucho, por Silvio Frondizi, Milcíades Peña, era una concepción minoritaria dentro de la izquierda argentina, pero que empieza a tomar  cuerpo político a través del desarrollo del PRT como organización.

 

Volviendo al tema de los distintos sectores de la clase obrera, que no terminé de aclarar. Santucho, al principio sí, plantea al proletariado rural como detonante de la revolución argentina, pero ya en 1968 y todavía más claramente a partir de 1970 plantea teóricamente e impulsa prácticamente, lo que es mucho más importante, que el proletariado industrial es la vanguardia de la clase obrera y el pueblo argentino. Yo he leído en estos días -30 años después- que se le atribuye a Santucho que tenía una visión ruralista y que despreciaba a la clase obrera industrial...

 

Esto es absolutamente falso, una mentira total, acá no hay equivocación, no hay confusión, esto está dicho deliberadamente para opacar la figura de Santucho. Los que hemos sido militantes del PRT sabemos que no es así, nos hemos formado en otra cosa y hemos practicado otra cosa. Lo que ocurre que Santucho era santiagueño; estudió en Tucumán, la clase obrera azucarera, era el sector más explosivo, más combativo de la clase obrera argentina en el primer lustro de la década del ’60, producto de la crisis de la industria azucarera.

Y obviamente que Santucho se basaba en la práctica, en la experiencia, veía esto, y en realidad estaba en lo cierto ya que el proletariado rural y el proletariado industrial azucarero fueron el detonante que llevó a que el PRT, como destacamento de vanguardia de la clase obrera, se transformara en partido revolucionario marxista-leninista. O sea que en esto tampoco se equivocó.

 

Posteriormente se va a vivir a Córdoba, conoce la clase obrera industrial de esta provincia y va cambiando (ya desde antes) y esto está registrado claramente, tanto en el Cuarto Congreso del año 68 como en el Quinto Congreso del año ’70. Estamos hablando de su visión acerca del papel dirigente del proletariado industrial por su concentración, por su número, por su nivel cultural, por su dinamismo, por su elevado nivel de politización y de tradición de lucha.

 

Otro aporte importante que hace Santucho y el PRT es la caracterización de la situación en la Argentina a partir del año ’66 cuando afirma que en nuestro país existía una situación pre-revolucionaria a partir del análisis de las condiciones objetivas:

 

La crisis estructural del capitalismo argentino, la existencia de una clase revolucionaria, la clase obrera industrial, que tenía la fuerza como para jugar un papel dirigente en un proceso revolucionario, y que la burguesía no daba salida a las clases intermedias dentro del modelo de acumulación capitalista en ese período.

 

Hay un elemento en el terreno subjetivo que a mí me gustaría ponerlo en la cuestión del debate. Yo veo que, en la actualidad, por un lado existe un auge de las luchas populares y que la crisis del capitalismo argentino es mucho más aguda ahora que en aquel momento, pero que aún no se dan todas las condiciones como para caracterizar la situación de pre-revolucionaria basándonos solamente en las condiciones objetivas. Pienso que estamos asistiendo a un auge de la lucha democrática en contra de la democracia burguesa, pero que no se ha producido un cambio en la conciencia como para que florezcan organizaciones que se planteen el cambio revolucionario.

 

Hay un elemento subjetivo (en el plano de la conciencia) que analiza este documento del Cuarto Congreso del año ’68. Allí se afirma que hay un retroceso después del golpe de Onganía. Las derrotas de las huelgas que enfrentaron a la dictadura como las azucareras, la de los portuarios, y el levantamiento del Plan de Acción de la CGT, liderada por [Augusto Timoteo] Vandor, el 9 de marzo de 1967, son hechos importantes que van a marcar un retroceso. Y el Cuarto Congreso se pregunta qué sentido tiene el actual retroceso de nuestra clase obrera, y se responde que ese retroceso es transitorio y que cuando se salga de esa situación de retroceso, se va a salir con un nuevo auge, pero con características distintas a los vividos en los últimos 25 años. Porque dentro de los sectores más activos de la clase obrera comenzaban a desarrollarse elementos de la ideología socialista. Yo creo que esta cuestión, que no aparece en los análisis de los estudiosos del PRT, fue uno de los grandes aciertos del Partido y de Santucho.

 

A mí me parece que este análisis, sumado al de las condiciones objetivas y que al retroceso le seguiría un auge de características revolucionarias, en el que se incluía la revolución ideológica en la vanguardia obrera, son todas cosas que van a quedar en evidencia después del año ’69. Ese análisis es el que va a armar políticamente al PRT para poder capitalizar orgánicamente las luchas que se sucedieron a partir del Cordobazo. Si bien el Cordobazo y el Rosariazo [rebeliones populares que se producen en Argentina en 1969, bajo la dictadura militar del general Ongañía] son movimientos con características insureccionales, y en esa época hay partidos que tienen una concepción insurreccionalista mientras el PRT tiene una concepción de guerra popular y prolongada, aparentemente... los planteos insurreccionalistas estarían mejor ubicados. Pero no fue así y no lo fue porque el PRT se preparaba para un esfuerzo prolongado de lucha revolucionaria en el que tenían cabida la posibilidad de las insurrecciones parciales.

 

¿Por qué logra el PRT hacer esto? Porque es el que se preparó orgánica e ideológicamente, para ese esfuerzo revolucionario y, además, porque la concepción del PRT no era unilateral como se la quiere presentar. Porque si bien era una concepción de guerra popular y prolongada no desechaba, ni mucho menos, sino que integraba en ella a todas las formas de lucha, desde la guerrilla como vehículo de la constitución de fuerzas militares regulares, pasando por la movilización de masas y la participación electoral, integraba, como dijimos, a las insurreciones parciales hasta desembocar en la insurrección general de todo el pueblo encabezado por el proletariado industrial y su vanguardia, el partido revolucionario de la clase obrera.

 

2) El otro elemento estratégico que plantea Santucho y el PRT es la construcción de un ejército del pueblo, con un carácter más amplio que el partido, para poder incorporar a la lucha revolucionaria no solamente a los elementos de vanguardia con definición ideológica marxista-leninista, sino a todos aquellos compañeros dispuestos a la lucha en contra del imperialismo, en contra de la explotación, independientemente de su filiación ideológica y aún de su filiación política, que en el proceso de la lucha se fueran radicalizando.

Este ejército del pueblo tenía como función poder librar combates de aniquilamiento de las fuerzas militares enemigas. Tanto del ejército argentino, como de las tropas del imperialismo norteamericano, cuya intervención se preveía en momentos avanzados de la lucha. También sería la fuerza material necesaria para sostener el desarrollo del poder local y de las insurrecciones parciales.

 

3) Un tercer instrumento necesario para el triunfo de la revolución era la construcción de un frente de liberación nacional y social, que tenía como base los aliados estratégicos de la revolución, que el PRT caracterizaba que eran, obviamente la clase obrera, aliada con la pequeña burguesía urbana en las ciudades y con el campesinado pobre en el nordeste y noroeste del país. Se planteaba que en determinado momento de la lucha esta alianza básica se podía unir a otros sectores de la pequeña burguesía y de la burguesía media, teniendo en cuenta las características de la lucha en cada momento, del enemigo que había que enfrentar y de cómo se presentaba el enemigo. Así el PRT impulsó primero el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) y a partir de mediados de 1974 un frente antiimperialista democrático y patriótico, y luego del golpe del 24 de marzo de 1976 un frente antifascista pero sin perder, ninguno de estos frentes, las características de los anteriores y planteando claramente, en ellos, la hegemonía del proletariado.

 

4) Y la cuarta herramienta estratégica era el internacionalismo proletario. En esto también el PRT fue consecuente con sus planteos. Nació como miembro oficial de la Cuarta Internacional trotskysta, progresivamente con su desarrollo en el movimiento de masas y también con el desarrollo de la lucha armada revolucionaria, comenzaron a surgir diferencias con la corriente hegemónica de la Cuarta Internacional que tenía su sede en Francia. A finales de 1972 y principios de 1973 rompió con la Cuarta Internacional. Consecuente con el internacionalismo, desde 1969, en que un miembro de la dirección del PRT se reunió en Bolivia con Inti Peredo, venía teniendo contactos con los compañeros del MIR chileno, los Tupamaros  de Uruguay y con los del ELN de Bolivia. Estas cuatro organizaciones inspiradas en el Mensaje a los Pueblos de Guevara dieron nacimientos a mediados de 1974 a la Junta de Coordinación Revolucionaria.

 

Bueno, este era apenas el primer punto que pensaba desarrollar, pero dado lo avanzado de la hora me parece que con este primer punto y con el panorama general que previamente desarrolló Néstor, podemos dar como terminada la presentación del tema.

 

Muchas gracias.

 

APÉNDICE

 

[El siguiente texto de Santucho, sumamente difícil de conseguir, ha sido generosamente cedido a la Cátedra Che Guevara por Daniel De Santis. Está publicado en su libro A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Selección e Introducción de Daniel de Santis. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires-EUDEBA, 2000. Tomo II, p.275-308].

 

 

Ediciones EL COMBATIENTE, 23 de agosto de 1974

 

PODER BURGUÉS Y PODER REVOLUCIONARIO

 

Mario Roberto Santucho

 

EL PODER DE LA BURGUESÍA

 

La clase obrera y el pueblo argentino han vivido los últimos años riquísimas experiencias políticas que entroncan en la historia de nuestra lucha de clases, y aclaran cristalinamente cuestiones vitales para los intereses nacionales y sociales de las masas trabajadoras argentinas. Reflexionar sobre estas experiencias, observar el comportamiento de las clases enfrentadas, comprender en profundidad las particularidades de nuestra revolución y extraer las conclusiones para guiar la acción correctamente, es una apremiante responsabilidad de los obreros conscientes, de los sectores progresistas y revolucionarios en general, de nuestras más amplias masas trabajadoras.

En el presente folleto intentaremos un sintético análisis de ciertos procesos centrales de nuestra reciente historia política, con el ánimo de contribuir a su comprensión, de aventar la espesa niebla del diversionismo ideológico esparcido por la burguesía y la pequeño-burguesía para ocultar esos aspectos fundamentales, para confundir al pueblo y desviar su lucha.

Después del período de estabilidad capitalista posibilitado por la situación económica internacional vigente durante la Segunda Guerra Mundial, período que finalizó aproximadamente en 1952, las clases dominantes argentinas, acosadas por la persistente y enérgica lucha popular, han utilizado reiteradamente, por turno, dos formas fundamentales de dominación burguesa: la república parlamentaria y el bonapartismo militar.

Es sabido que en la sociedad capitalista una minoría privilegiada de explotadores y burócratas ejerce su dominación de clase sobre la inmensa mayoría del pueblo. Es sabido que en el gobierno se turnan ciertos políticos y ciertos militares, ligados todos de una u otra manera a las grandes empresas, a la oligarquía terrateniente y al imperialismo y ellos mismos grandes empresarios y oligarcas proimperialistas; Frigerio, Alsogaray, Krieger Vasena, Salimei, Lanusse, Gelbard, son algunos entre otros muchos ejemplos. ¿Cómo hacen los burgueses para mantener el control político, es decir, la dictadura de la burguesía? ¿Cómo se las ingenian para impedir que las clases trabajadoras, que son mayoritarias, lleguen al gobierno?

Se sirven de dos sistemas principales, el parlamentarismo y el bonapartismo militar. Ambos sistemas utilizan combinadamente el engaño y la fuerza para mantener la hegemonía de la burguesía. Cuando uno de los sistemas se ha desgastado y las masas muestran de mil formas su activo descontento, los capitalistas, oligarcas e imperialistas recurren hábilmente al otro sistema.

El parlamentarismo es una forma enmascarada de dictadura burguesa. Se basa en la organización de partidos políticos y en el sufragio universal. Aparentemente todo el pueblo elige sus gobernantes. Pero en realidad no es así, porque como todos sabemos las candidaturas son determinadas por el poder del dinero.

Como decía Lenin1: “Decidir una vez cada tantos años qué miembro de las clases dominantes han de reprimir y aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués”2 . Este carácter fraudulento, engañoso, de toda elección y de todo parlamento no quita que la clase obrera deba ingeniarse para dar pasos de avance revolucionario en determinados procesos electorales, no quita que la clase obrera deba ingeniarse para intentar utilizar el parlamento con fines revolucionarios.

Una política revolucionaria debe saber utilizar todo tipo de armas, incluso aquellas que han sido creadas y son usadas con ventaja por la burguesía como el parlamentarismo, para avanzar en la propagandización de las ideas revolucionarias, para avanzar en la movilización de masas, para introducir la crisis, la división y la desorientación en las filas enemigas.

Pero un grave error sería creer que a través de elecciones es posible encontrar algún tipo de soluciones a los problemas de fondo de la clase obrera, del pueblo y de nuestra patria. La burguesía proimperialista argentina desgraciadamente ha conseguido varias veces despertar esperanzas en nuestro pueblo sobre la posibilidad de producir importantes cambios mediante un proceso electoral.

En los países capitalistas relativamente estables como EE.UU., Inglaterra, Alemania, etc., la burguesía mantiene su dominación por la vía parlamentaria. En cambio en países capitalistas de gran inestabilidad económico-social, como la Argentina actual, la burguesía debe recurrir constantemente a recambios.

El bonapartismo militar, la otra forma de dictadura burguesa, muy utilizada por los explotadores argentinos, consiste en asentar abiertamente el gobierno sobre las fuerzas armadas, a quienes se presenta como salvadoras de la nación, encargadas de poner orden, de mediar entre las distintas clases que han llegado a un enfrentamiento agudo; encargadas de imponer la conciliación entre las clases enfrentadas sin beneficiar particularmente a ninguna de ellas, de imponer el “justo medio” en los intereses contrapuestos.

El bonapartismo militar que ha surgido en nuestro país de golpes militares relativamente incruentos ha sido presentado con habilidad como intervenciones de las FF.AA., destinadas a terminar con la corrupción y la injusticia, destinadas a solucionar los problemas del pueblo y a sanear la vida económico-social de la nación.

El exitoso golpe militar del 4 de junio de 1943, coincidente con la coyuntura económica internacional extremadamente favorable, producto de la Guerra Mundial, abrió un período de prosperidad y estabilidad capitalista que permitió importantes concesiones a las masas y sirvió magníficamente a la burguesía para infundir falsas esperanzas en los militares, para difundir entre las masas la teoría contrarrevolucionaria de la fusión pueblo-ejército como fórmula para la revolución nacional antiimperialista y popular. La realidad es que el bonapartismo militar ha sido el sistema más beneficioso para la burguesía y el imperialismo y más perjudicial a los intereses populares y de la nación.

Naturalmente, que entre estos dos sistemas no hay una muralla infranqueable, que ambas formas de dictadura capitalista se entrecruzan y se combinan y que a veces el paso de una a otra se ha dado en forma gradual.

La primera experiencia peronista nacida de un golpe de estado típicamente bonapartista, con la importante característica especial de apoyarse no sólo en las FF.AA., sino también en amplias masas obreras en proceso de sindicalización, pasó gradualmente a formas parlamentarias en el curso de la primera presidencia de Perón.

A partir de 1952, la crisis económico-social comenzó a manifestarse en forma aguda llevando al agotamiento el intento justicialista. La burguesía exigió mayores sacrificios de las masas, exigió al gobierno que ampliara los márgenes de explotación capitalista eliminando las concesiones de la época de bonanzas, y aunque el gobierno intentó satisfacer esas demandas un fuerte sector militar se impacientó, consideró débil e ineficiente al gobierno peronista, y protagonizó el golpe de estado de 1955.

La dictadura “Libertadora” encontró en las masas enorme resistencia armada y no armada, concretada en grandes huelgas obreras y en un incipiente y masivo accionar armado urbano. Resistencia muy difícil de vencer militarmente que llevó a la necesidad de dar paso nuevamente al parlamentarismo en 1957, previo acuerdo de la dictadura con los políticos burgueses que habrían de sucederle, para exterminar en conjunto la resistencia popular. Así subió Frondizi agitando mentirosamente un programa progresista que engañó a amplios sectores de masas, y que naturalmente no cumplió en lo más mínimo desde el gobierno.

Pero nuevamente la presión de las masas fue muy grande. Saliendo rápidamente de la confusión nuestro pueblo intensificó la lucha reivindicativa y política, enfrentó activamente los planes capitalistas de superexplotación, continuó el accionar armado y urbano y agregó una intentona rural, que fue derrotada al no llegar a constituir sólidas unidades, y desbarató el plan frondicista de estabilización política en las elecciones a gobernadores de marzo de 1962 imponiendo en Buenos Aires un gobernador obrero (Framini) que aunque no era revolucionario, resultaba inaceptable para la burguesía en esos momentos.

Nuevamente la burguesía se alarmó. Ante la crisis, consideró que el frondicismo era incapaz de contener a las masas, y se lanzó -con Guido- a un nuevo intento bonapartista completamente inconsistente por la ausencia de líderes y de organización en las fuerzas armadas. Esta debilidad de los militares los obligó a ceder nuevamente terreno al parlamentarismo y se concretaron las elecciones presidenciales de 1964 que llevaron al poder al radicalismo de Illía.

La continuidad e intensificación de la movilización política y reivindicativa de nuestro pueblo, particularmente de la clase obrera, quitó todo margen de maniobra a este gobierno populista, deseoso de hacer algunas concesiones a las masas y dispuesto a dar tímidos pasos progresistas, pero sin herir e irritar a las clases dominantes, cuestión a todas luces irrealizable en las condiciones de profunda crisis económica en que se debatía el país. Ante exigencias de los militares Illía terminó lanzando la represión, sin conformarlos y sin lograr evitar un nuevo golpe bonapartista.

Esta vez los militares habían realizado previamente una profunda reorganización política de la FF.AA. que las consolidó como el principal partido político de la burguesía. Bajo el liderazgo de Onganía apoyado unánimemente por la burguesía, incluido el peronismo y la burocracia sindical, las FF.AA. contrarrevolucionarias presentaron un ambicioso plan “revolucionario” destinado a restituir el orden, aplastar las luchas obreras, garantizar grandes ganancias a las empresas monopolistas y avanzar así a una trascendente modernización de la estructura capitalista que lograra estabilidad y desarrollo.

 

 

LA DICTADURA DE ONGANÍA

 

El golpe militar de Onganía tuvo una particularidad que es muy importante señalar. Fue esencialmente un golpe preventivo, dirigido a cortar en su raíz el vigoroso surgimiento de nuevas fuerzas revolucionarias. Las luchas del proletariado argentino habían alcanzado un elevado nivel. Varios paros generales, miles de ocupaciones de fábricas, constantes manifestaciones callejeras y un nuevo intento guerrillero rural que, aunque fracasado rápidamente fue visto con gran simpatía por el pueblo. Temeroso ante el auge de la lucha de masas y los avances logrados en la conciencia y organización populares, el Partido Militar suprimió todas las libertades democráticas, dictó una bárbara ley anticomunista, lanzó violenta represión contra toda movilización obrera y popular ilegalizando sindicatos, encarcelando dirigentes y activistas, ordenando hacer fuego contra ciertas manifestaciones callejeras. Santiago Pampillón e Hilda Guerrero de Molina fueron los primeros mártires del pueblo caídos bajo las balas asesinas de la Dictadura. Aunque las masas reaccionaron inmediatamente y resistieron activamente las principales medidas antipopulares iniciales de la Dictadura, el enemigo logró victorias tácticas aplastando con métodos de guerra civil las principales huelgas de los primeros meses (estudiantes, azucareros, portuarios). Debido a ello, declinó la movilización de masas a lo largo de 1967 y 1968.

Pero este relativo paréntesis de la lucha popular fue llenado por profundos cambios en la mente y el corazón de nuestro pueblo. Ante la barbarie militar y el estado de indefensión popular, comenzó a cundir entre los argentinos el convencimiento de que a la violencia de los explotadores y opresores había que oponer la justa violencia popular. Este trascendental avance ideológico fue fecundado por la epopeya del Comandante Guevara, vivida como propia por amplios sectores de nuestro pueblo.

Abrumado por la opresión y la explotación y en proceso de despertar político e ideológico, el pueblo argentino acumuló odio a la Dictadura, decisión de luchar con nuevos métodos más contundentes. Todas estas energías contenidas estallaron a lo largo y a lo ancho del país, en una inmensa movilización de masas sin precedentes en nuestra patria, iniciada en Corrientes en mayo del ’69 como respuesta al asesinato del estudiante Cabral. Córdoba, Tucumán, Salta, Rosario, las principales ciudades del país, fueron conmovidas entre mayo y setiembre de 1969 por formidables movilizaciones antidictatoriales de las masas.

Fue el principio del fin del Onganiato. La Dictadura Militar quedó herida de muerte por las movilizaciones del ’69. En junio de 1970 Onganía fue destituído y reemplazado por Levingston. La lucha popular se intensificó; surgió impetuosa la guerrilla urbana, y el virrey Levingston cayó del gobierno tan bruscamente como había ascendido.

A partir del Cordobazo, a partir de mayo de 1969, la lucha antidictatorial del pueblo argentino adquirió considerable fuerza y efectividad. La aparición de la guerrilla urbana en la lucha de clases argentina, como fuerza organizada y efectiva, capaz de golpear con dureza al régimen y sus personeros, dio una nueva tónica a la lucha popular. Comenzó a abrir una estrecha senda hacia el poder obrero y popular, a mostrar la posibilidad de encontrar un camino para escapar al enmarañado cerco construido por la burguesía con engaños y violencias, en el que las clases dominantes han mantenido encerrado a nuestro pueblo durante decenas de años. La llama de la guerra popular como estrategia para la toma del poder, como camino de la revolución nacional y social de los argentinos fue encendida en este período, y aunque débilmente, comenzó a arder ya sin interrupciones. Por primera vez una posibilidad auténtica de avanzar hacia la solución de los gravísimos problemas de nuestra patria y de nuestro pueblo, se presentó ante los ojos de los trabajadores argentinos. Ello llenó de entusiasmo y confianza a las masas y el auge de la lucha popular adquirió una profundidad y firmeza nunca vistas, ante el pánico de la burguesía.

Fue entonces que el partido militar decidió retirarse en orden del escenario político. Al borde de la desesperación los militares colocaron a su mejor hombre en la Presidencia. Lanusse estableció contactos inmediatamente con los políticos burgueses, en primer lugar con radicales y peronistas, y con su asesoramiento, a través de Mor Roig, planificó una hábil estrategia defensiva para retirarse convocando en abril de 1971 al Gran Acuerdo Nacional de la burguesía.

Decía nuestro Partido en abril de 1971:

“El golpe militar que destituyó a Levingston señala los últimos pasos de la Dictadura Militar. La aventura emprendida en 1966 por los militares llega a su término en medio de la más profunda crisis. En el transcurso de los casi cinco años que lleva, el gobierno militar ha sido incapaz de estabilizar la economía burguesa y sus medidas promonopolistas le han valido no sólo el odio de los trabajadores y el pueblo, sino también constantes roces con otros sectores de la burguesía. El estallido popular de Córdoba fue el golpe de gracia para la deteriorada imagen de la Dictadura.

La movilización obrera y popular del 15 de marzo tuvo como características especiales la inocultable simpatía demostrada por las masas hacia los movimientos armados, la existencia de direcciones clasistas en importantes gremios, el desprestigio de la burocracia y su evidente incapacidad para canalizar la protesta popular por caminos pacíficos. La creciente actividad de la vanguardia armada, que empalmó en ese proceso, donde las masas tomaron como suyos sus emblemas, fue otra característica, tal vez la más importante del segundo cordobazo. La posibilidad de la concreción en un futuro inmediato de un vuelco masivo del proletariado a la guerra revolucionaria, liderada por esa vanguardia forzaron a las FF.AA. a dar el golpe que liquidara la política de Levingston, simple continuación de la de Onganía, para intentar una nueva salida. Este golpe de timón de la Dictadura Militar ahora materializada en la figura de Lanusse, es un retroceso de parte de la misma. Jaqueada por las explosivas protestas masivas de la clase obrera y el pueblo y por el desarrollo de la guerra revolucionaria, la Dictadura se repliega y comienza a hacer concesiones.

Con ello se abre un nuevo panorama en el proceso de las luchas populares”3.

“Conscientes de la gravedad de la crisis del capitalismo argentino, temerosos ante la enérgica reacción popular y el surgimiento de organizaciones guerrilleras íntimamente unidas a las masas, la camarilla militar gobernante recurrió al GAN, a una propuesta de acuerdo con los distintos partidos políticos burgueses y pequeño-burgueses, para asentar en esta base social amplia, su política contrarrevolucionaria de represión brutal a los brotes guerrilleros y a la vanguardia clasista, elementos principales de la guerra popular de larga duración iniciado en nuestra patria”. “La camarilla de Lanusse comprende que para que esa maniobra cuaje, necesita de la participación, del apoyo de todos los sectores con arraigo popular, principalmente el peronismo. De ahí los coqueteos con la Hora del Pueblo y el ofrecimiento a Perón de permitir su retorno, devolver el cadáver de Evita y otras concesiones con las que pretenden llegar a un acuerdo, incorporar al peronismo a su política contrarrevolucionaria”. “El Gral. Perón manifiesta que no se prestará a las maniobras dictatoriales, pero al mismo tiempo, en los hechos, con el apoyo abierto brindado al paladinismo y a Rucci, a la Hora del Pueblo y a la burocracia sindical traidora, entra en esa maniobra, favorece objetivamente los planes de la dictadura, contribuyendo a confundir a amplios sectores populares que, hartos de los militares, están dispuestos a aceptar un nuevo gobierno parlamentario burgués, el retorno a escena de los politiqueros que hace 5 años repudiara masivamente”4 .

En definitiva el GAN, como se demostró posteriormente, fue una hábil maniobra de la burguesía para contener con el engaño el formidable avance revolucionario de nuestro pueblo, engaño que consistió en un nuevo retorno al régimen parlamentario, esta vez bajo el signo peronista, mediante un proceso electoral completamente controlado por las clases dominantes. El plan burgués fue una vez más tácticamente exitoso y logró despertar nuevas esperanzas en las masas hacia una salida parlamentaria. Pero ello no le reportó ventaja alguna, como veremos más adelante, por la persistencia e intensificación de la lucha popular en sus diversas manifestaciones.

Sin embargo, es necesario detenernos para analizar las causas de los repetidos éxitos de la burguesía en mantener su dominación de clase pasando del parlamentarismo al bonapartismo militar y viceversa, maniobra repetida reiteradamente.

Desde 1952 el capitalismo argentino vive una profunda crisis económico-social, sometido a la formidable presión de un pueblo combativo que no se resigna a la explotación y el sometimiento, que ha luchado denodadamente en los últimos 22 años. Sin embargo, la burguesía que no logra estabilizar el país en lo económico-social, ha tenido éxito hasta ahora en lo político, salvaguardando con hábiles maniobras el poder, resorte decisivo en la lucha de clases.

 

 

SIN OPCIÓN REVOLUCIONARIA DE PODER

 

La razón fundamental por la que pese a la enérgica lucha de nuestro pueblo, las clases dominantes no han visto peligrar su dominación política ha sido la ausencia hasta el presente de una opción revolucionaria de poder que ofreciera a las masas una salida política fuera de los marcos del sistema capitalista.

Hasta ahora la clase obrera y el pueblo argentino no han conseguido darse una fuerza política propia de carácter revolucionario. Por ello ha estado sometido constantemente a la influencia de los partidos políticos burgueses y no ha logrado identificar las distintas engañifas preparadas por la burguesía, cayendo en consecuencia en el error, dando su apoyo de buena fe a sus propios verdugos.

Naturalmente que la burguesía emplea todos sus poderosos medios materiales; la prensa, la radio y la TV; sus agentes en el campo popular; la intimidación y la persecución represivas, el soborno, etc., con el objeto de dividir las fuerzas populares, de impedir a toda costa cualquier avance en la construcción de organizaciones revolucionarias. Naturalmente que la burguesía emplea todos sus recursos en difundir entre las masas toda clase de ideas erróneas, de esperanzas en las soluciones y líderes burgueses tanto políticos como militares. Naturalmente que la burguesía emplea todas sus fuerzas en calumniar al socialismo, en mentir descaradamente para crear temor y desconfianza hacia el poder obrero revolucionario.

Otro factor que contribuye poderosamente a mantener oculta la necesidad de arrebatar el poder estatal de manos de la burguesía, es el rol de las corrientes reformistas y populistas como el Partido Comunista y Montoneros, por ejemplo, que desde el campo del pueblo y por tanto escuchados con interés por las masas, difunden también falsas esperanzas apoyando sin rubores a uno u otro dirigente de la burguesía pretendidamente “progresista”, perdiéndose en el laberinto de la lucha interburguesa y desviando tras de sí a sectores de las masas, lejos del verdadero camino revolucionario, el camino de la lucha consecuente y constante por la toma del poder.

Debido a estos factores, a la debilidad de las fuerzas revolucionarias, al hábil trabajo contrarrevolucionario de la burguesía, y a las erróneas ideas sostenidas y practicadas por ciertas corrientes del campo popular, la burguesía ha podido maniobrar con tranquilidad en el campo político, durante los últimos 22 años de crisis económico-social, pasar sin mayores dificultades del parlamentarismo al bonapartismo y de vuelta del bonapartismo al parlamentarismo, confundir con estos movimientos al pueblo y mantener sólidamente el control de todos los resortes del Estado.

Comprender claramente esta cuestión, saber identificar las maniobras y trampas que la burguesía emplea para conservar el gobierno, grabarnos en nuestras mentes y grabar en la mente del pueblo que no hay solución a los problemas de las masas sin despojar del poder a los capitalistas, sin destruir su ejército y su aparato represivo, es la cuestión más vital en el estado actual del proceso revolucionario argentino.

La lucha de nuestro pueblo registra fundamentales avances en los últimos años. Consignas socialistas han sido inscriptas profusamente en distintos programas de lucha de las masas; el sindicalismo clasista recuperó numerosos sindicatos de manos de la burocracia sindical y está a punto de centralizar su actividad nacionalmente; las masas pobres del campo y la ciudad crean y desarrollan ligas campesinas y federaciones villeras; se han fundado y operan prácticamente en todo el país efectivas unidades guerrilleras urbanas y rurales con lo que se dio un paso fundamental en el armamento del proletariado y el pueblo, surgió un pujante movimiento socialista legal y semilegal de características revolucionarias; y finalmente la consolidación, desarrollo y maduración de nuestro Partido, el PRT, señala el camino para la solución del principal problema de toda revolución: la dirección proletaria-revolucionaria de la lucha popular en su conjunto.

Todos estos elementos anuncian que los argentinos estamos hoy día en condiciones de superar el déficit fundamental que hemos señalado, de dotarnos de una opción revolucionaria que nos permita arrancar a las masas de la influencia burguesa y encaminarnos con firmeza hacia la captura del poder, que nos permita dirigir con certeza nuestra lucha hacia la toma del poder hasta voltear a los políticos y militares capitalistas, destruirles su aparato de dominación (ejército, policía, parlamento, etc.), instaurar el poder obrero y popular socialista, y construir un nuevo sistema de gobierno, un nuevo estado, basado en la movilización y participación de todo el pueblo para aplastar definitivamente hasta la última resistencia del capitalismo y edificar el justo régimen socialista.

 

 

TERCER GOBIERNO PERONISTA

 

Triunfantes en las elecciones generales del 11 de marzo, Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima, candidatos del FREJULI a Presidente y Vice Presidente, dirigieron sus primeros pasos políticos a contener las actividades revolucionarias y la lucha de masas en general sobre la base de vagas y rimbombantes promesas de cambios “revolucionarios”. Surgido de una campaña electoral pro socialista y pro guerrillera, el gobierno peronista de Cámpora se propuso iniciar su gestión con algunas concesiones secundarias a la izquierda peronista y una apertura internacional hacia los países socialistas que le diera un barniz “revolucionario”. Dentro de esas concesiones estaban comprendidas algunas leyes reclamadas prioritariamente por las masas, en primer lugar la amnistía a los combatientes y la derogación de la legislación represiva. Pero el propósito del gobierno peronista era otorgar una amnistía gradual, parcial y condicionada, que comenzara poniendo en libertad a los combatientes peronistas y condicionara la de los guerrilleros marxistas a la aceptación de la tregua por parte del ERP. La dirección burguesa y burocrática del peronismo, entusiasmada por los 6 millones de votos obtenidos confiaba irracionalmente en que nuestro pueblo sería engañado con facilidad y suspendería su lucha, seguiría la orientación formulada “del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”. El mismo 25 de mayo las masas hicieron trizas todos esos planes lanzándose a la calle y obligando con el “devotazo” a la inmediata liberación de todos los combatientes.

Desde ese momento ya se vio que el triunfo táctico obtenido por la burguesía en el proceso electoral, tras una laboriosa preparación no serviría para contener la lucha de masas, aislar a la guerrilla y a la vanguardia clasista, para destruirlas, y abrir así posibilidades de recuperación capitalista, objetivos inmediatos centrales de la burguesía argentina y el imperialismo yanqui.

A partir del 25 de mayo las masas ganaron la calle, obtuvieron nuevos triunfos contra la burocracia sindical, enfrentaron con energía a las patronales y se movilizaron para exigir distintas soluciones al gobierno que habían elegido con sinceras esperanzas. Este auge de masas favorecido por la libertad conquistada, abrió un ancho cauce para el desarrollo de las organizaciones progresistas y revolucionarias. Particularmente las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros evidenciaron un impetuoso crecimiento en el estudiantado y en el movimiento villero, perfilándose como la corriente interna del peronismo de mayor influencia de masas, e iniciando actividades en el proletariado fabril.

La vacilación de las masas pequeño-burguesas y de su vanguardia en el período pre y post-electoral fue muy grande, impresionadas por la masiva propaganda de la burguesía, se inclinaron en general a aceptar el “progresismo y antiimperialismo” del gobierno y a considerar que sus esfuerzos de pacificación y “reconstrucción nacional” es decir de contención de la lucha de masas, serían coronados por el éxito.

En esta situación nuestro Partido adoptó frente al nuevo gobierno una firme línea principista, resistiendo con éxito las presiones burguesas y pequeño-burguesa. Gracias a esa categórica y clara posición, nuestra organización quedó a los ojos de las masas como consecuentemente revolucionaria, fiel defensora de los intereses proletarios y populares, libre de todo rasgo oportunista. Gracias a esa clara posición, que denunciaba sin ambages las intenciones contrarrevolucionarias del peronismo gobernante y anticipaba con acierto los rumbos antipopulares que seguiría el nuevo gobierno, nuestro Partido conquistó la confianza de amplios sectores de masas, aquellos a los que llegó nuestro pronunciamiento resumido en la declaración “RESPUESTA AL PRESIDENTE CÁMPORA” distribuida profusamente en las principales concentraciones obreras y populares. Nadando contra la corriente, el PRT y ERP crecieron con consistencia y homogeneidad centrando sus esfuerzos de construcción en el proletariado fabril.

En oposición al crecimiento de las fuerzas populares, el ala fascista del peronismo encabezada por López Rega comenzó a desarrollar intensa actividad con el Ministerio de Bienestar Social como centro operativo. Organizando rápidamente bandas parapoliciales, los fascistas prepararon un furibundo ataque a las fuerzas de izquierda que se concretó el 20 de junio en Ezeiza. El día del regreso de Perón las bandas fascistas, bajo la jefatura inmediata de Osinde, tendieron una impresionante emboscada a las columnas de la izquierda peronista que concurrían desprevenidas al recibimiento de su líder. Decenas de muertos y heridos fue el saldo de este criminal ataque, punto de partida de una ofensiva general del peronismo burocrático para desalojar a la izquierda de las posiciones conquistadas en el gobierno, en lo inmediato, e intentar la destrucción total de las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros y corrientes afines.

El paso siguiente fue el desplazamiento de Cámpora, Righi, Puig, Vázquez, de todos los funcionarios sensibles a la presión de las masas, mediante el autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio. Si bien desde su asunción con Cámpora el gobierno peronista había mostrado una clara orientación burguesa y proimperialista, materializada en el pacto social y otras medidas antipopulares, a partir del 13 de julio, con el interinato de Lastiri, tomó un franco cauce derechista.

El comienzo de un formidable despliegue de las fuerzas progresistas y revolucionarias de nuestro pueblo, amparado en la legalidad y democracia conquistadas, llenó de preocupación y temor al conjunto de la burguesía. La dirección burguesa y burocrática del peronismo, interpretando fielmente las inquietudes de su clase, decidió intervenir rápidamente con el auxilio y apoyo activo de toda la clase capitalista. El autogolpe del 13 de julio estuvo dirigido en consecuencia, a frenar el crecimiento de las fuerzas progresistas y revolucionarias, a impedir la acumulación de fuerzas en el campo popular.

Por eso podemos afirmar categóricamente que la brusca caída de Cámpora, quien no alcanzó a estar dos meses en el gobierno, marca la crisis del intento peronista de contener la lucha popular con una política centrada en el engaño.

Desde el mismo 25 de mayo se vio que nuestro pueblo no acataría tregua alguna y que por el contrario se lanzaría con renovados bríos a defender sus intereses con la movilización y el accionar armado. La conciencia de ese fracaso llevó al peronismo burgués a cambiar su táctica y plantearse enfrentar a las masas teniendo como eje la represión armada. Lastiri tomó las riendas del gobierno decidido a “hacer tronar el escarmiento”, con la esperanza de golpear duro y con eficacia. Colocó con ese fin al General Iñiguez a la cabeza de la Policía Federal, ubicó en las policías provinciales a ciertos personajes como García Rey en Tucumán, y ordenó golpear sin contemplaciones, policial y para-policialmente, contra todas las fuerzas progresistas y revolucionarias.

Esta política de fuerza mostró también su impracticabilidad rápidamente. La lucha popular no sólo no cesó sino que se intensificó y los intentos represivos fueron frenados en seco. Tal es el caso de Tucumán donde el fascista García Rey que se atrevió a detener numerosos compañeros para atemorizar a las masas, en octubre de 1973, fue enfrentado exitosamente por la movilización popular que logró la libertad de todos los detenidos y obligó a la separación de García Rey. Esta reacción del pueblo tucumano llamó a la realidad al gobierno peronista y lo obligó a ser más respetuoso y cuidadoso.

De todas maneras la orientación represiva gubernamental se mantuvo desde entonces dando origen a distintas medidas, a la promulgación de una nueva legislación represiva más brutal aún que la de la dictadura militar, al encarcelamiento de gran cantidad de combatientes y activistas de los cuales más de un centenar sufren prisión en estos momentos en las cárceles de la burguesía; al apaleamiento y hasta el baleamiento de manifestaciones con el saldo de numerosos muertos y heridos.

Pero esta nueva política, lejos de contenerla, exacerbó la lucha de nuestro pueblo. Las manifestaciones continuaron, las huelgas continuaron, las operaciones guerrilleras continuaron. Todas las amenazas y medidas represivas que tomó el gobierno después de la nueva elección presidencial de los siete millones de votos, no lograron atemorizar al pueblo ni detener su lucha. Inútiles fueron los discursos amenazantes, inútiles las designaciones de torturadores y asesinos como Villar y Margaride, inútiles los gigantescos operativos policiales. Las fuerzas progresistas y revolucionarias se afirmaron, se consolidaron, aceleraron su desarrollo y dieron efectivas y demoledoras respuestas en todas las formas de lucha.

No sólo en el terreno democrático el gobierno peronista tomó claramente una dirección antipopular. La política económica y social siguió desde el 25 de mayo una coherente línea proimperialista y promonopolista. La ley de inversiones extranjeras favorece al capital imperialista; la política de exportación favorece al capital imperialista; la política de carnes favorece a los grandes ganaderos, la proyectada ley del petróleo favorece a las compañías multinacionales. Pese a que la economía de nuestra patria está dominada por el capital extranjero este gobierno supuestamente “antiimperialista” no tomó ninguna medida para corregir esta situación.

La política internacional en cambio registra una notable apertura hacia el campo socialista y particularmente hacia la revolución cubana. Este hecho, positivo en sí, en cuanto constituye un retroceso del imperialismo yanqui y del capitalismo latinoamericano frente a la firmeza de Roca del primer estado socialista de nuestro continente, no es extraño ni opuesto a una política burguesa coherente, no se sale de los marcos de una política burguesa.

Durante más de 10 años, el imperialismo yanqui y sus socios menores, las burguesías latinoamericanas, aplicaron una feroz política de aislamiento a la revolución cubana. Total bloqueo comercial, ruptura de relaciones diplomáticas, fueron las armas empleadas por la contrarrevolución para aislar a Cuba de los demás pueblos latinoamericanos. Pero superando todas las dificultades el pueblo cubano, bajo la correcta dirección de su Partido y del Comandante Fidel Castro, contando con la insustituible ayuda del campo socialista, avanzó exitosamente en la consolidación de su revolución, en la edificación del socialismo, demostrando en los hechos que un pueblo unido y organizado, claro en sus objetivos revolucionarios, determinado a vencer las peores dificultades, es capaz de triunfar frente a agresiones, bloqueos y aislamientos.

Ante la consolidación definitiva de la revolución cubana, el imperialismo yanqui y las burguesías latinoamericanas tienden a cambiar de línea, a suspender el bloqueo y reanudar relaciones diplomáticas. En esa nueva línea general abre el camino la burguesía argentina. En cuanto a la actitud frente a la Unión Soviética, China, y demás países socialistas no difiere sustancialmente de la que aplicaron los gobiernos anteriores, incluida la dictadura militar.

En síntesis, la política internacional del gobierno es una política burguesa realista, de coexistencia pacífica, similar a la que vienen aplicando desde hace años la mayoría de los países capitalistas, que en cuanto favorece al desarrollo del comercio es también beneficiosa para los países socialistas. Es más, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esa política coincide con la orientación general del imperialismo yanqui, que respecto a Cuba ya ha perdido las esperanzas de impedir la consolidación del socialismo en la heroica isla y tiende a conformarse con intentar neutralizar su influencia revolucionaria en el continente.

No cabe ninguna duda entonces que la política del gobierno peronista corresponde claramente a una estrategia contrarrevolucionaria, antipopular y antinacional tal como lo entiende nuestro pueblo que a partir de principio de este año, dirige ya con decisión su lucha contra la política gubernamental.

Este carácter reaccionario y represivo del gobierno peronista se ha acentuado a partir de la consolidación del ala fascista de López Rega. Sin diferenciarse en la política económica, coexistían en el gobierno dos alas que después de la muerte de Perón intentaron desplazarse mutuamente. Por un lado el ala fascista encabezada por López Rega que impulsa un proyecto político de basar la “reconstrucción nacional” en un estado policial.

López Rega, admirador confeso de Hitler, Mussolini y Franco, opina que la única forma de salvar al capitalismo argentino, es aplastando militarmente a las fuerzas revolucionarias y estableciendo un sistema masivo de control policial y represión que impida cualquier resurgimiento de luchas populares y actividades revolucionarias.

Por otro lado el ala Gelbard, prefería luchar contra las fuerzas revolucionarias con habilidad, intentando el aislamiento político de la guerrilla y el sindicalismo clasista y las demás fuerzas consecuentemente clasistas y revolucionarias. La línea Gelbard tendía a ampliar la base social del gobierno incorporando más activamente al radicalismo, al reformismo, particularmente al Partido Comunista e incluso a Montoneros, servirse de ellos para contener la lucha de masas y lograr la ansiada estabilidad política que haga posible serios intentos de recuperación capitalista.

Ambos proyectos son irrealizables a corto y mediano plazo. La lucha de clases argentina se agudiza día a día y se encamina a grandes choques de clase, a una situación revolucionaria. El proletariado y el pueblo han iniciado en 1969 un proceso de guerra revolucionaria en respuesta a la explotación y a la opresión burguesa y ese proceso no se detendrá a corto ni mediano plazo. El plan fascistoide de López Rega, que finalmente se impuso y se está aplicando, es irrealizable porque la fuerza del movimiento de masas no admite hoy día ninguna posibilidad de establecer con éxito un gobierno policial. El plan de Gelbard -quien capituló ante López Rega y abandonó a sus aliados- era también irrealizable porque gracias a las recientes experiencias y al peso adquirido por la vanguardia revolucionaria no hay posibilidades ahora que nuestro pueblo pueda ser engañado.

 

 

PROMESAS VERSUS REALIDADES

 

Al votar masivamente por el peronismo en las elecciones del 11 de marzo y del 23 de setiembre, el pueblo argentino votó por un programa progresista estructurado en torno a la consigna “Liberación o Dependencia”, caballito de batalla de la campaña electoral del FREJULI. Es así que nuestro pueblo esperaba que el gobierno peronista emprendiera un camino de soluciones antiimperialistas y revolucionarias y esperaba una actitud firme ante los odiados militares, de quienes se descontaba su oposición a cualquier medida progresista. Es así que desde el mismo 25 de mayo el pueblo argentino se moviliza enérgicamente contra los militares, por la liberación de los combatientes, contra las empresas y la burocracia sindical.

Todas las esperanzas de los argentinos fueron defraudadas progresivamente en corto tiempo. Las primeras definiciones y medidas gubernamentales mostraron que los imperialistas no serían tocados. Y a partir del 20 de junio fue evidente que el gobierno haría todo lo posible por destruir las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo.

No podría ser de otra manera ya que se trata de un gobierno burgués, dispuesto a defender incondicionalmente los intereses del conjunto de la burguesía.

Un gobierno que no sólo debe evitar cualquier daño al gran capital, en primer lugar al gran capital extranjero, sino que tiene como misión proporcionar condiciones para aumentar las ganancias capitalistas. Toda su verborragia “popular”, todas sus promesas “antiimperialistas” fueron y son en realidad cínicas mentiras para engañar a las masas.

Esta nueva experiencia nos enseña que no debemos esperar que los representantes de las clases explotadoras solucionen los problemas del pueblo. Naturalmente que como políticos prometerán cualquier cosa y disfrazarán sus verdaderas intenciones, incluso de palabra pueden pronunciarse contra el capitalismo y por el socialismo, pero serán siempre fieles a su clase, estarán controlados por ella y harán lo imposible para mantener y consolidar su predominio y sus ganancias. Aún en el supuesto que un determinado dirigente burgués, pongamos por ejemplo un alto dirigente peronista o radical, o un militar de alta graduación se convenciera sinceramente pasándose a la causa popular (lo que es muy pero muy difícil por no decir imposible), ese dirigente se vería imposibilitado de concretar ninguna solución porque inmediatamente sería enfrentado y desplazado por su propio partido, por los militares, por su propia clase.

Las soluciones a los problemas del pueblo y de la patria, que son soluciones profundamente revolucionarias sólo pueden provenir de un nuevo poder obrero y popular revolucionario, que gobierne sin ataduras, sin otro control que el de la masa del pueblo y sus organizaciones revolucionarias, que se apoye en la movilización popular y realice sin dilaciones los profundos cambios que la Argentina necesita.

 

 

REFORMISMO Y POPULISMO

 

La lucha por el poder obrero y popular, por el socialismo y la liberación nacional, es inseparable de la lucha contra el populismo y el reformismo, graves enfermedades políticas e ideológicas existentes en el seno del campo popular. El populismo es una concepción de origen burgués que desconoce en los hechos la diversidad de clases sociales; unifica la clase obrera, el campesinado pobre y mediano, la pequeña burguesía y la burguesía nacional media y grande bajo la denominación común de pueblo. Al no diferenciar con exactitud el rol y posibilidades de estas diversas clases, tiende constantemente a relacionarse, con prioridad, con la burguesía nacional y a alentar ilusorias esperanzas en sus líderes económicos, políticos y militares, incluso en aquellos como Gelbard, Carcagno o Anaya, íntimamente ligados a los imperialistas norteamericanos. La corriente popular más importantes gravemente infectada con la enfermedad populista, es Montoneros. Su heroica trayectoria de lucha antidictatorial se ha visto empañada por la confianza en el peronismo burgués y burocrático, que ha causado grave daño al desarrollo de las fuerzas progresistas y revolucionarias en nuestra patria.

Con el profundo y sincero aprecio que sentimos por esa organización cimentado por la sangre de nuestros héroes comunes que se entremezclara en Trelew, pensamos que es obligación de todo revolucionario dar con franqueza la lucha ideológica, reflexionar en conjunto sobre la experiencia de su apoyo a Perón y al peronismo burgués y combatir las latentes expectativas en Carcagno, Gelbard u otros líderes de las clases enemigas. A partir de su inevitable ruptura con el peronismo burgués y burocrático que ha comenzado a concretarse definitivamente en las últimas semanas, Montoneros tiende y tenderá cada vez más a retomar lazos con las organizaciones progresistas y revolucionarias, entre ellas con nuestro Partido. Tiende y tenderá cada vez más a reintegrarse a su puesto de combate, a enfrentar con las armas en la mano, al gobierno y las fuerzas policiales y militares de la burguesía y el imperialismo. Pero ello no implica un cambio de fondo en la concepción populista. De ahí que al mismo tiempo que saludamos la nueva orientación Montonera, estamos convencidos de la necesidad imperiosa de combatir intensamente la enfermedad ideológica y política llamada populismo para exterminarla definitivamente del campo popular, principalmente de Montoneros, la más afectada por esa temible enfermedad burguesa.

Cuando a principios de 1973 la dirección de FAR caracterizó entusiasmada al Gral. Perón como líder revolucionario y calculó que el gobierno peronista, denominado por ellos gobierno popular, llevaría adelante una política consecuentemente antiimperialista y pro-socialista, nuestra organización planteó a estos compañeros:

“Estamos en presencia de un claro plan del enemigo consistente en el acuerdo entre la Dictadura Militar y los políticos burgueses, con el objeto de salvar al capitalismo, detener el proceso revolucionario en marcha. Para ello el conjunto de la burguesía pretende volver al régimen parlamentario y de esa manera ampliar considerablemente la base social de su dominación, reducida estrictamente a las FF.AA. durante el Onganiato, aislar a la vanguardia clasista y a la guerrilla, para intentar su aplastamiento militar. La ambición de la burguesía es detener y desviar a las fuerzas revolucionarias y progresistas en su avance, y llegar a una estabilización paralela del capitalismo argentino. Este plan es irrealizable a corto y mediano plazo porque la crisis económico-social, así como la potencia actual de las fuerzas revolucionarias progresistas, lo impedirán. Sin embargo, el plan enemigo pese a su elementalidad encierra ciertos peligros fundamentalmente el que motiva la presente carta, debido, pensamos a la juventud, debilidad política e inexperiencia de sectores de la vanguardia revolucionaria”.

“...el éxito fundamental que ha comenzado a lograr y que debemos enfrentar con todas nuestras fuerzas, es poner una cuña en las organizaciones armadas, comenzar a tener una influencia cierta en las organizaciones armadas peronistas y en sectores de la juventud peronista, dirigida a detener y desviar su accionar a partir de la consumación de la farsa electoral”.

“Analizando vuestra evolución como organización revolucionaria y basados en el conocimiento surgido de la actividad en común, pensamos que vuestra actitud tiene un significado profundo y que encierra serios peligros para el desarrollo futuro de las fuerzas revolucionarias en nuestro país. Pensamos que la negativa a firmar con nosotros es una concesión de Uds. a las presiones macartistas y derechistas del peronismo burgués, y que es una cara de la moneda que tiene como reverso vuestro apoyo incondicional y activo a los políticos burgueses del peronismo y del integracionismo a los Cámpora, Solano Lima, Silvestre Begnis, etc.”

“ Esto es motivo de honda preocupación para nosotros, no sólo por las trabas que coloca en el desarrollo político militar homogéneo de las organizaciones armadas, los avances hacia la unidad, sino porque muestra a Uds. en una vacilación inexplicable, ante la posibilidad de suspender las operaciones militares a partir de la instauración del nuevo gobierno parlamentario que planea darse la burguesía”5 .

Lamentablemente, estas sanas y justas observaciones no fueron escuchadas y la política de FAR-Montoneros se tiñó de apoyo al gobierno contrarrevolucionario y antipopular y de una línea general divisionista en el seno del pueblo, tendiente al irrealizable propósito de aislar a nuestra organización.

Si recordamos hoy esto es porque el enemigo presentará en el futuro una nueva engañifa, posiblemente de tipo peruanista, con Carcagno a la cabeza, por ejemplo, y levantando el programa del FREJULI o quizás otro mucho más radicalizado. Para eludir esa nueva trampa, para rechazar sin vacilación esa nueva patraña, ese nuevo canto del cisne, es imprescindible comprender el error cometido ante el GAN, rectificar esa línea proburguesa, erradicar la enfermedad del populismo.

El reformismo a su vez reniega en los hechos de la vía revolucionaria para la toma del poder, no tiene fe en la victoria de la revolución socialista, desconfía de la capacidad revolucionaria de las masas, y busca en consecuencia, avanzar en la obtención de ciertas mejoras por la llamada vía pacífica, consiguiendo progresivamente que tal o cual sector burgués que denominan “progresista”, acepte concesiones a las masas, el efectivo ejercicio de las libertades democráticas, algunas mejoras en el nivel de vida del pueblo, etc. Pero como enseña el marxismo-leninismo y la experiencia práctica, las libertades y las reivindicaciones hay que arrancárselas a la burguesía con enérgicas luchas.

El Partido Comunista, que es la organización popular más atacada por la enfermedad reformista, roído por ella, desde muchos años atrás, fue inconsecuente y timorato en el período de la lucha antidictatorial, y aunque no adoptó una actitud negativa en los primeros meses del gobierno peronista, abriéndose a un acercamiento con las fuerzas revolucionarias, a partir del 12 de junio, cayó en la capitulación total volcando todo su peso en apoyo del ala Gelbard del gobierno y dando la espalda simétricamente a las fuerzas revolucionarias y a la lucha popular en general. El pacifismo, el temor a la justa violencia revolucionaria, la desconfianza en la potencialidad y capacidad de la lucha de masas, la capitulación ante los líderes burgueses, el cretinismo parlamentario, son las formas de manifestación de la perniciosa enfermedad del reformismo que caracteriza en general la actividad del Partido Comunista, y la política de su dirección, que los lleva en determinados momentos a atacar a las fuerzas y actividades revolucionarias sumándose al coro contrarrevolucionario de la burguesía. En la ineludible lucha ideológica contra el cáncer del reformismo, que afecta al Partido Comunista, no debemos olvidar en ningún momento que todos nuestros esfuerzos deben estar orientados a acercar a estos compañeros a las filas revolucionarias, que se trata de una organización popular compuesta por excelentes compañeros, sinceros luchadores socialistas, que pueden y deben ser librados de la enfermedad reformista.

La elevación del nivel de conciencia de la vanguardia proletaria y una constante prédica clarificadora entre las más amplias masas armarán al proletariado y al pueblo política e ideológicamente para combatir y matar las enfermedades populistas y reformistas, erradicarlas definitivamente del campo popular, y curar a las organizaciones y compañeros afectados por ellas recuperándolas íntegramente para la causa obrera y popular, la causa de la liberación nacional y el socialismo, la causa de la guerra popular revolucionaria.

 

 

SITUACIÓN REVOLUCIONARIA Y DOBLE PODER

 

Las tendencias de la lucha de clases argentina que se venían marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin del proyecto populista, y el comienzo de un período de grandes enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir del mes de julio de 1974. Perón, líder de masas, pese a su intransigente defensa de los intereses capitalistas conservaba aún alguna influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Poseía autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote el desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de la lucha obrera y popular; y había logrado restablecer trabajosa y precariamente el equilibrio con la maniobra táctica del 12 de junio. Por eso es que su muerte colocó a la burguesía ante la necesidad de adoptar de inmediato definiciones políticas -que explotadores y opresores deseaban postergar aún por unos meses- con la consiguiente agudización de la crisis interburguesa.

Este fenómeno, un notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento acelerado de las fuerzas revolucionarias, políticas y militares, se combinan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques de clases, antesala de la apertura de una situación revolucionaria en nuestra Patria. En otras palabras, entramos en un período de grandes luchas a partir del cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad del triunfo de la revolución nacional y social, la posibilidad de disputar victoriosamente el poder a la burguesía y al imperialismo.

Pero apertura de una situación revolucionaria, o lo que es lo mismo la existencia de condiciones que hacen posible el derrocamiento del capitalismo y el surgimiento del nuevo poder obrero y popular socialista, que liberará definitivamente a nuestra patria del yugo imperialista y traerá la felicidad a nuestro pueblo trabajador, no quiere decir que ello pueda concretarse de inmediato. Necesariamente se deberá atravesar un período de duras y profundas movilizaciones revolucionarias, de constantes combates armados y no armados, de incesantes avances de las fuerzas revolucionarias, de movilización y efectivo empleo de la mayor parte de los inmensos recursos y potencialidades de nuestro pueblo trabajador. Ese período -que debe contarse en años- será mayor o menor en dependencia de la decisión, firmeza, espíritu de sacrificio y habilidad táctica de la clase obrera y el pueblo, del grado de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamentalmente del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario dirigente de la lucha revolucionaria.

Prepararnos para resolver correctamente los difíciles problemas que han de plantearse en la situación revolucionaria que se aproxima, consiste en analizar objetivamente las características de nuestro país, la experiencia de nuestro pueblo, la dinámica de la lucha de masas, y en esforzarnos por conocer al máximo la experiencia internacional, es decir la forma en que otros pueblos encararon y resolvieron cuestiones similares a las que se nos presentarán.

Configurada una situación revolucionaria, de acuerdo a las enseñanzas marxistas-leninistas, comienza a plantearse en forma concreta, inmediata, el problema del poder, la posibilidad de que el proletariado y el pueblo derroquen a la burguesía proimperialista y establezcan un nuevo poder revolucionario obrero y popular. El momento en que la toma del poder puede ya materializarse es denominada por el marxismo-leninismo crisis revolucionaria, que es la culminación de la situación revolucionaria, el momento del estallido final, momento que debe ser cuidadosamente analizado por el Partido Proletario para lanzar la insurrección armada con las máximas posibilidades de triunfo. Pero entre el inicio de una situación revolucionaria y su culminación en crisis revolucionaria, media un período que puede ser más corto o más largo en dependencia de las características concretas del país. En la URSS la situación revolucionaria se inició en febrero de 1917 y la crisis revolucionaria se presentó en octubre del mismo año.

En España la situación revolucionaria se inició en mayo de 1931 y se prolongó durante 8 años en forma de guerra civil abierta hasta la derrota de las fuerzas revolucionarias. En Vietnam se abrió en noviembre de 1940 y culminó con la toma del poder en agosto de 1945. Los ritmos y plazos del desarrollo de la situación revolucionaria están determinados por distintos factores concretos que hacen al grado de descomposición de la burguesía y al poderío de las fuerzas del pueblo, ocupando un lugar destacado el papel del partido revolucionario.

En el curso de la situación revolucionaria nace y se desarrolla el poder dual, es decir que la disputa por el poder se manifiesta primero en el surgimiento de órganos y formas de poder revolucionario a nivel local y nacional, que coexisten en oposición con el poder burgués. Una forma típica de órganos de poder dual fueron los soviets o consejos obreros y populares que se organizaron durante la Revolución Rusa, consistentes en Asambleas permanentes de delegados obreros, soldados y otros sectores populares, que asumían responsabilidades gubernamentales, en general opuestos a las intenciones del gobierno burgués. De esta forma las fuerzas revolucionarias se van organizando y preparando para la insurrección armada, para la batalla final por el poder para establecer después del derrocamiento de la burguesía un nuevo poder obrero y popular.

Las experiencias de distintas revoluciones, principalmente en China y Vietnam, han ampliado el concepto de poder dual y de insurrección demostrando que una forma de desarrollo del doble poder puede darse con insurrecciones parciales, es decir con levantamientos armados locales que establezcan el poder revolucionario en una región o provincia, las denominadas zonas liberadas. De acuerdo a estas experiencias, el proceso de desarrollo del doble poder en una situación revolucionaria, inseparable del desarrollo de las fuerzas armadas populares, puede surgir como zonas de guerrilla o zonas en disputa para pasar después a bases de apoyo o zonas completamente liberadas y extenderse nacionalmente hasta el momento de la insurrección general.

El desarrollo del poder dual está en todos los casos íntimamente unido al desarrollo de las fuerzas militares del proletariado y el pueblo, porque no puede subsistir sin fuerza material que lo respalde, sin un ejército revolucionario capaz de rechazar el ataque de las fuerzas armadas contrarrevolucionarias.

Naturalmente que estas fundamentales orientaciones del marxismo-leninismo que iluminan con poderosa luz nuestro camino, no debe ser tomado como un esquema simplista. Es simplemente un poderoso arsenal teórico resultado de decenas de años de experiencias, que debemos tener como punto de referencia para la formulación de nuestra línea, sin olvidar que cada revolución tiene sus particularidades y que el marxismo-leninismo cobra vida y utilidad cuando es aplicado creadoramente a la situación concreta de un proceso revolucionario determinado.

El poder dual puede desarrollarse en el presente en nuestra patria tanto en la ciudad como en el campo, siempre sobre la base de una fuerza militar capaz de respaldar la movilización revolucionaria, y merced al despliegue multilateral de todas las potencialidades de nuestro pueblo, lo que significa necesariamente la dirección del Partido marxista-leninista proletario.

Estamos frente a un enemigo relativamente fuerte, que cae en la impotencia ante la generalización de la movilización; un enemigo hábil, bien armado y entrenado; un enemigo relativamente disperso que adquiere fuerza cuando puede concentrarse; un enemigo brutal y sanguinario; un enemigo cuya fuerza principal, las FF.AA. contrarrevolucionarias, tiene el talón de Aquiles del servicio militar obligatorio, que hace posible un rápido y demoledor trabajo político en la masa de soldados; un enemigo políticamente débil, con serias disensiones internas y enmascarado aún en la “legalidad” parlamentaria.

Contamos con un poderoso y combativo movimiento de masas vertebrado por el proletariado industrial, extendido en todo el país, con experiencia de lucha; contamos con una amplísima vanguardia proletaria inclinada hacia la revolución, ávida de ideas socialistas y deseosa de contar con una sólida organización revolucionaria; contamos con un estudiantado combativo y un campesinado pobre dispuesto a luchar; contamos con fuerzas guerrilleras urbanas y rurales, aún pequeñas pero bien organizadas y relativamente fogueadas; contamos con numerosas y extensas organizaciones de masas que engloban a la mayor parte de los trabajadores del país; contamos finalmente con un aguerrido partido revolucionario que crece y se consolida diariamente, aunque aún está limitado por distintos déficits, fundamentalmente su debilidad numérica y su limitada vinculación con las masas proletarias y trabajadoras en general.

A partir del cordobazo y basándose en experiencias anteriores menores, nuestro pueblo tiende a insurreccionarse localmente, tiende a movilizarse aquí y allá, tomar sectores de ciudades y poblaciones, erigir barricadas y adueñarse momentáneamente de la situación rebasando las policías locales y provinciales.

Por eso podemos afirmar que en Argentina, en un período inicial, el doble poder ha de desarrollarse en forma desigual en distintos puntos del país, es decir que han de surgir localmente formas y órganos de poder obrero y popular, permanentes y transitorios, coexistiendo con el poder capitalista, enfrentándolo constantemente bajo el formidable impulso de la movilización de masas.

 

 

FORMAS DEL PODER LOCAL.

 

El problema práctico que nuestro pueblo debe resolver a partir de la nueva situación, es lograr paso a paso la acumulación de fuerzas necesarias para la lucha final por el poder estatal que debemos arrancar de manos de la burguesía. Esa fundamental cuestión se resolverá en la situación revolucionaria que comenzamos a vivir, con el desarrollo del poder dual, tanto en su forma general de oponerse a ciertos planes del gobierno burgués e imponer las soluciones obreras y populares a determinadas situaciones en base a enérgicas movilizaciones de masas, llegando de esa manera a la constitución transitoria de órganos de poder a nivel general, como en su forma de poder local, manifestación principal del poder dual, en todo el próximo período, punto de partida sólido para una gigantesca acumulación de fuerzas revolucionarias.

La lucha popular es desigual. Se desarrolla parcialmente, en un lugar de una manera, en otro de otra, en un lugar en un momento en otro en otro momento. Necesitamos que todas esas luchas que se dan en distinto tiempo y lugar y con una fuerza y alcances diferentes, den siempre por resultado un aumento de la fuerza de todo el pueblo, que se vayan acumulando, hasta el momento que sea oportuno lanzar el ataque final, en todo el país y con todas las fuerzas disponibles, para llevar al triunfo la insurrección armada obrera y popular.

Pongamos un ejemplo. En una fábrica grande se inicia una lucha reivindicativa o antiburocrática, que enseguida choca no sólo con la empresa y la burocracia sindical, sino también con la policía, con el Ministerio de Trabajo, en una palabra con el gobierno burgués y sus fuerzas represivas. El sindicato o comisión interna que dirige la lucha, moviliza a todos los trabajadores, gana un primer conflicto y amplía su fuerza. Si esa lucha se mantiene ahí, inevitablemente tenderá a debilitarse porque como es aislada, el enemigo puede combatirla pacientemente. Después de un tiempo, en el curso del cual se dan nuevas movilizaciones, la “santa alianza” enemiga (empresa, burocracia, fuerzas represivas y gobierno), lanza su contraofensiva, y muchas veces, la vanguardia obrera, influida por el espontaneismo, el populismo, el reformismo, o simplemente por falta de orientación política, es derrotada por no animarse a luchar, a veces, o por dar una batalla desesperada. En cambio actuando correctamente, en el caso que damos como ejemplo hipotético, el sindicato o Comisión Interna clasista, al hacer conciencia de la situación revolucionaria que vivimos, comprenderá que el eje de sus esfuerzos debe dirigirse a acumular fuerzas. De esa manera, ante el primer triunfo, se preocupará inmediatamente para tomar los demás problemas de la población, acercarse a las organizaciones villeras y barriales, a otros sindicatos y comisiones internas, y fundamentalmente participará y alentará a los activistas a participar en la construcción de las fuerzas revolucionarias, las células del PRT, las unidades del ERP, el Frente Antiimperialista.

Ello ha de llevar enseguida al surgimiento de formas de poder local, a encarar la solución soberana de los distintos problemas de las masas locales. Avanzar hacia el desarrollo del poder local primero enmascarado y después abierto como veremos enseguida es el paso que media entre la lucha parcial de masas y la insurrección general, paso que es necesario dar desde ahora en todos los lugares en que sea posible.

Constituir órganos abiertos de poder local no puede ser un hecho aislado ni espontáneo. El enemigo en cuanto tenga conocimiento de que en un barrio, en una localidad o una ciudad el pueblo se ha organizado por sí solo y comienza a resolver a su manera los problemas de la producción, de la salud, de la educación, de la seguridad pública, de la justicia, etc., lanzará con furor todas las fuerzas armadas de que pueda disponer con la salvaje intención de ahogar en sangre ese intento de soberanía. Por ello el surgimiento del poder local debe ser resultado de un proceso general, nacional, donde aquí y allá, en el norte y en el sur, en el este y en el oeste, comiencen a constituirse organismos de poder popular comiencen las masas a tomar la responsabilidad de gobernar su zona. Esa multiplicidad y extensión del poder local dificultará grandemente las posibilidades represivas y hará viable que unidades guerrilleras locales de pequeña y mediana envergadura defiendan exitosamente el nuevo poder.

La movilización de las masas apunta en nuestro país en esa dirección. La actividad consciente de los revolucionarios hará posible que el proceso de surgimiento y desarrollo del poder local, punto de partida para disputar nacionalmente el poder a la burguesía proimperialista, evolucione armónicamente, exitosamente.

A partir de la lucha reivindicativa está hoy planteado en Argentina, en algunas provincias, en algunas ciudades, en algunas zonas fabriles y villeras, la formación de órganos embrionarios de poder popular. Pero, en general en lo inmediato no es conveniente dar un paso que atraerá rápidamente la represión contrarrevolucionaria. En esos casos puede avanzarse enmascarando hábilmente tras distintas fachadas el ejercicio del poder popular. En una villa, por ejemplo, bajo el enmascaramiento de la Asociación Vecinal, pueden organizarse distintas comisiones que encaren el problema de la salud, de la educación, de la seguridad, de la justicia, de la vivienda, etc., con una orientación revolucionaria, mediante la constante movilización de toda la villa, teniendo como objetivo central la construcción de sólidas fuerzas revolucionarias políticas y militares. En un pueblo de Ingenio Azucarero igual papel podría jugar el Sindicato. Pero esto sólo como pasos iniciales de los que habrá que pasar en el momento oportuno a la organización de una Asamblea o Consejo local que se constituya oficialmente como poder soberano de la población de la zona.

En el campo, donde la presencia directa del estado capitalista es relativamente débil, el desarrollo del poder local será más rápido y más efectivo, en cuanto estará en condiciones de brindar desde el comienzo sustanciales mejoras a las masas. Pero su enmascaramiento será más difícil y recibirá inicialmente los más feroces ataques del enemigo. Establecer órganos de poder local en el campo sólo será posible con el respaldo de unidades guerrilleras medianas capaces de rechazar exitosamente los ataques del Ejército Contrarrevolucionario.

 

 

UNIDAD Y MOVILIZACIÓN POPULAR:

EL FRENTE ANTIIMPERIALISTA

 

No hay posibilidades de avanzar sólidamente en el desarrollo del poder local sin constantes avances en la unidad y movilización más amplia de las masas populares. Este es un problema crucial que será resuelto mediante una sabia combinación de avances en la movilización política de masas por abajo con una correcta política de acuerdos entre las distintas organizaciones obreras y populares6.

La movilización patriótica y democrática de las más amplias masas del pueblo argentino tiene ya una importancia fundamental. Aprovechando todos los resquicios legales, la lucha democrática, patriótica, antiimperialista, constituye un segundo frente desde el que se hostigará al régimen capitalista-imperialista desplegando con energía la violencia política de todo el pueblo, impulsando la intervención de las más amplias masas en la lucha revolucionaria, garantizando la íntima vinculación de las fuerzas políticas y militares clandestinas con el conjunto del pueblo trabajador, fuente inagotable de recursos morales y materiales para las necesidades de la guerra popular. La unidad y movilización patriótica de todo el pueblo requiere la construcción de una herramienta política orgánica que la centralice, organice, impulse y oriente. Es el Ejército Político de las masas, el Frente Antiimperialista que es necesario organizar en el curso mismo de la movilización, como propulsor y resultado de la intensa actividad política, legal, semilegal y clandestina de las más amplias masas populares.

Este Frente Antiimperialista, a partir de experiencias como la del FAS, debe enraizar orgánicamente en las masas con su política patriótica y revolucionaria, contener en su seno la mas amplia gama de organizaciones representativas, partidos y corrientes políticas socialistas, peronistas, radicales, cristianos, etc., sindicatos y agrupaciones sindicales antiburocráticas, centros y federaciones estudiantiles, uniones, ligas y federaciones campesinas, asociaciones y federaciones villeras y barriales, federaciones de aborígenes, organizaciones juveniles y femeninas, comisiones de solidaridad con los presos, etc. etc.

No es ésta una tarea sin dificultades. Requiere partir de un amplio espíritu unitario, solidario y de servicio incondicional a la causa del pueblo. Pero la heterogeneidad social del Frente Antiimperialista producirá sin duda dificultades y luchas interiores que necesitan un tratamiento paciente y constructivo. Unidad frente al enemigo y lucha ideológica y política en el interior de la alianza, es una característica esencial del Frente Antiimperialista porque desde el momento que agrupa o tiende a agrupar al conjunto del pueblo, a la clase obrera, la pequeña burguesía urbana, el campesinado pobre y los pobres de la ciudad, y en ciertos períodos hasta sectores de la burguesía nacional media, contra el enemigo común, no puede evitarse una aguda lucha de clases en su seno. Pero esta lucha de clases tiene un carácter ideológico y político pacífico, que puede y debe resolverse sin la ruptura de la unidad; es una contradicción no antagónica en el seno del pueblo que puede y debe solucionarse mediante la crítica, la autocrítica y la educación revolucionaria. Sin embargo tiene una importancia capital, porque sólo la hegemonía del proletariado en la conducción del Frente Antiimperialista puede garantizar la persistencia de una correcta línea de movilización de masas y desarrollo del poder local en el marco de la victoriosa política de guerra revolucionaria.

Ese mismo Frente Antiimperialista que debemos construir a partir de la experiencia del FAS y otras organizaciones similares, es quien deberá motorizar la organización del poder local, tomando en sus manos, a partir del consenso popular, la organización de las masas de la zona y la construcción de los consejos o asambleas soberanas con delegados de los distintos sectores de la población. Para ello se requiere pericia, preparación, intercambio de experiencias y un trabajo revolucionario bien organizado que prevea las distintas cuestiones relacionadas, que forme los cuadros necesarios, etc. etc. El Frente Antiimperialista debe reunir y organizar los inmensos recursos de las más amplias masas y colocarlos al servicio de la lucha revolucionaria por el poder, del desarrollo del poder local, hacia la preparación de la victoriosa insurrección general del pueblo argentino.

La unidad y movilización patriótica de nuestro pueblo se agigantará paralela al desarrollo de la lucha reivindicativa de las masas y de la creciente envergadura de las actividades revolucionarias clandestinas políticas y militares. El conjunto de estas luchas, que interrelacionadas constituyen la aplicación de una línea de guerra revolucionaria, permitirán poner de pie a centenares de miles de argentinos que apoyados por millones constituirán una poderosa fuerza revolucionaria capaz de derrotar a los capitalistas, a sus fuerzas armadas contrarrevolucionarias y despojarlos definitivamente del poder. Capaz de establecer un Gobierno Revolucionario Obrero y Popular, de destruir en sus cimientos el sistema de explotación y opresión burgués-imperialista, e iniciar la construcción de la Nueva Patria Socialista, abriendo así un largo período de libertad y felicidad para nuestro querido pueblo.

 

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL EJERCITO DEL PUEBLO.

 

Después de más de tres años de combate urbano, nuestro pueblo ha iniciado la construcción de unidades guerrilleras urbanas y rurales estructuradas en una perspectiva de fuerzas regulares. A partir de esa experiencia y de los recursos acumulados, los argentinos estamos hoy en condiciones de avanzar con rapidez en la construcción de un poderoso ejército guerrillero.

En un primer período inmediato que posiblemente lleve varios años, debemos abocarnos a la organización de unidades locales pequeñas y medianas, a nivel de compañía, batallón y regimiento, íntimamente unidas al desarrollo del poder local, capaces de enfrentar triunfalmente, con el apoyo de la población, cualquier ataque de las fuerzas represivas. De esas unidades locales han de surgir en el futuro, las brigadas y divisiones del Ejército Revolucionario del Pueblo regular que respaldará la victoriosa insurrección general del pueblo argentino.

Como parte del ejercicio soberano del poder por el pueblo en determinadas zonas, se crearán milicias de autodefensa obreras y populares que al encargarse progresivamente por sí solas de garantizar efectivamente la defensa de su zona ante los embates represivos, harán posible que las compañías, batallones y regimientos guerrilleros se liberen de sus obligaciones locales y avancen en su transformación en brigadas y divisiones regulares, brazo de acero del pueblo revolucionario. La formación de las milicias de autodefensa, fuente asimismo de combatientes y cuadros militares para las fuerzas regulares, es un problema serio, delicado, que exige una política prudente, reflexiva, consistente. Los espontaneistas, con su irresponsabilidad y ligereza característica gustan plantear sin ton ni son ante cada movilización obrera y popular por pequeña y aislada que sea, la formación inmediata de milicias de autodefensa. Naturalmente que para ellos es sólo una palabra con la que pretenden colocarse a la izquierda de nuestro Partido en el terreno de la lucha armada y no existen riesgos de que lleguen a concretarlo. Pero sectores proletarios y populares de vanguardia, plenos de combatividad, pueden caer bajo la influencia de esta hermosa consigna y llegar a la formación apresurada de tales milicias exponiéndose y exponiendo prematuramente a sectores de las masas a los feroces golpes de la represión con resultados contraproducentes. Las milicias de autodefensa son parte esencial en el armamento obrero y popular, constituyen sólidos pilares en la edificación de las fuerzas armadas revolucionarias, pero por su amplio carácter de masas sólo pueden surgir de una profunda y total movilización del pueblo en zonas de guerrilla o zonas liberadas.

En la construcción de las fuertes unidades guerrilleras del presente, esfuerzo que se nutrirá del generoso aporte de la clase obrera y el pueblo, tienen responsabilidad fundamental las actuales organizaciones y grupos armados, principalmente nuestro ERP que cuenta con mayor experiencia de combate. Unificar los esfuerzos de edificación guerrillera luchando contra la dispersión, el sectarismo y el individualismo es una tarea que tenemos por delante y que correctamente solucionada facilitará la formación de las unidades necesarias, al centralizar todos los recursos disponibles. Porque construir una fuerza militar como la que necesitamos, más aún en las condiciones de dominación capitalista y frente a un enemigo relativamente poderoso, es una tarea realizable pero difícil y compleja. Es una tarea perfectamente realizable como nos ha demostrado la experiencia al llegar ya a la constitución de compañías que con su logística (servicios) incluyen más de un centenar de combatientes y tienen mayor capacidad de combate que las unidades similares del ejército opresor, y como nos demuestra la gloriosa experiencia vietnamita en que en un país de 15 millones de habitantes frente a un ejército de ocupación de más de un millón de hombres, lograron liberar más del 90 porciento del país, defender esas zonas liberadas con milicias de autodefensa y construir poderosas divisiones que aniquilaron -sin contar con aviación- a las mejores tropas norteamericanas obligando a retirarse derrotado al ejército contrarrevolucionario más poderoso de la tierra. Pero si bien es posible, requiere grandes sacrificios, enormes recursos y mucha destreza, requiere el aporte decidido de la clase obrera y el pueblo, la unificación de los esfuerzos revolucionarios, una correcta política de masas y una sabia línea militar de masas. En una palabra requiere la activa participación de amplios sectores de la clase obrera y el pueblo, el aporte de distintas corrientes populares y la firme dirección de un partido marxista-leninista de combate.

 

 

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES

 

“Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha sido coronada por una gran victoria, ha sido gracias a los factores que acabamos de enumerar, pero ante todo porque fue organizada y dirigida por el Partido de la clase obrera: El Partido Comunista Indochino hoy convertido en Partido de los Trabajadores de Vietnam. Fue éste el que, a la luz del marxismo-leninismo, procedió a un análisis certero de la sociedad vietnamita y de la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros, para definir las tareas fundamentales de la revolución nacional democrática popular y decidir el comienzo de la lucha armada y la línea general de la guerra de liberación: la resistencia prolongada, la libertad por el propio esfuerzo. Resolvió certeramente los diversos problemas planteados por la organización y la dirección de un Ejército Popular, de un poder popular, de un Frente Nacional Unido. Inspiró al pueblo y al ejército un espíritu revolucionario consecuente e inculcó a toda la nación la voluntad de superar todas las dificultades, soportar todas las privaciones y llevar hasta el fin la larga y dura resistencia”7 .

Los argentinos contamos también con el núcleo fundamental de un Partido similar, del partido proletario de combate que llevará al triunfo nuestra revolución antiimperialista y socialista. Es el PRT, forjado en nueve años de dura lucha clandestina, antidictatorial, antiimperialista y anticapitalista, que cuenta hoy día con sólida estructura nacional, varios miles de miembros activos, varios centenares de cuadros sólidos, tradición y experiencia de combate, correcta línea política estratégica y táctica, marcadas características y moral proletaria y una profunda determinación de vencer afrontando todos los sacrificios necesarios. Pero nuestro Partido encuentra aún grandes dificultades para cumplimentar eficazmente su misión revolucionaria. Ello se debe principalmente a insuficiencias en la penetración orgánica en el proletariado fabril, débil composición social que alcanza a sólo a un 30 porciento de obreros fabriles, insuficiente habilidad profesional en la ejecución de las tareas revolucionarias y limitado número de miembros organizados. En el curso de las presentes y futuras luchas del proletariado y el pueblo, nuestro Partido sabrá conquistar la total confianza de la vanguardia obrera y popular, despertar y canalizar la decisión revolucionaria de los mejores hijos de nuestro pueblo para superar sus limitaciones actuales y responder cabalmente a sus responsabilidades, ejecutar con honor su papel de motor, centralizador y dirigente del conjunto de la lucha revolucionaria.

La construcción del PRT, tarea capital de todos los revolucionarios argentinos, principalmente de los obreros de las grandes fábricas, pasa por el desarrollo de las zonas y de los frentes fabriles. Formar células en las grandes fábricas, influir o dirigir la lucha reivindicativa del proletariado, llegar constantemente con hábil propaganda de Partido al conjunto de los obreros fabriles, incorporar y organizar en el Partido decenas de obreros en cada fábrica grande, es el punto de partida actual para el sano e impetuoso desarrollo necesario, para que el PRT esté en condiciones de jugar su rol dirigente y organizador. De las grandes fábricas saldrán el grueso de los principales cuadros y dirigentes de nuestro Partido, como han salido parcialmente hasta hoy.

Como se ve todo este esfuerzo no depende sólo de la constancia y voluntad de nuestros militantes; tienen también enorme responsabilidad los elementos de vanguardia del proletariado, cuya conciencia, fidelidad a la causa y firme determinación serán decisivos en la construcción del Partido que necesitamos. Porque el PRT padece de una gran escasez de cuadros, la disposición de los elementos de vanguardia a organizarse por su propia cuenta es vital para conseguir rápidos avances en la multiplicación de nuestras fuerzas revolucionarias. Cada obrero de vanguardia, cada revolucionario de origen no proletario, cada nuevo compañero que se ligue a nuestra organización, tiene la responsabilidad de aportar lo máximo de si en su rápida integración y en la construcción de las células de su frente fabril o de su zona.

Con el cálido respaldo de nuestro pueblo y la decidida intervención de la vanguardia obrera y popular, el PRT aumentará sustancialmente sus fuerzas en el próximo período, y se pondrá en condiciones de dar solución en la práctica a los complejos problemas de nuestra revolución.

 

 

NUESTRA REVOLUCIÓN TRIUNFARA

 

En este breve folleto hemos visto como se sostiene la burguesía en el poder utilizando tanto el engaño como la represión, sirviéndose hoy del parlamentarismo, mañana del bonapartismo militar. Hemos visto como en la actualidad, fracasado el intento parlamentario peronista, la burguesía se apresta a intentar un nuevo engaño con un golpe o autogolpe militar de tinte peruanista. Hemos llegado a la conclusión de que debemos lograr a toda costa que nuestro pueblo no vuelva a caer en el engaño y en lugar de abrigar esperanzas en los militares sepa desde el principio que la lucha revolucionaria debe continuar e intensificarse.

Hemos visto más adelante, que estamos ante la apertura de una situación revolucionaria en la cual la lucha por el poder comienza a ser posible. Hemos visto finalmente que el camino para avanzar hacia la conquista del poder por medio de la insurrección armada general del pueblo argentino, pasa por el desarrollo del poder dual, por el poder local en las zonas de guerrillas y zonas liberadas, por la unidad y movilización de todo el pueblo, por la construcción de un Frente Antiimperialista de masas, un poderoso ejército guerrillero y un sólido Partido Marxista-Leninista de combate, el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Estas sencillas y fundamentales conclusiones que iluminan nuestra actividad futura; estas inmensas posibilidades y responsabilidades de la actual generación de revolucionarios argentinos, es una semilla que germinó regada por la generosa sangre de más de un centenar de héroes y mártires caídos en el combate, en la tortura o en el frío asesinato policial y militar. Ellos son la expresión máxima de combatividad y entrega revolucionarios de nuestro pueblo, del heroísmo del pueblo argentino, que ha logrado abrir ya un ancho y seguro camino para el triunfo de la revolución socialista y antiimperialista: el victorioso camino de la guerra popular revolucionaria.

Nos esperan arduas tareas y grandes sacrificios. Hemos de lanzarnos a afrontarlas plenos de determinación revolucionaria, de fe en la capacidad y decisión de nuestro pueblo, de confianza en el seguro triunfo de nuestra revolución. De hoy en más, menos que nunca, no habrá sacrificios vanos, esfuerzos desperdiciados, esperanzas frustradas. Sabemos por qué y cómo combatir, contamos con las herramientas básicas que necesitamos, sólo nos resta afilarlas y mejorarlas incesantemente, ser cada día más hábiles en su empleo, conseguir que nuevos y numerosos contingentes de militantes en todos los puntos del país, utilicen con vigor esas mismas herramientas revolucionarias.

Al igual que en la guerra de la primera independencia los revolucionarios argentinos no estamos solos. La responsabilidad de expulsar al imperialismo yanqui de América Latina y derribar el injusto sistema capitalista es compartida por todos los pueblos latinoamericanos y cuenta con el apoyo y la simpatía de todos los pueblos del mundo. Más no solamente por enfrentar al mismo enemigo estamos hermanados. Nuestro Partido ha llegado ya a la convergencia teórica y práctica, a la unidad, con el MLN Tupamaros de Uruguay, el MIR de Chile, el ELN de Bolivia, en la Junta de Coordinación Revolucionaria.

En la mayor parte de los países capitalistas latinoamericanos sometidos a la dominación del imperialismo yanqui, los pueblos mantienen una lucha enconada y han acumulado valiosas experiencias revolucionarias. Es cierto que se han sufrido dolorosas derrotas en la mayoría de nuestros países. Pero esas mismas derrotas han sido fuente de profundas reflexiones, de fundamentales aprendizajes, y en el seno de las masas y de sus vanguardias maduran dinámicos elementos que anuncian la generalización de un poderoso auge de luchas revolucionarias en varios de nuestros países, favorecido por la profunda crisis de la economía capitalista latinoamericana.

Tal es el marco en que se librará la lucha revolucionaria en nuestra patria, enriquecida y apoyada por el desarrollo paralelo de similares experiencias de nuestros hermanos latinoamericanos.

Como San Martín y Bolívar y como el Che, como revolucionarios latinoamericanos, los mejores hijos de nuestro pueblo sabrán hacer honor a nuestras hermosas tradiciones revolucionarias, transitando gloriosamente sin vacilaciones por el triunfal camino de la segunda y definitiva independencia de los pueblos latinoamericanos.

 

 

 

 


 

1 Vladimir Ilich Úlianov (Lenin) nació el 22 de abril de 1870 en la ciudad de Simbirsk. Fue el fundador del Partido Bolchevique ruso. Bajo su dirección este Partido se convirtió en la dirección de la vanguardia rusa y acaudilló al conjunto del proletarido y al pueblo en la gran Revolución de Octubre, que transformó a Rusia en el primer estado socialista del mundo.

Magistral conductor de la revolución rusa, es merecidamente considerado el líder del proletariado mundial, fue un ardiente internacionalista: la importancia que daba a esta cuestión, lo llevó a crear la Internacional Comunista luego de la bancarrota de la Segunda Internacional. Murió el 21 de enero de 1924.

2 V.I. Lenin, “El Estado y la Revolución”. Obras completas, Tomo 24, página 56, Edit. Cartago.

3 PRT. Resoluciones del CE de abril de 1971 publicadas en el libro del V Congreso pag. 161.

4 “Una definición contrarrevolucionaria” Editorial de “El Combatiente” del 29-2-72

5 Carta a la FAR enviada en enero de 1973.

6 Remarcamos este doble carácter de la actividad política del Frente Antiimperialista: a) organización, movilización, penetración por la base; b) acuerdos por arriba de organización a organización. Estos dos aspectos están interrelacionados y deben ser armonizados sobre la base del primero que es el principal. Un trabajo revolucionario de Frente Antiimperialista que no eche raíces en las masas no tiene consistencia. Y si no contempla con flexibilidad los acuerdos por arriba retrasa su desarrollo y tiende a sectarizarse.

7 Gral. Giap “Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo”, pág. 49.

 

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