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CATEDRA
LIBRE ERNESTO CHE GUEVARA
Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo
Clase abierta del 19 de julio
de 2002:
“LOS
GUEVARISTAS ARGENTINOS:
MARIO
ROBERTO SANTUCHO”
Claudia Korol:
Buenas noches y bienvenidos. En
esta clase invitamos a Daniel De Santis, que además de haber
compartido la militancia con Robi [Mario Roberto Santucho],
investigó después, recopiló documentación, e hizo un libro: “A
vencer o morir”
[A vencer o
morir. PRT-ERP Documentos. Selección e Introducción de
Daniel de Santis. Buenos Aires, Editorial Universitaria de
Buenos Aires-EUDEBA, 1998 (Tomo I) y 2000 (Tomo II)].
Es una recopilación muy
minuciosa de la documentación sobre la experiencia del PRT, que
consta de dos tomos. Obviamente, ese trabajo también implica una
reflexión sobre la experiencia de la cual participó en su
momento con Robi, y sigue participando como militante
revolucionario en la actualidad en cada una de nuestras luchas.
Daniel fue miembro
del Comité Central del PRT-ERP, compañero de Santucho y fue un
dirigente obrero de masas, en importantes luchas, sobre todo en
la ciudad de La Plata. Así
que nos parecía importante poder tener también en la Cátedra
este momento para compartir y reflexionar juntos sobre esto.
Néstor Kohan:
Buenos Noches. La
idea de la clase de hoy, que es también un modo de expresar
nuestro homenaje cuando se cumplen 26 años de su asesinato,
contribuyendo a los muchos homenajes y recordatorios que se van
a realizar, consiste en tratar de discutir los núcleos centrales
del pensamiento teórico y político, y la práctica también, de
Mario Roberto Santucho [1936-1976]. Para no quedarnos en un
mito. Porque así como la derecha intenta convertir a nuestros
mejores compañeros en mitos - ya lo habíamos conversado y
discutido en el caso del Che - también con Santucho pasa algo
análogo, aunque seguramente no al mismo modo del Che porque
nadie usaría remeras con la cara de Robi...ya que Santucho sigue
siendo un personaje endemoniado, digamos, para la sociedad
oficial argentina. Pero un poco, la derecha ha construido el
mito de Santucho..., el “tira-bombas”, el “tira-tiros”..., y
entonces a veces los sectores populares, para contrarrestar y
responder a esa visión derechista, terminan levantando esa misma
imagen de Santucho, aunque invertida, sin atender al conjunto de
su obra y de su personalidad.
Nosotros pensamos
que en la tradición marxista, la lucha político-militar
en la que Santucho entregó su vida es siempre - o debería
serlo - prolongación de una lucha política y de un
pensamiento político, y no al revés.
Entonces, hoy nos
interesa discutir las categorías políticas que estructuraban la
visión del mundo de Robi y cómo fueron cambiando también...
porque nadie nace ni marxista, ni socialista, ni comunista, ni
revolucionario, sino que se va construyendo como tal.
Por eso nos
interesaba discutir el pensamiento real de Santucho y en ese
sentido son tan útiles estos libros de documentos reunidos por
Daniel De Santis - realmente los recomendamos - porque si no
existieran, sería prácticamente imposible conseguir esos
documentos de la historia del PRT.
Y una aclaración
más, antes de ir directamente al tema: la relación de Santucho
con el guevarismo en general, y con el Che en particular, no es
una relación directa, en el sentido que Santucho nunca conoció
personalmente al Che.
Nosotros ponemos
el énfasis en una relación política y en la continuidad
de una línea ideológica, no en la cuestión biográfica de
si conversó o tomó café con el Che. Porque en el mismo sentido,
a Marx, Lenin no lo vio nunca, jamás se sentó a tomar cerveza
con Marx, ni con Engels. Sin embargo, pocos pondrían en
discusión que entre ellos existe una continuidad. En el caso de
la relación de Santucho con el Che pasa lo mismo, a nivel
biográfico quizás nunca se cruzaron pero hay una trayectoria
político-ideológica...
Una de las
hipótesis de trabajo que se podría plantear es que Santucho
forma parte del marxismo latinoamericano, es parte de su
historia, de una historia que - como venimos discutiendo en la
Cátedra - no nace en los años ’60 sino que es muy anterior y se
nota en la primera formación ideológica de Robi.
Entre los muchos
hermanos de la familia Santucho, uno de ellos, Amílcar, era del
Partido Comunista. Otro de ellos que tuvo mucha más influencia
sobre Roberto, Francisco René, era indigenista, “aprista”,
seguidor del APRA [Alianza Popular Revolucionaria Americana,
organización política peruana surgida en la década de 1920 que
sigue existiendo en la actualidad]. ¿Se acuerdan que habíamos
visto entre los antecedentes del pensamiento del Che, las
polémicas de los años ’20 entre José Carlos Mariátegui y Víctor
Raúl Haya de La Torre?
Bueno, Francisco
René, dirigía una librería en Santiago del Estero y publicaba
una revista llamada “Dimensión”. Este hermano de Robi
estaba muy influido por la ideología de Haya de La Torre, en sus
comienzos. Por ejemplo, en uno de sus textos iniciales
[Francisco René Santucho: Integración de América Latina.
Santiago del Estero, Cuadernos Dimensión, 1959] él hablaba de
nuestro continente llamándolo “Indoamérica” y no Latinoamérica.
En una nota al pie
de ese trabajo, Francisco René explica porqué le llamaba
Indoamérica, del siguiente modo: “Preferimos indoamericano a
latinoamericano o hispanoamericano, por las mismas razones
aducidas por los apristas peruanos generalizadores del término.
Creemos como ellos que así se define mejor una peculiaridad que
hoy se da en el hemisferio”.
De este modo, el
primer guía intelectual de Mario Roberto Santucho sigue casi al
pie de la letra a los discípulos de Haya de La Torre. Su
razonamiento es el siguiente: el componente fundamental de este
continente es indígena, por lo tanto vamos a hablar siempre de
Indoamérica. De ahí que la primera organización política en la
que participan estos hermanos (Francisco René y Mario Roberto)
se llama Frente Revolucionario Indoamericanista Popular (FRIP).
Francisco René es el hermano - me parece a mí - que más
influencia tiene sobre Roberto.
Esta tradición de
pensamiento indoamericanista también está presente en otros
revolucionarios latinoamericanos de aquella época. El
indoamericanismo se planteó principalmente a nivel
historiográfico, es decir, a la hora de explicarse la propia
historia de América Latina. Porque dejemos bien en claro que
esta generación, la generación de Robi Santucho y sus compañeros
y compañeras, no se lanzó a la pelea y a la lucha armada ni
arriesgó la vida porque le surgió repentinamente un “delirio
mesiánico” - como nos dice toda la derecha -, o porque era
“foquista” –como nos dice alguna parte de la izquierda - , sino
porque había hecho un meditado análisis previo de la historia
del continente y de sus condiciones políticas.
Entonces, tratando
de ver qué herramientas utilizaban a nivel historiográfico para
explicarse la historia de Indoamérica, uno encuentra que, además
de los textos de Haya de La Torre, también utilizaban los libros
de Juan José Hernández Arregui, que era un escritor del
interior de nuestro país, un hombre muy erudito, especialista en
la cultura griega.
Hernández Arregui
tenía una hipótesis muy fuerte, era muy crítico de la ciudad de
Buenos Aires. Sostenía que Buenos Aires era una “ciudad-puerto
de espaldas al país y de cara a Europa”, en cambio el interior
era explotado, el interior... era Indoamérica. Buenos Aires
pertenece a Europa. Aunque, a diferencia de Haya de la Torre,
Hernández Arregui era muy hispanista, él defendía mucho la
herencia española (esa era una diferencia importante con los
indoamericanistas). Muy bien, en los orígenes del FRIP
encontramos esta idea de que Buenos Aires está de espaldas al
país. No se dice que es “una ciudad burguesa” pero más o
menos..., y también nos encontramos con la idea que la
vanguardia revolucionaria se encuentra en el noroeste Argentino.
En esos primeros
documentos del FRIP de inicios de los ’60 y en esa primera
formación ideológica también se utilizaban categorías de Silvio
Frondizi, un sociólogo e historiador que al igual que el
anterior era crítico del tipo de desarrollo del capitalismo
argentino. Pero a diferencia de Hernández Arregui, Silvio
Frondizi no era peronista. Cuestionaba muy duramente la supuesta
“progresividad” de la burguesía nacional y en consecuencia del
peronismo.
El FRIP se unifica
alrededor del año 1965 con un grupo político trotskista que se
llama “Palabra Obrera”, encabezado por Hugo Miguel Bressano,
que es el seudónimo de Nahuel Moreno. Esta agrupación pertenecía
a la Cuarta Internacional.
Ahí nace el PRT
como organización, y a partir de ese momento -al menos eso me
parece a mí - en los escritos de Santucho y en su ideología hay
un cambio, se produce una transformación. La Cuarta
Internacional tenía en aquella época como principal dirigente al
belga Ernest Mandel, el célebre economista. En aquellos momentos
Moreno estaba unido con Mandel, después rompen entre sí en una
dura polémica.
Entonces, a la
hora de explicarse cómo fue y es nuestro continente, cómo es la
Argentina, también se produce un cambio en los escritos y en la
ideología de Santucho. Aparece la presencia de otro historiador,
que era un militante orgánico de Palabra Obrera vinculado a
Moreno: Milcíades Peña.
Peña era un joven,
muy joven - porque se suicidó a los 32 años -, pero dejó una
obra muy interesante, muy distinta de la historiografía
tradicional, tanto de la historiografía liberal burguesa como
también de la historiografía oficial del Partido Comunista en
los escritos de Leonardo Paso, por ejemplo, o de la izquierda
peronista como Rodolfo Puiggrós. Entonces el joven Santucho
adoptaba de la obra historiográfica de Milcíades Peña y de la
sociología de Silvio Frondizi una idea central. Esa idea giraba
en torno a la incapacidad de la burguesía “nacional” argentina
para emancipar nuestro país.
La burguesía
nacional argentina no podía encabezar la independencia. Que
nosotros somos todavía hoy un país dependiente creo que está
fuera de discusión. ¡Hoy en día más que nunca!. Nosotros
seguimos pensando que la dependencia constituye una de las
principales características de la formación social capitalista
argentina, a pesar de que el término “dependencia” ya no está de
moda en la literatura universitaria local (como sí lo estaba en
los ’60, los años de Santucho).
El problema
central de la discusión política de aquella época, que también
surge - con otro ropaje y con otros personajes - en nuestra
época, que vuelve hoy en día, es si la burguesía local puede o
no puede encabezar los cambios pendientes y necesarios para
resolver la crisis del país. A partir de la explicación que
demos de ese problema y de la respuesta que proporcionemos a esa
pregunta política se derivan un conjunto de posiciones
políticas.
Entonces Robi
Santucho, a partir de las tesis de Milcíades Peña, a partir de
los escritos de Silvio Frondizi, empieza a plantear que la
burguesía nacional no podía encabezar los cambios. No se podía
entonces seguir pensando ingenuamente en términos de un gran
“frente nacional” con la burguesía a la cabeza...(fíjense que
aunque este debate está marcado a inicios de los ’70 por el
regreso de Perón de su exilio en España y por la formación de un
gran frente peronista que le entrega el ministerio de economía a
un sector “nacional” de la burguesía local como es el caso de
Gelbard –previo pacto social y freno a toda la movilización de
los trabajadores clasistas – ese mismo tipo de planteo reaparece
ahora, en el año 2002, con otros personajes, con otros
políticos, con otros militares, pero con la misma liturgia
populista y con los mismos planteos...).
¿Qué diferencia
había entre los escritos de Roberto Santucho y los de Milcíades
Peña? Principalmente que este último – Peña – mantenía un
planteo totalmente impregnado por el antiperonismo, ya que
proponía la tesis que “Perón era un agente inglés”.
El PRT adopta cierto tipo de
explicaciones de Peña, pero no acepta completamente esa visión
ya que en un escrito del PRT - “El peronismo, ayer y hoy”
[Ediciones El Combatiente, agosto de 1971]- se plantea
que se adopta la tesis de Peña, pero sin caer... en el
“gorilismo de izquierda”.
En los escritos del PRT emerge
también la presencia de otra historiografía. Y esto sí llama
poderosamente la atención. Es la historiografía de Bartolomé
Mitre. ¿Por qué llama la atención? Pues porque como sabemos, la
versión de Mitre constituye la versión oficial de la historia
argentina, la que se enseña todavía hoy en las escuelas. Pero
¿qué adoptaban los militantes del PRT de esta historiografía
tradicional?
Algo que, paradójicamente,
resulta muy interesante: cómo estos historiadores burgueses
reaccionarios (principalmente Mitre, aunque también deberíamos
agregar a Vicente Fidel López, en el siglo XIX y Ricardo Levene
en la primera mitad del siglo XX) describen la campaña del
ejército de San Martín, cómo describen... la guerra de
guerrillas. Realmente, si alguna vez lo pueden leer vale la
pena, es hasta muy entusiasmante. Cuando ellos hablan del
Ejército de los Andes, cuando San Martín envía a organizar una
guerra de guerrillas en la retaguardia española, digamos que era
muy “atractivo” para esta izquierda revolucionaria que se
planteaba continuar la lucha inicial de San Martín y Bolívar...,
y sobre todo el papel jugado en la lucha guerrillera contra los
colonialistas españoles por Martín Miguel de Güemes, Juana
Azurduy, y otros revolucionarios nuestros de principios del
siglo XIX. Seguramente estos historiadores burgueses, de
tradición liberal, todavía en el siglo XIX se podían dar el lujo
de alabar aquellas campañas militares independientistas porque
la tarea por delante que esta burguesía tenía entonces – segunda
mitad del siglo XIX - era legitimar la construcción de un
Estado-nación y construir los relatos fundantes de un origen
heroico. Luego, en el siglo XX, sobre todo en su segunda mitad,
ante le emergencia de una izquierda revolucionaria que se
planteaba en primera instancia la lucha por el poder, ya no
podían darse ese lujo...
Pero los compañeros del PRT
supieron leer bien, leer entre líneas, en esa historiografía
burguesa, en esa historiografía tradicional y reaccionaria y
encontrar los relatos de aquel primer ejército continental de
San Martín y sus compañeros.
Dicho como nota al pie: según
recuerda Pombo [Harry Villegas Tamayo, sobreviviente de la
guerrilla del Che en Bolivia, hoy general de brigada de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba], que luchó junto al
Che Guevara en Cuba, en el Congo y en Bolivia, Guevara – al
igual que el PRT - también le daba para leer a sus compañeros, a
sus combatientes internacionalistas de Bolivia, los relatos de
las guerras independientistas sobre Juana Azurduy y sus
guerrilleros. También en esto Santucho fue un guevarista
consecuente...
Otra fuente
ideológica de la que se nutrió Santucho fue Lenin. Como era
obvio, ya habiendo cortado amarras definitivamente con Haya de
La Torre, Santucho empieza a tener una lectura mucho más
leninista, más “clásica”, si se quiere, sobre el papel de
América Latina. La crítica explícita contra Haya de la Torre ya
la formula Francisco René Santucho en su trabajo “Lucha de
los pueblos indoamericanos” [publicado en 1963 en el
periódico Norte Argentino]. Allí se plantea que los
aciertos iniciales del APRA: “se ven traicionados ahora por
la debilidad de su propio líder que ha entrado en compromisos
con regímenes reformistas cómplices del imperialismo”. A
partir de esa ruptura con el populismo aprista se abre en el
horizonte ideológico de Robi la posibilidad de apropiarse de la
tradición teórico-política de Lenin.
Como ustedes
saben, Lenin escribió en 1916 “El imperialismo fase superior
del capitalismo” y ahí habla de nosotros, de la Argentina.
Dice textualmente: “No sólo existen los dos grupos
fundamentales de países – los que poseen colonias y las colonias
--, sino también, es característico de la época, las
formas variadas de países dependientes que, desde un punto de
vista formal, son políticamente independientes, pero que en
realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia
financiera y diplomática. A una de estas formas de dependencia,
la semicolonia, ya nos hemos referido. Un ejemplo de otra forma
lo proporciona la Argentina [...] No es difícil imaginar
qué sólidos vínculos establece el capital financiero – y su fiel
«amiga», la diplomacia – de Inglaterra con la burguesía
argentina, con los círculos que controlan toda la vida económica
y política de ese país”.
¿En qué se basaba
Lenin para proporcionar semejante descripción y explicación de
la Argentina? Pues una de sus tesis principales sostenía que el
desarrollo del capitalismo mundial nunca es chato, ni plano, ni
liso ni homogéneo. Los países y sociedades capitalistas no
están en el mismo rango ni son equiparables entre sí, como hoy
sostiene erróneamente, por ejemplo, Toni Negri en su Imperio
cuando plantea que entre Estados Unidos y Brasil, la India e
Inglaterra... “sólo hay diferencias de grado”. Por el contrario,
Lenin tenía la hipótesis de que el capitalismo a nivel mundial
se expandía en forma asimétrica, según un desarrollo desigual
que generaba países y sociedades metropolitanas y dependientes,
cuyas diferencias no son sólo de grado – es decir:
cuantitativas, mayor o menor cantidad de capitalismo y
desarrollo -- sino que son diferencias cualitativas.
El PRT adopta esta
tesis de Lenin, y plantea que el desarrollo interno del
capitalismo argentino también es notoriamente desigual y origina
zonas metropolitanas y zonas periféricas y/o dependientes. O sea
que no es lo mismo el desarrollo del capitalismo en la
Mesopotamia que en el Noroeste. Así, por ejemplo, en el folleto
“El proletariado rural detonante de la revolución argentina”
[Tesis políticas del FRIP, editado en 1964 en el periódico
Norte Argentino] se sostiene que: “El imperialismo, al
introducirse como factor estructural en el desarrollo de la
economía argentina promoviendo la seudoindustrialización, ha
acentuado los desniveles regionales, al desarrollar
unilateralmente la zona portuaria en detrimento del Interior”.
Obviamente, este
tipo de caracterización se basaba en la teoría del desarrollo
desigual de Lenin. Pero le agregaba un matiz específico cuando
hacía referencia a la “seudoindustrialización”. ¿De dónde
tomaban esa visión tan crítica de la industria argentina? Pues
de las tesis historiográficas de Milcíades Peña. No casualmente
la primera de estas tesis políticas del FRIP, combinando la
teoría del imperialismo de Lenin con la visión de Peña, sostenía
que “La República Argentina es un país semicolonial
seudoindustrializado”. A continuación, la segunda tesis
agregaba: “La burguesía nacional en su conjunto es incapaz de
luchar por la liquidación de la dependencia de nuestra patria”.
Así como Lenin
defendía la tesis de que la explosión iba a surgir en “el
eslabón más débil de la cadena imperialista”, Santucho planteaba
por analogía que en la revolución argentina el factor detonante
era el proletariado azucarero, ya que el capitalismo del
noroeste era de alguna manera “el eslabón más débil” dentro del
capitalismo argentino.
Y también, junto a
las categorías clásicas de Lenin, en el PRT se adoptaron en
determinado momento categorías de León Trotsky quien, como ya
habíamos planteado en las clases anteriores cuando analizábamos
su influencia en la visión del Che sobre el capitalismo
latinoamericano, en su Historia de la Revolución Rusa,
plantea una hipótesis que denomina “ley del desarrollo desigual
y combinado”. ¿En qué consiste? Pues en que nunca existen países
y sociedades capitalistas absolutamente homogéneos, compactos,
con un solo modo de producción, sino que en realidad hay
relaciones sociales de distintos modos de producción que están
combinadas entre sí. Algunas predominan sobre otras, pero están
combinadas. Puntualmente Trotsky sostiene que:
“Azotados por el látigo de
las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados
a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo
desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más
adecuado, calificaremos de ley del desarrollo desigual y
combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas
del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de
formas arcaicas y modernas”. Trotsky la denomina “ley” pero
en realidad – pensamos nosotros – habría que denominarla teoría
del desarrollo desigual y combinado, ya que conjuga diversas
hipótesis sobre el desarrollo histórico.
Entonces,– una vez
superada la influencia del APRA y el indigenismo, a los que
habría que agregar la influencia inicial de la Reforma
Universitaria y de varios intelectuales que realizan
conferencias en la librería de Santiago del Estero, dirigida por
Francisco René -- en el pensamiento político de la dirección del
PRT en general y de Mario Roberto Santucho en particular, se
conjugan las categorías sociológicas de Silvio Frondizi, las
historiográficas de Milcíades Peña, la teoría del marxismo
revolucionario clásico de Lenin y Trotsky y, por supuesto, la
enorme influencia de la revolución cubana y de la revolución
vietnamita.
Sería muy largo de
desarrollar y no tenemos tiempo, pero obviamente a todas estas
influencias las moldeó y las amalgamó en el caso del PRT el
guevarismo y el castrismo y también el pensamiento político de
Ho Chi Minh y Giap.
Para adelantar y
acortar –cronológicamente hablando- en nuestra exposición,
agregamos que luego viene la ruptura con Nahuel Moreno y la
fundación del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo],
en el V Congreso en 1970, donde el PRT se divide en el “PRT -
La Verdad” (encabezado por Moreno) y el “PRT - El
Combatiente” (encabezado por Santucho),. Ambos grupos toman
el nombre de acuerdo al periódico de cada uno.
Aunque tenemos que
ser breves, me parece interesante prestarle atención al
documento de la fundación del ERP. Las posiciones políticas de
este documento se nutren de toda la tradición clásica del
marxismo, que a su vez provienen de Clausewitz y de Maquiavelo.
Porque, a
principios del siglo XVI, el teórico florentino Nicolás
Maquiavelo sostenía en El príncipe y en los Discursos
sobre la primera década de Tito Livio que para unificar
Italia como una nación moderna, había que derrotar el predominio
de Roma – El Vaticano – y también había que terminar con la
proliferación de bandas armadas locales, los célebres
condottieri [combatientes mercenarios]. Maquiavelo
propone la formación de una fuerza militar republicana
completamente subordinada al príncipe, es decir, al poder
político. ¡Es la política, según Maquiavelo, la que manda sobre
lo militar y no al revés!. Más tarde, a inicios del siglo XIX,
el teórico prusiano Karl von Clausewitz vuelve a prolongar aquel
pensamiento defendiendo que “la guerra es la continuación de
la política por otros medios” [en su libro De la guerra].
A inicios del siglo XX, más precisamente en su exilio suizo
durante la primera guerra mundial [entre 1915 y 1916] Lenin,
mientras estudia la Ciencia de la Lógica de Hegel, lee y
anota detenidamente De la guerra de K.v.Clausewitz. Lenin
no es el único marxista en este sentido. Antonio Gramsci, en sus
Cuadernos de la cárcel, más precisamente a inicios de la
década de 1930, redacta “Análisis de situación y relaciones
de fuerza”, un pasaje de los Cuadernos de la cárcel
donde sostiene que la lucha político-militar y la guerra
constituyen un momento superior de las relaciones de fuerzas
políticas, que enfrentan en una situación a las clases y fuerzas
sociales.
Por lo tanto, en
toda esta tradición de pensamiento político, que se remonta a la
herencia republicana de Maquiavelo y, a través de la reflexión
de Clausewitz, es adoptada por los clásicos del marxismo, LA
LUCHA POLÍTICO-MILITAR ES LA PROLONGACIÓN DE LA POLÍTICA, NO AL
REVÉS.
En los documentos
de la fundación del ERP también aparece en primer plano UN
ANÁLISIS POLÍTICO de donde se deduce la necesidad de LA LUCHA
POLÍTICO-MILITAR y no al revés.
Creo que luego de
años de propaganda burguesa que intentó demonizar a los
revolucionarios argentinos y latinoamericanos, remarcar ese tipo
de pensamiento específicamente POLÍTICO resulta hoy
impostergable. Porque la generación de Santucho y sus compañeros
y compañeras no se lanzaron a la lucha político-militar de
manera “irracional”, “demencial” o “mesiánica”...como
acostumbran a escribir en los grandes medios de comunicación de
masas. No estaban deseosos de adrenalina. No eran “jóvenes
loquitos y aventureros” deseosos de vivir peripecias extrañas.
Existía en ellos un tipo de análisis específicamente POLÍTICO,
asentado como vimos muy sumariamente en un tipo de reflexión
sociológica e historiográfica sobre las contradicciones del
capitalismo argentino y la impotencia histórica de sus clases
sociales dirigentes y dominantes. Creo que para poder desmontar
la estrategia de descalificación de esa generación (a la que se
le puso un cartelito que decía más o menos así: “Demonios
subversivos” o también “Demonios terroristas”), tenemos que
volver a pensar despacito, bien detenidamente, estas cuestiones.
Me parece entonces
muy interesante focalizar la atención en una parte de esos
documentos de fundación del ERP. Porque los que no vivimos
aquella época nos sorprendemos cuando encontramos allí algo
completamente inesperado... En esos documentos políticos aparece
una crítica muy fuerte contra el foquismo y contra Regis
Debray.
¿Quién es Regis
Debray? Debray era un joven estudiante francés, discípulo del
filósofo Louis Althusser, que vino a Latinoamérica y después
escribió un artículo muy largo, en la famosa revista “Les
Temps Modernes” de Jean Paul Sartre: “El Castrismo: la
larga marcha de América Latina” . Entonces, este artículo
les gustó mucho a los cubanos. Lo invitaron a Cuba, y ahí, en
Cuba, escribe después un texto que pretende ser, digamos, la
“síntesis teórica” de la revolución cubana. Un texto que hoy en
día se utiliza para criticar a la revolución cubana y para
denostar al Che Guevara. El texto de Debray se titula:
“¿Revolución en la Revolución?”. Allí Debray realiza
una versión realmente caricaturesca de la revolución cubana.
Sostiene, entre otras cosas, que en Cuba no hubo casi lucha
urbana, que solamente hubo lucha rural, que la ciudad era
burguesa mientras que la montaña era proletaria y que, por lo
tanto, la revolución surge de un foco, de un pequeño núcleo
aislado. Así, de este modo, Debray hace la canonización y la
codificación de la revolución cubana en una receta muy
esquemática que se conoce como “la teoría del foco”. Esta
versión de Debray de la revolución cubana es muy utilizada hoy
en día para ridiculizar la teoría política del guevarismo...aún
cuando el mismo Debray ya no tiene nada que ver con esta
tradición, pues pasó a las filas de la socialdemocracia – en el
mejor de los casos y siendo indulgentes con él... -.
Es cierto que la
temática del “foco” está presente en los escritos del Che pero
de una manera muy diferente a la receta simplificada que
construye Debray. Nosotros creemos que en el Che los términos
“foco” y “catalizador” –con los que el Che hace referencia a la
lucha político-militar de la guerrilla, tienen un origen
metafórico proveniente de la medicina (la profesión original del
Che). El “foco” remite al...foco infeccioso que se expande en un
cuerpo humano.
Pero, más allá de
su origen metafórico, está muy claro que en el pensamiento
político de Guevara la concepción de la guerrilla está siempre
vinculada a la lucha de masas. Concretamente el Che
sostiene que: “Es importante destacar que la lucha
guerrillera es una lucha de masas, es una lucha del pueblo
[...] Su gran fuerza radica en la masa de la población”
[Ernesto Che Guevara: La guerra de guerrillas (1960)].
Más tarde, el Che vuelve a insistir con este planteo cuando
reitera: “La guerra de guerrillas es una guerra del pueblo,
es una lucha de masas” [Ernesto Che Guevara: “La guerra
de guerrillas: un método”, artículo publicado en Cuba
Socialista, septiembre de 1963]. Pero para Debray esos
planteos del Che eran sólo ...detalles insignificantes. No les
dio ninguna importancia. Por eso construyó una visión
caricaturesca de la lucha armada que, lamentable y trágicamente,
fue posteriormente atribuida –post mortem- al Che...
Según recuerda el
ya mencionado Pombo [Harry Villegas Tamayo] al Che
Guevara no le gustó ¿Revolución en la Revolución? de
Debray. Lo leyó cuando estaba en Bolivia (pues se publicó en
1967) y le hizo anotaciones críticas, reunidas en una libreta
que se apropió el ejército boliviano junto con su mochila, luego
de capturar al Che.
Pero, aún en el
hipotético caso de que jamás puedan leerse o reconstruirse las
notas críticas del Che hacia Debray, ya en aquella época dos
militantes cubanos salieron públicamente a criticar la
caricatura “foquista” de Debray [Simón
Torres y Julio Aronde (posiblemente dos seudónimos de
colaboradores del comandante Manuel Piñeiro Losada, alias
“Barbarroja”): “Debray y la experiencia cubana”. En
Monthly Review N° 55, año V, octubre/1968.p.1-21].
Estos dos compañeros cubanos le critican abiertamente a Debray -
¡no ahora, en el año 2002, sino en 1968! - el haber simplificado
la revolución cubana, el haberla convertido en una simple teoría
del “foco” y el no haber visto en ella que junto a la guerrilla,
en las ciudades luchaba el movimiento obrero, el movimiento
estudiantil, etc. En suma, le cuestionaban - en particular - el
total desconocimiento de la lucha urbana y - en general - la
total subestimación de la lucha política, base de sustentación
de toda lucha político militar. Esta es la principal crítica a
la teoría del “foco” realizada en aquella época por los propios
cubanos.
Por supuesto que, en la
derecha, nadie se toma el trabajo de reconstruir todas esas
críticas. Simplemente, se “entierra” rápidamente a los
revolucionarios por ser “foquistas”...
Muy bien, entonces, en los
documentos de nacimiento del ERP en la Argentina, encontramos
una crítica muy inteligente y muy sugerente a Regis Debray y al
“foquismo”, a la errónea subordinación de la lucha política a la
lucha militar. Me parece que esta crítica del PRT y de Santucho
pasó desapercibida y, todavía hoy, se le atribuyen “foquismo”
y/o “militarismo” como si la decisión de desarrollar en
Argentina una lucha político-militar hubiese sido en la mente de
Santucho y sus compañeros un delirio irracional y mesiánico y
una subestimación del análisis específicamente político.
Piensen ustedes, que toda la
tradición de Santucho siempre recibió esos ataques...
“foquistas” y “militaristas” - se les dijo -..., cada vez que se
habla de Santucho, se trata del... “foquismo”. Lo mismo con el
Che... “un gran revolucionario..., pero...foquista”.
Sin embargo, en la propia
fundación del ERP se hace una crítica muy dura al foquismo y se
genera una crítica inteligente al militarismo. Porque una de las
tesis centrales de Regis Debray consiste en que no hace falta
formar un partido revolucionario. Solamente - plantea Debray -,
hay que instalar un foco guerrillero...No hace falta la lucha
política ni la lucha ideológica, sino tan sólo la lucha
militar...Eso es el foquismo, eso es el militarismo.
Y, justamente, en estas tesis
del PRT de 1970 y en estos documentos de fundación del ERP [“Resoluciones
del V Congreso del PRT. Fundación del ERP” (29 y 30 de julio
de 1970)] se plantea que no, que el eje prioritario siempre debe
ser construir una organización política y de ahí, en todo caso,
plantearse la lucha político-militar. Pero el eje debe ser la
política. No puede haber confrontación político-militar ni lucha
político-militar si no es a partir de un análisis
específicamente POLÍTICO. Esta es la tradición de los clásicos
del marxismo que se remonta a Clausewitz y, más atrás, a los
escritos de Nicolás Maquiavelo.
Otra tesis que
Santucho y el PRT le critican a Debray en este documento de la
fundación del ERP es la supuesta primacía que Debray atribuye al
“factor geográfico”. Pensar que de la geografía se deduce una
estrategia política...constituye un enorme error. En realidad no
es así..., ni fue así la revolución cubana ni ninguna revolución
latinoamericana. La geografía no determina la lucha política, es
un error gravísimo. Cuando uno lo encuentra escrito no pasa
nada, pero en política ese tipo de errores cuesta la vida de
mucha gente, de muchos compañeros valiosos, de muchos
revolucionarios.
Después, siempre
en términos de extrema síntesis, nos encontramos con otros dos
documentos. Uno se titula “Poder burgués, poder
revolucionario” [Ediciones El Combatiente, 23 de
agosto de 1974], redactado por Santucho, y el otro es “A los
pueblos de América Latina” [publicado en Che Guevara
N°1, Revista de la Junta de Coordinación Revolucionaria,
noviembre de 1974], un documento colectivo firmado por el
PRT-ERP en la Argentina, los Tupamaros en Uruguay, el MIR
chileno y el ELN boliviano. ¿Que encontramos en estos documentos
a nivel teórico y político? Nuevamente, aún a riesgo de
repetir..., nos encontramos con un ANÁLISIS POLÍTICO. A partir
de ahí se plantea la lucha revolucionaria continental..., ¡no
eran “tira-tiros” irracionales ni “locos aventureros”!. Se
plantea una visión de cómo funciona el sistema de dominación
política de las clases opresoras en América Latina y se plantea
también qué sucede en el seno del campo popular y sobre todo, en
LA CONCIENCIA política de las clases subalternas y explotadas.
Entonces,
avanzando un poco más en detalle: el análisis político
condensado en “Poder burgués y poder revolucionario” se
estructura a partir de una metáfora espacial que dibujaría qué
pasa “arriba” y qué sucede mientras tanto “abajo”. La reflexión
de Santucho gira alrededor de un análisis político del arriba y
del abajo o, en otros términos, de las clases dominantes y de
las clases subalternas.
Para analizar las
clases dominantes aparece en los escritos de Santucho la
categoría de “bonapartismo”. Esta es una tesis muy fuerte de
Santucho, que - me parece - en algún sentido está bastante
vigente todavía hoy en día: La historia argentina se mueve con
un movimiento pendular entre dos formas políticas de dominación
burguesa: o la república parlamentaria o el bonapartismo
militar.
Nuestra historia
fue, lamentablemente, así. No casualmente el Che Guevara
reclamaba en uno de sus escritos “maduros” - dentro de su corta
vida política - que: “Hoy por hoy, se ve en América un estado
de equilibrio inestable entre la dictadura oligárquica y la
presión popular. La denominamos con la palabra oligárquica
pretendiendo definir la alianza reaccionaria entre las
burguesías de cada país y sus clases de terratenientes [...]
Hay que violentar el equilibrio dictadura oligárquica-presión
popular” [Ernesto Che Guevara: Guerra de guerrillas: un
método, septiembre de 1963]. Tengamos presente que cuando el
Che emplea la expresión “dictadura oligárquica”, como él
mismo aclara, no está pensando en una dictadura de los
terratenientes y propietarios agrarios a la que habría que
oponer una lucha “democrática” o un “frente nacional” incluyendo
dentro de ellos no sólo a los obreros, campesinos y capas
medias empobrecidas sino también a la denominada “burguesía
nacional”. No, por el contrario, el Che es bien claro. Lo que
existe en América Latina es una alianza entre los terratenientes
“tradicionales” y las burguesías “modernizadoras”. La oposición
no pasa entonces por oponer artificialmente tradición versus
modernidad, terratenientes versus burguesía industrial,
oligarquía versus frente nacional. Su planteo es muy claro - se
puede compartir o no, pero es muy claro -: “No hay más
cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de
revolución” [Ernesto Che Guevara: “Mensaje a los pueblos
del mundo a través de la Tricontinental”, en Suplemento
especial de Tricontinental, 16 de abril de 1967].
Pensemos
detenidamente en la importancia de estas palabras del Che sobre
el equilibrio inestable entre ambos polos pendulares (la
dictadura oligárquica, basada en la alianza de terratenientes y
burgueses “nacionales”, por un lado, y la presión popular, por
el otro). Reflexionemos sobre la importancia de estas categorías
de Santucho acerca de las dos formas políticas alternativas de
dominación de la burguesía argentina.
Ninguno de los dos
- Guevara y Santucho - dice “democracia o dictadura”, como
rezaba la consigna de Raúl Alfonsín en 1983 [cuando se
termina la dictadura militar en la Argentina]. No. La
alternativa es continuar bajo dominación burguesa en sus
diferentes formas o la revolución socialista. Pues para el Che:
“No debemos admitir que la palabra democracia, utilizada en
forma apologética para representar la dictadura de las clases
explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el de
ciertas libertades más o menos óptimas dadas al ciudadano.
Luchar solamente por conseguir la restauración de cierta
legalidad burguesa sin plantearse, en cambio, el problema del
poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden
dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes:
es, en todo caso, luchar por el establecimiento de unos
grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el
presidiario” [Ernesto Che Guevara: Guerra de guerrillas:
un método, septiembre de 1963].
Cuando Santucho
quiere explicar las DIVERSAS FORMAS POLÍTICAS DE DOMINACIÓN que
emplea la clase dominante argentina, su planteo específico es: o
república parlamentaria (que no es lo mismo que democracia...) o
bonapartismo militar.
¿De dónde extrajo
Santucho esta hipótesis? Obviamente su inspiración inmediata es
el Che Guevara, pero en su formulación más general, la extrae de
un libro de Carlos Marx. Por eso habíamos dicho la otra vez que
para entender a fondo al Che, además hay que estudiar al mismo
tiempo a Marx. Nosotros creemos que para entender a fondo a
Santucho y sus planteos políticos, también hay que estudiar a
Marx.
Marx escribió
entre diciembre de 1851 y marzo de 1852 un pequeño librito
(brillante, realmente vale la pena leerlo...) titulado “El 18
Brumario de Luis Bonaparte”. Allí Marx propone una hipótesis
política: en Francia, luego de la derrota de la revolución de
1848, un dictador da un golpe de Estado y se queda dos décadas
al frente del gobierno francés. Este dictador era un personaje
secundario rodeado de lúmpenes que gracias al liderazgo del
ejército se convierte en determinado momento de Francia en una
especie de “árbitro” de los conflictos sociales. Una especie de
“juez equidistante”, que viene a solucionar y a moderar los
conflictos. Entonces, como este personaje - que Marx detestaba -
se llamaba Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón) la tradición
marxista, empezando por Marx y de ahí en adelante, convirtió en
categoría teórica ese análisis político y lo transformó en el
concepto de “bonapartismo”.
Este concepto
teórico es muy útil. Porque muchos de los problemas que intenta
resolver y explicar vuelven a suceder hoy en día. Pensemos en la
figura pretendidamente “mítica” del coronel Seineldín [militar
genocida carapintada, instructor en las escuelas de
contrainsurgencia en Centroamérica, reivindicado actualmente por
algunos grupos nacionalistas en Argentina], que está,
supuestamente, “más allá de los conflictos” y que vendría a
resolver esta necesidad de la “figura fuerte y con carisma”...
Otra vez nos encontramos con el reclamo de un papel que debería
- supuestamente - cumplir el ejército... que vendría a “poner
orden”, a “mediar entre las partes en pugna”...
Esta situación
está presente en la situación argentina de hoy. Ese tipo de
reclamos vuelve a resurgir en importantes sectores del
movimiento popular también, fuertemente trabajados por el
populismo nacionalista.
En su análisis de
Luis Bonaparte y de la situación francesa de aquel período, Marx
plantea elementos fundamentales de su teoría política. Entre
muchas otras cosas allí sugiere que la lucha de clases nunca se
da entre clases homogéneas, como por momentos sugiere “El
Manifiesto del Partido Comunista” [1848]. En realidad, en
una formación social concreta, las clases se fraccionan en la
lucha, se realizan alianzas entre ellas y se establecen formas
de representación política cambiantes según la coyuntura.
Por otra parte, en
“El 18 Brumario” Marx plantea que la mejor forma de
dominación política de la burguesía es “la república
parlamentaria”. Para Marx república parlamentaria no es sinónimo
de democracia, como nos quiere hacer creer el liberalismo. La
república parlamentaria no garantiza “la libertad” sino que
constituye una FORMA DE DOMINACIÓN. A diferencia de la monarquía
o de la dictadura militar (donde un solo sector de la burguesía
domina) en la república parlamentaria es el conjunto de la
burguesía el que domina a través del Estado. Digamos que, según
Marx, la república parlamentaria licúa los intereses
particulares de las distintas fracciones de la burguesía,
alcanzando una especie de “promedio” de todos los intereses de
la clase dominante en su conjunto y, de este modo, logra una
DOMINACIÓN POLÍTICA GENERAL, esto es: anónima, impersonal y
burocrática.
En “El 18
Brumario de Luis Bonaparte” Marx también agrega que cuando
la situación política “se desborda” por la indisciplina y la
rebelión popular, la vieja maquinaria republicana (con sus
partidos, su Parlamento, sus jueces, su prensa “independiente”,
etc.) ya no alcanza para mantener la dominación. En esos
momentos de crisis aguda, los viejos partidos políticos de la
burguesía ya no representan a esa clase social. Quedan como
“flotando en el aire” y girando en el vacío. Entonces emerge
otro tipo de liderazgo político para representar a la clase
dominante: la burguesía deja de estar representada por los
liberales, los constitucionalistas o los republicanos y pasa a
estar representada por el Ejército y las Fuerzas Armadas que, de
este modo, se constituyen en “El Partido del Orden”. El Ejército
entonces aparece en la arena política como si...fuera a
equilibrar la situación catastrófica, pero en realidad...viene a
garantizar la reproducción de la DOMINACIÓN POLÍTICA de la
burguesía.
Mario Roberto Santucho se
apropia de este análisis político de Marx y trata de utilizarlo
para comprender la compleja historia política de nuestro país y
también la situación argentina de los años ‘70.
Podemos empezar destacando el
modo cómo Santucho analiza a ese gran protagonista de nuestra
historia política: las Fuerzas Armadas. ¿Que dice Robi de las
Fuerzas Armadas?
Pues que son un Partido
Militar. Esto es muy, pero muy, importante. En ningún momento
Santucho sostiene que son simplemente un grupo de “tira-tiros”.
¡NO!, las Fuerzas Armadas son... un partido político. Un partido
que viene a reemplazar al clásico partido político burgués, por
definición. Esta hipótesis sociológica e historiográfica ya está
presente en los escritos de Silvio Frondizi, en los de Abelardo
Ramos, etc. (aunque en Frondizi y en Ramos esa misma hipótesis
juega un papel explicativo diametralmente opuesto entre sí).
Roberto Santucho
se hace cargo de esa hipótesis y plantea que en la Argentina las
Fuerzas Armadas vienen a reemplazar ese partido burgués
ausente..., porque el partido burgués en Argentina no puede dar
cuenta de la situación política..., y entonces Robi analiza al
peronismo como... “bonapartismo”.
Pensemos bien la
diferencia: sostener que el peronismo es bonapartismo (el
peronismo histórico de 1945 en adelante..., no el de Menem), es
algo muy diferente a lo que planteaba, por ejemplo, Victorio
Codovilla [líder histórico del Partido Comunista Argentino
desde 1928 hasta su muerte en 1970]. Codovilla decía: “el
peronismo es fascismo”, en un folleto del año 1946 titulado
“Batir al Nazi-Peronismo”.
Robi Santucho
tiene una visión un poco distinta, mucho más matizada, por eso
decía que no cae en ese “gorilismo de izquierda”, pero...
tampoco acepta las posiciones de Rodolfo Puiggrós [historiador
comunista que se hace peronista en la segunda mitad de los años
’40 y que luego se convertirá en uno de los principales
intelectuales de la izquierda peronista durante los ’60 y ‘70]
, o de Abelardo Ramos [uno de los principales
intelectuales - de origen trotskista - que adhieren al peronismo
constituyendo la corriente política e historiográfica
autobautizada como “izquierda nacional”], y otros. ¿Qué
decían Puiggrós, Ramos, Hernández Arregui y otros ensayistas
peronistas? Pues que “el peronismo es «LA Revolución» en la
Argentina”.
Entonces, según el
análisis de Santucho...el peronismo no es ni revolución, ni
nazismo, sino... bonapartismo. Es decir: una figura militar
fuerte, que aparece como “árbitro” entre las clases sociales y
que viene a “poner orden”...aunque, siempre en última instancia,
termina poniendo orden...para el mismo lado. Para la derecha,
para la burguesía.
Antonio Gramsci,
que - según me parece - no aparece explícitamente en estos
análisis de Santucho, para explicar los mismos fenómenos de
crisis económica y política, pensando en situaciones donde las
clases sociales se separan de sus viejos partidos políticos y a
la burguesía comienza a representarla el Partido Militar,
utilizaba una categoría emparentada con la de “bonapartismo”.
Gramsci empleaba el concepto de “cesarismo”.
Aunque en Marx la
categoría de “bonapartismo” siempre tiene un contenido negativo.
Mientras que para Gramsci puede haber un “cesarismo” progresivo
o regresivo, según contribuya a hacer avanzar o no a los
sectores populares en las relaciones de fuerzas. A diferencia de
Marx, León Trotsky, en su exilio mexicano, utiliza en el mismo
horizonte de Gramsci esta visión donde puede haber un
“bonapartismo progresivo” o “regresivo”, según contribuya o no a
la lucha de clases. Explícitamente Trotsky utiliza la categoría
de “bonapartismo progresivo” para referirse al gobierno
populista de Lázaro Cárdenas [presidente de México a fines de
los años ‘30], ya que a pesar de ser un gobierno burgués,
para enfrentar al imperialismo y nacionalizar el petróleo
mexicano, Cárdenas se apoya en los sectores populares y en la
clase obrera mexicana. Abelardo Ramos apela a este análisis de
Trotsky para caracterizar como “bonapartismo” al peronismo en un
sentido positivo y apologético, mientras que Silvio Frondizi -
mucho más afín al análisis de Marx -emplea el término en su
significado negativo, para cuestionar el carácter supuestamente
“progresista” de la burguesía nacional argentina y del
peronismo.
Mario Roberto
Santucho utiliza la categoría de “bonapartismo” en la misma
perspectiva de Silvio Frondizi, con un fuerte contenido crítico,
y recurriendo a un tipo de análisis político que bebe
directamente en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. Pero
no sólo lo emplea para explicar la aparición del peronismo
histórico - el del primer peronismo de la década del ’40 - sino
también para describir la emergencia recurrente de los militares
argentinos a lo largo de toda nuestra historia como el “Partido
del Orden”, en tanto Partido Militar, es decir, en tanto
auténtico partido político de la burguesía argentina.
Todo esto vale
para el análisis de Santucho sobre qué sucede con el bloque
político y social de “los de arriba”...
Ahora bien, ¿qué pasa con “los
de abajo”?
Al mirar el capitalismo “desde
abajo”, desde su clases explotadas, Robi recorre la historia del
movimiento obrero argentino y plantea los orígenes del
movimiento obrero clasista en nuestro país, identificando tres
corrientes: el anarquismo, que fue la más importante, el
socialismo y el comunismo. Santucho y el PRT se hacen cargo de
la tradición comunista. Es decir que Robi reivindica al
comunismo hasta un determinado período de la historia, a partir
de ahí el comunismo pierde la hegemonía sobre el movimiento
obrero local, desdibuja su política revolucionaria, diluye su
clasismo y aparece en el seno de las clases subalternas este
fenómeno político que todavía nos marca hoy en día, que es el
peronismo.
Entonces, a partir de ahí,
Santucho sostiene cuáles son los dos desafíos del movimiento
popular - a mí, personalmente, me parece que este desafío sigue
pendiente hoy, en 2002, aunque presente en nuestra época nuevos
ropajes, nuevos personajes y nuevos escenarios -:
a)
Por un lado, el populismo (Santucho también lo denomina
“nacionalismo burgués”, que consiste en confundir a toda la
Nación como si fuera parte del pueblo, meter a la burguesía
nacional como parte del pueblo, y pensar que el enemigo está
solo fuera del país),
b)
Por otro lado, el reformismo (Robi lo encuentra y lo
identifica principalmente en el partido comunista, así como el
principal exponente del populismo, dentro del campo popular,
eran en su opinión de aquel momento, los Montoneros).
Aquí se torna
importante pensar y reflexionar en qué medida este movimiento
pendular de diversas formas políticas con que se ejerce la
dominación política en nuestro país (república parlamentaria o
bonapartismo militar), para explicar el comportamiento de las
clases dominantes; y este desafío (el de las variadas y
renovadas formas del populismo y/o el reformismo) para la
experiencia y la conciencia política de las clases populares,
explotadas y subalternas, sigue o no vigente en la actualidad.
Eso hay que discutirlo a fondo.
Para nosotros,
esta situación no se ha cancelado en el pasado. Adquiriendo
nuevas modalidades y ritmos diferentes, insertas ambas en el
ciclo de la actual mundialización del capital, sigue existiendo
en nuestra sociedad la posibilidad latente de que a la
agonizante república parlamentaria -¡qué se vayan todos!,
mediante- la suceda una nueva forma de bonapartismo militar. Esa
posibilidad no está sepultada, depende de la relación de fuerzas
y de la iniciativa de los piqueteros, de los obreros que ocupan
fábricas, de los asambleístas y de diversos sectores
movilizados. Por otra parte, dentro del campo popular, vuelven a
aparecer los intentos reformistas y/o populistas para encauzar
la rebelión popular dentro de los moldes del sistema.
Por eso, como
conclusión, pensamos que el mejor homenaje que hoy le podemos
hacer a Robi Santucho es intentar continuar ese tipo de mirada
sobre nuestro país, ese tipo de análisis y de intervención
política para que su figura no se convierta en nuevo mito
inoperante, vacío, hueco, fantasmal.
Al rescatar para
nuestro presente la figura de Santucho, no podemos volver a
cometer los errores en los que cayó Regis Debray cuando
torpemente pretendió esquematizar la revolución cubana
subestimando la política. De la misma manera, no podemos caer en
la tentación de esquematizar la vida y la praxis de Robi
Santucho convirtiéndolo en una caricatura de lo que realmente
fue, en un “tira-bombas” irracional, demente, foquista y
tristemente aventurero, como sostiene la derecha.
Si bien la
historia nunca se repite, creemos que muchos de sus análisis
siguen siendo útiles para ubicarnos y para actuar en la movediza
y cambiante situación política actual. Para nosotros Robi no es
un “cadáver prestigioso”. No, por el contrario, es alguien cuyo
pensamiento y cuyo ejemplo están vivos y nos son muy, pero muy
útiles, en el presente.
Quedaría para otra
oportunidad analizar la política cultural de Santucho y del PRT,
que la tuvieron, con tensiones, pero la tuvieron... aun cuando
muchas veces se desconoce. Aunque lo hemos hecho en algún
trabajo [“Mario Roberto Santucho: Del intelectual orgánico al
cuadro combatiente”. En De Ingenieros al Che. Bs.As.,
Biblos, 2000. p.275-288], hoy ya no queda tiempo.
Pero no quería
terminar sin dejar de remarcar el eje que - desde nuestra
humilde opinión - vertebra toda la vida, todo el pensamiento y
toda la praxis del Che Guevara, de Robi Santucho y de los y las
guevaristas de Argentina que dieron su vida por la revolución
socialista latinoamericana y mundial.
Esto es: que la
lucha político-militar y el enfrentamiento material con el
enemigo – inevitables en algún momento del proceso
revolucionario, si es que no somos ingenuos y creemos que la
burguesía nos va a ceder graciosamente el poder - están siempre
mediados, es más, están siempre precedidos, por un ANÁLISIS
POLÍTICO y por un estudio riguroso de nuestro país y de nuestro
continente. Esta es la principal conclusión que las nuevas
generaciones no debemos nunca olvidar ni perder de vista. ¡La
política es lo que define el pensamiento revolucionario de
Santucho y el pensamiento del Che!.
Muchas gracias. Le
damos entonces la palabra al compañero Daniel De Santis.
Daniel De Santis:
Cuando los
compañeros Claudia y Néstor me invitaron a participar de esta
clase, me entusiasmó mucho el carácter de la invitación, ya que
era a reflexionar, a debatir acerca del pensamiento de Mario
Roberto Santucho y de la experiencia del PRT, de esta expresión
del guevarismo, acá, en la Argentina. Esto me puso muy contento,
y lo que voy a decir ahora es un elogio, pero por favor no lo
tomen como una cuestión de compromiso.
Cuando, con motivo
de la preparación de esta clase, estaba repasando algunos
trabajos hechos por compañeros de militancia del Partido,
algunos muy famosos como “Todo o Nada” [María Seoane:
Todo o Nada. La historia secreta y la historia pública del jefe
guerrillero Mario Roberto Santucho. Buenos Aires, Planeta,
1993], u “Hombres y mujeres del PRT-ERP” [Luis Mattini:
Hombres y mujeres del PRT-ERP. Buenos Aires,
Contrapunto,1990. Segunda edición ampliada y publicada con
subtítulo: De Tucumán a La Tablada. Buenos Aires, Campana
de Palo, 1995], me sorprendí ante la falta de fidelidad con los
hechos históricos, la falta de fidelidad con las ideas, con los
principios del PRT... realmente es sorprendente que compañeros
que hayan militado en la misma organización que militamos
nosotros, estén dispuestos a rendir un tributo tan grande al
enemigo de clase, para poder encontrar un lugar a la sombra del
sistema capitalista.
El elogio es el
siguiente: la intervención que hizo Néstor es, desde mi punto de
vista, exacta, brillante, correcta, y esto me pone doblemente
contento porque hasta ahora, ¿uno con qué se encontraba?
Se encontraba con
que tenía que salir a desmentir a los mentirosos o
desmemoriados, a los tergiversadores, a rescatar la verdadera
realidad histórica, tanto práctica como teórica, lo que dejaba
poco margen para una serena reflexión. Un poco el origen de este
trabajo [A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Selección
e Introducción de Daniel de Santis. Buenos Aires, Editorial
Universitaria de Buenos Aires-EUDEBA, 1998 (Tomo I) y 2000 (Tomo
II)] fue el salir al cruce de esto. Porque antes de que
volvieran a salir estos documentos, uno conocía cinco o seis
trabajos acerca de nuestra historia, ninguno de los cuales, para
mí, reflejaban la realidad. Entonces se me presentó la
disyuntiva de escribir un libro (no soy escritor ni historiador)
lo que iba a ser un trabajo muy grande, y en el mejor de los
casos que me saliera bien iba a ser una versión más, la sexta o
séptima. Entonces en lugar de escribir una historia sobre el
PRT, preferí que hablaran los documentos directamente.
Luego aparecieron
los trabajos de Pablo Pozzi [Pablo Pozzi y Alejandro Schneider:
Los “setentistas”. Izquierda y clase obrera (1969-1976).
Bs.As., EUDEBA, 2000 y Pablo Pozzi: “Por las sendas
argentinas...” El PRT-ERP. La guerrilla marxista. Buenos
Aires, EUDEBA, 2001] que están en concordancia con la realidad.
Bueno, al
principio no fue fácil hacerlo, porque hubo que conseguir los
documentos. Llevó tiempo hacerlo. Después ya fue más fácil,
porque para un compañero que fue militante del partido no era
tan difícil hilvanar histórica y lógicamente estos documentos
que había leído “en caliente”, en la práctica; que había
estudiado, que había sido protagonista de esto. Entonces esto no
fue muy difícil para mí, pero creo que para un historiador
hubiese sido un trabajo muy difícil, y algunas cosas, quizás, no
las podría haber hecho.
Porque para
recopilar los documentos no me basé solamente en la cuestión de
análisis histórico o cuestiones lógicas sino que además de eso
me basé en vivencias personales, en anécdotas, entonces un hecho
que era contado en la vida interna del partido, aunque yo no lo
hubiese vivido, sabía que había hecho historia.
Por ejemplo los
diputados obreros al parlamento capitalista del año ’65, era
una historia que se contaba en los ’70, entonces esto para mí
era importante. O el celo que puse en encontrar las Cuatro
tesis sobre el norte argentino, mítico documento que nunca
habíamos visto pero al que se lo mencionaba. O la actuación de
la Coordinadora de las Comisiones de Resistencia de Villas y
Barrios en la huelga petrolera del ’66, o el artículo donde
se informa del asesinato de un compañero con el que había
militado en una agrupación estudiantil ligada al Partido, el
revolucionario internacionalista Gerardo Alter, caído en
Uruguay integrando la organización hermana Tupamaros y otras
cosas que a uno le vienen producto de la práctica.
Por ejemplo, hay
un artículo de El Combatiente [periódico del Partido
Revolucionario de los Trabajadores] que, tal vez, hubiese pasado
desapercibido para un historiador, que es cuando se constituye
el Cuerpo de Delegados de todos los trabajadores mecánicos de
Córdoba. Es un artículo cortito, sindical podría ser. Pero
esta organización, el cuerpo de delegados de un sector de la
industria es una organización terriblemente poderosa, tan
poderosa era que fue el eje de las movilizaciones de la clase
obrera cordobesa a partir del año ’73 que fue cuando se
constituyó este cuerpo de delegados.
En Tucumán, el
Congreso de Delegados Seccionales de la FOTIA (Federación
Obrera Tucumana de la Industria Azucarera) tenía la misma
característica y había sido el eje organizativo de las luchas,
durante años, del proletariado azucarero.
Entonces, para
volver a lo que decía al principio, la invitación a esta Cátedra
nos pone en un compromiso nuevo: que además de rescatar le
verdad histórica ahora tenemos que elevar el análisis político.
Y esto es lo que
yo me he propuesto. ¿Por qué? Porque creo que la historia y
práctica del PRT, (y de Santucho como su principal dirigente y
teórico) fue la expresión más alta del desarrollo del
marxismo revolucionario (Marxismo-Leninismo) y lo que es su
sinónimo, el guevarismo en la Argentina. Creo que las
luchas que se desarrollen en la actualidad y en adelante, tienen
que establecer un vínculo, una continuidad. Los militantes que
participen en ellas tienen que conocer, estudiar y nutrirse de
esta historia.
Pero para hacerlo,
el primer paso es conocer la verdad de esta historia. Acá hemos
dado un paso importantísimo, estamos planteando la verdadera
historia, entonces ahora podemos reflexionar, hasta me animaría
a reflexionar autocríticamente en este marco. Porque hasta
ahora, uno ha tenido que jugar el papel antipático, soberbio y
pedante de decir “yo no me autocritico de nada”.
Pero hay que
rescatar a la autocrítica como una herramienta revolucionaria
para corregir los errores, y luego volver a la práctica con
mayor acierto para transformar revolucionariamente la sociedad.
Esta herramienta
de la autocrítica, ha sido desnaturalizada, la han transformado
en otra cosa que ni siquiera es, porque en una época se decía
que era el golpearse el pecho del “yo, pecador” cristiano.
Esto es peor
todavía, esto se ha transformado en la rendición, en el
levantamiento cotidiano de la bandera blanca de rendición ante
el enemigo de clase.
Entonces hay que
dejar de lado esta forma culposa de autocrítica, y no encontrar
elementos de soberbia en esta desesperada búsqueda para
recuperar las herramientas revolucionarias que nos ha arrebatado
el enemigo de clase.
Entonces, el punto
de partida que tomaba es “no nos arrepentimos de haber
luchado”. Vuelvo a repetir, en esta clase de hoy me
permitiría empezar a ser autocrítico, porque estamos planteando
el tema en otro nivel, en un nuevo nivel en el que hasta ahora
no había tenido la suerte de participar.
Cuando se unifican
el Frente Revolucionario Indamericanista Popular (FRIP)
y Palabra Obrera a principios de 1965 (el 31 de enero
queda constituido el Partido Unificado de la Revolución), se le
pone el nombre de Partido Revolucionario de los Trabajadores
y se realiza el primer Congreso el 25 de Mayo, fecha
patria que tenía que ver con la concepción política, el FRIP se
había fundado... el 9 de Julio de 1961 [El 25 de mayo de 1810
se produce en Buenos Aires la revolución de mayo y la
constitución de la Primera Junta, el primero gobierno patrio; el
9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán declara la
independencia frente a España].
Se funda el PRT
con la idea de formar un partido revolucionario que asuma las
tareas pendientes de la revolución en nuestro país. Una de
ellas, muy importante, era la cuestión de la lucha armada, que
se planteaba ya en ese momento por el influjo del castrismo,
como se lo denominaba en aquel momento. Ahora decimos
guevarismo ya que cae más simpático, la burguesía nos
permite hablar más de guevarismo que de castrismo, pero bueno,
nosotros siempre sostuvimos que son sinónimos, que nunca hubo
diferencias, que siempre fue la misma concepción revolucionaria
surgida a raíz de la Revolución Cubana.
Hasta que llegamos
al año ’68 donde comienza a plantearse ya con profundidad
una diferencia dentro del PRT, acerca del comienzo de la
preparación de la lucha armada. En el año ’66 se había producido
un golpe militar, el del general Onganía y la cuestión del
enfrentamiento a la dictadura estaba a la orden del día.
Los obreros
azucareros habían desarrollado importantes luchas, en las cuales
el PRT había tenido destacada participación. Luchas de
características parecidas a las que estamos viviendo en estos
días, con la diferencia que en vez de ser sectores de
trabajadores desocupados eran obreros de los ingenios. Huelgas
con cortes de ruta, con enfrentamientos con la represión. Los
militantes del PRT comenzaban a utilizar clavos “miguelito” (de
tres puntas, para que quede una siempre para arriba), bombas
“Molotov”, y dentro de las filas del PRT, fueron los obreros
azucareros de Tucumán los que llegaron a la dirección de la
Regional Tucumán del Partido planteando que era necesario darse
nuevas formas de organización, porque veían que se había
producido el cierre de los ingenios y que eran superados por las
fuerzas represivas que tenían mayor capacidad técnica y
organizativa.
Por lo tanto
cuando se realizó el Cuarto Congreso del PRT, este tema fue más
importante, al punto que las resoluciones del Congreso, desde el
primer renglón, comienzan el prólogo diciendo que:
“Nada estuvo más alejado de las
preocupaciones de los «marxistas» argentinos –hasta el presente-
que el problema del poder y la lucha armada. . .”.
Este es el punto
fundamental que va a diferenciar, desde su nacimiento y durante
toda su trayectoria, al PRT y a Santucho del resto de la
izquierda, tanto tradicional como de la nueva izquierda.
Porque si bien el
PRT siempre fue un partido de izquierda, a la palabra
“izquierda” no la sentíamos que fuera la que más nos
representara. Nosotros preferíamos llamarnos revolucionarios,
marxistas-leninistas, socialistas, comunistas, guevaristas, pero
izquierda no nos gustaba mucho, porque no nos sentíamos
identificados con las concepciones reformistas del resto de la
izquierda a la cual obviamente sí pertenecíamos.
Entonces, ¿cómo
plantea el PRT la cuestión del poder y de la lucha armada?
Plantea la
necesidad de construir cuatro herramientas estratégicas.
1) Un partido
revolucionario definido ideológicamente como
marxista-leninista, construido fundamentalmente en la clase
obrera industrial. Ésta es una cuestión también que habría que
hacer alguna matización, porque en el afán de criticar al PRT se
ha dicho que, y se lo ha criticado tanto porque, no le daba
suficiente importancia al proletariado industrial; o se lo ha
criticado también porque rescataba la importancia que tenía el
proletariado rural y el campesinado. Es cierto que hubo una
evolución en la concepción de Santucho alrededor del papel de
los distintos sectores que componían el proletariado argentino y
esto ha quedado registrado en los documentos partidarios. A
principios de 1964 se editó un documento escrito a fines del
63’, que aparece en el primer tomo del libro [A vencer o
morir. PRT-ERP Documentos. Obra citada] que se llama “El
proletariado rural detonante de la Revolución Argentina”.
Este es un documento del FRIP, escrito por Mario Roberto.
A principios del ‘63 el FRIP había publicado otro documento
escrito por Francisco René Santucho, acerca de la Lucha de los
Pueblos Indoamericanos subtitulado Antiimperialismo e
Integración y un año después, como ya dijimos, aparece el
documento escrito por Mario Roberto. Lo que nos han contado los
compañeros es que, como bien dijo Néstor, Mario Roberto fue
influido y formado fundamentalmente por Francisco René, un
hermano algunos años mayor, que tenía su formación más en el
nacionalismo. Que había evolucionado hacia posiciones más
avanzadas, bajo la influencia del APRA de Haya de la Torre y no
le era indiferente la influencia de la Revolución Cubana.
Pero cuando
Santucho se casa y viaja por América Latina, va hasta EEUU y
finalmente tiene la oportunidad de asistir en Cuba a la Segunda
Declaración de la Habana, cuando es proclamado el carácter
socialista de la Revolución. Esta experiencia lo impactó y
cuando volvió a la Argentina en el año ’62, comenzó un debate
teórico con su hermano mayor y mentor Francisco René. Por
características personales y convicción, lo que cuentan es que
en este debate familiar se impuso la concepción de Mario
Roberto, y el FRIP va evolucionando desde una visión
indoamericanista hacia una visión marxista-leninista.
Y la expresión de
este viraje inicial hacia el marxismo-leninismo es este
documento que hace mención al proletariado rural como factor
detonante de la revolución en la Argentina. Ahí, en ese
documento, se plantea con absoluta claridad el carácter de
Argentina como un país semicolonial, seudo-industrializado.
Esta es una caracterización que se diferenciaba bastante de
otras que realizaban algunos sectores de la izquierda.
Uds. habrán
sentido hablar de los procesos de “sustitución de importaciones”
[tesis de historiografía económica que postula que la Argentina
cambia su modelo económico a partir de 1930 y comienza a
sustituir importaciones a partir de una elaboración industrial
propia]. Esto, algunos sectores de la izquierda, lo veían como
un desarrollo económico, a partir de la burguesía industrial
argentina, con contradicciones con el imperialismo.
En cambio aquí
Santucho, plantea que en la Argentina hay una
seudo-industrialización, que es una industrialización impulsada
por el mismo imperialismo en mucho de los países atrasados de
América Latina y el Tercer Mundo. En esto hay una coincidencia
total con el planteo surgido a partir de la Revolución Cubana y
que lo expresa claramente el Che en el documento “Mensaje a
los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, cuando
dice que: “... las
burguesías nacionales autóctonas han perdido toda su capacidad
de oposición al imperialismo” y aclara “si alguna vez lo
tuvieron y sólo forman su furgón de cola”, y finaliza en
forma contundente “no
hay más cambios que hacer: o Revolución Socialista o caricatura
de Revolución”.
Bueno, este
planteo es asumido por Santucho ya a principios de 1964. Plantea
también, claramente, el carácter no revolucionario de la
burguesía nacional. Yo creo que en este primer documento es
donde con más claridad está definido el concepto de burguesía
nacional.
Al concepto de
burguesía nacional lo plantea como la burguesía de un país, de
la burguesía nacional argentina. Esa burguesía nacional está
integrada por distintos sectores, los sectores más concentrados
de la economía o sea la burguesía monopolista y, otros sectores
medios. Plantea que la burguesía nacional es un aliado
estratégico del imperialismo y que realiza su ganancia
capitalista, como clase burguesa, en esa alianza con el
imperialismo. Y dice Santucho que en determinados momentos de la
lucha los sectores pequeños, y aún medianos, de la burguesía
pueden llegar a ser acaudillados por la clase obrera y otros
sectores populares en el desarrollo de la lucha revolucionaria.
Pero en ningún momento habla de una burguesía nacional
antiimperialista
Este es un
concepto fundamental para aclarar, porque acá hay un contrabando
ideológico del populismo, del reformismo, de las distintas
corrientes no revolucionarias, tanto del peronismo como de la
izquierda. Se ha inventado un concepto de “burguesía nacional
antiimperialista” con la cual la clase obrera debería hacer una
alianza estratégica en la lucha contra el imperialismo.
Esta concepción
planteada por el PRT, por Santucho, por Silvio Frondizi,
Milcíades Peña, era una concepción minoritaria dentro de la
izquierda argentina, pero que empieza a tomar cuerpo político a
través del desarrollo del PRT como organización.
Volviendo al tema
de los distintos sectores de la clase obrera, que no terminé de
aclarar. Santucho, al principio sí, plantea al proletariado
rural como detonante de la revolución argentina, pero ya en 1968
y todavía más claramente a partir de 1970 plantea teóricamente e
impulsa prácticamente, lo que es mucho más importante, que el
proletariado industrial es la vanguardia de la clase obrera y el
pueblo argentino. Yo he leído en estos días -30 años después-
que se le atribuye a Santucho que tenía una visión ruralista y
que despreciaba a la clase obrera industrial...
Esto es
absolutamente falso, una mentira total, acá no hay equivocación,
no hay confusión, esto está dicho deliberadamente para opacar la
figura de Santucho. Los que hemos sido militantes del PRT
sabemos que no es así, nos hemos formado en otra cosa y hemos
practicado otra cosa. Lo que ocurre que Santucho era
santiagueño; estudió en Tucumán, la clase obrera azucarera, era
el sector más explosivo, más combativo de la clase obrera
argentina en el primer lustro de la década del ’60, producto de
la crisis de la industria azucarera.
Y obviamente que
Santucho se basaba en la práctica, en la experiencia, veía esto,
y en realidad estaba en lo cierto ya que el proletariado rural y
el proletariado industrial azucarero fueron el detonante que
llevó a que el PRT, como destacamento de vanguardia de la clase
obrera, se transformara en partido revolucionario
marxista-leninista. O sea que en esto tampoco se equivocó.
Posteriormente se
va a vivir a Córdoba, conoce la clase obrera industrial de esta
provincia y va cambiando (ya desde antes) y esto está registrado
claramente, tanto en el Cuarto Congreso del año 68 como en el
Quinto Congreso del año ’70. Estamos hablando de su visión
acerca del papel dirigente del proletariado industrial por su
concentración, por su número, por su nivel cultural, por su
dinamismo, por su elevado nivel de politización y de tradición
de lucha.
Otro aporte
importante que hace Santucho y el PRT es la caracterización de
la situación en la Argentina a partir del año ’66 cuando afirma
que en nuestro país existía una situación pre-revolucionaria
a partir del análisis de las condiciones objetivas:
La crisis
estructural del capitalismo argentino, la existencia de una
clase revolucionaria, la clase obrera industrial, que tenía la
fuerza como para jugar un papel dirigente en un proceso
revolucionario, y que la burguesía no daba salida a las clases
intermedias dentro del modelo de acumulación capitalista en ese
período.
Hay un elemento en
el terreno subjetivo que a mí me gustaría ponerlo en la cuestión
del debate. Yo veo que, en la actualidad, por un lado existe un
auge de las luchas populares y que la crisis del capitalismo
argentino es mucho más aguda ahora que en aquel momento, pero
que aún no se dan todas las condiciones como para caracterizar
la situación de pre-revolucionaria basándonos solamente en las
condiciones objetivas. Pienso que estamos asistiendo a un auge
de la lucha democrática en contra de la democracia burguesa,
pero que no se ha producido un cambio en la conciencia como para
que florezcan organizaciones que se planteen el cambio
revolucionario.
Hay un elemento
subjetivo (en el plano de la conciencia) que analiza este
documento del Cuarto Congreso del año ’68. Allí se afirma que
hay un retroceso después del golpe de Onganía. Las derrotas de
las huelgas que enfrentaron a la dictadura como las azucareras,
la de los portuarios, y el levantamiento del Plan de Acción de
la CGT, liderada por [Augusto Timoteo] Vandor, el 9 de marzo de
1967, son hechos importantes que van a marcar un retroceso. Y el
Cuarto Congreso se pregunta qué sentido tiene el actual
retroceso de nuestra clase obrera, y se responde que ese
retroceso es transitorio y que cuando se salga de esa situación
de retroceso, se va a salir con un nuevo auge, pero con
características distintas a los vividos en los últimos 25 años.
Porque dentro de los sectores más activos de la clase obrera
comenzaban a desarrollarse elementos de la ideología socialista.
Yo creo que esta cuestión, que no aparece en los análisis de los
estudiosos del PRT, fue uno de los grandes aciertos del Partido
y de Santucho.
A mí me parece que
este análisis, sumado al de las condiciones objetivas y que al
retroceso le seguiría un auge de características
revolucionarias, en el que se incluía la revolución ideológica
en la vanguardia obrera, son todas cosas que van a quedar en
evidencia después del año ’69. Ese análisis es el que va a armar
políticamente al PRT para poder capitalizar orgánicamente las
luchas que se sucedieron a partir del Cordobazo. Si bien el
Cordobazo y el Rosariazo [rebeliones populares que se producen
en Argentina en 1969, bajo la dictadura militar del general
Ongañía] son movimientos con características insureccionales, y
en esa época hay partidos que tienen una concepción
insurreccionalista mientras el PRT tiene una concepción de
guerra popular y prolongada, aparentemente... los planteos
insurreccionalistas estarían mejor ubicados. Pero no fue así y
no lo fue porque el PRT se preparaba para un esfuerzo prolongado
de lucha revolucionaria en el que tenían cabida la posibilidad
de las insurrecciones parciales.
¿Por qué logra el
PRT hacer esto? Porque es el que se preparó orgánica e
ideológicamente, para ese esfuerzo revolucionario y, además,
porque la concepción del PRT no era unilateral como se la quiere
presentar. Porque si bien era una concepción de guerra popular y
prolongada no desechaba, ni mucho menos, sino que integraba en
ella a todas las formas de lucha, desde la guerrilla como
vehículo de la constitución de fuerzas militares regulares,
pasando por la movilización de masas y la participación
electoral, integraba, como dijimos, a las insurreciones
parciales hasta desembocar en la insurrección general de todo el
pueblo encabezado por el proletariado industrial y su
vanguardia, el partido revolucionario de la clase obrera.
2) El otro
elemento estratégico que plantea Santucho y el PRT es la
construcción de un ejército del pueblo, con un carácter
más amplio que el partido, para poder incorporar a la lucha
revolucionaria no solamente a los elementos de vanguardia con
definición ideológica marxista-leninista, sino a todos aquellos
compañeros dispuestos a la lucha en contra del imperialismo, en
contra de la explotación, independientemente de su filiación
ideológica y aún de su filiación política, que en el proceso de
la lucha se fueran radicalizando.
Este ejército del
pueblo tenía como función poder librar combates de
aniquilamiento de las fuerzas militares enemigas. Tanto del
ejército argentino, como de las tropas del imperialismo
norteamericano, cuya intervención se preveía en momentos
avanzados de la lucha. También sería la fuerza material
necesaria para sostener el desarrollo del poder local y de las
insurrecciones parciales.
3) Un tercer
instrumento necesario para el triunfo de la revolución era la
construcción de un frente de liberación nacional y social,
que tenía como base los aliados estratégicos de la revolución,
que el PRT caracterizaba que eran, obviamente la clase obrera,
aliada con la pequeña burguesía urbana en las ciudades y con el
campesinado pobre en el nordeste y noroeste del país. Se
planteaba que en determinado momento de la lucha esta alianza
básica se podía unir a otros sectores de la pequeña burguesía y
de la burguesía media, teniendo en cuenta las características de
la lucha en cada momento, del enemigo que había que enfrentar y
de cómo se presentaba el enemigo. Así el PRT impulsó primero el
Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) y a partir de
mediados de 1974 un frente antiimperialista democrático y
patriótico, y luego del golpe del 24 de marzo de 1976 un frente
antifascista pero sin perder, ninguno de estos frentes, las
características de los anteriores y planteando claramente, en
ellos, la hegemonía del proletariado.
4) Y la cuarta
herramienta estratégica era el internacionalismo proletario.
En esto también el PRT fue consecuente con sus planteos. Nació
como miembro oficial de la Cuarta Internacional trotskysta,
progresivamente con su desarrollo en el movimiento de masas y
también con el desarrollo de la lucha armada revolucionaria,
comenzaron a surgir diferencias con la corriente hegemónica de
la Cuarta Internacional que tenía su sede en Francia. A finales
de 1972 y principios de 1973 rompió con la Cuarta Internacional.
Consecuente con el internacionalismo, desde 1969, en que un
miembro de la dirección del PRT se reunió en Bolivia con Inti
Peredo, venía teniendo contactos con los compañeros del MIR
chileno, los Tupamaros de Uruguay y con los del ELN de Bolivia.
Estas cuatro organizaciones inspiradas en el Mensaje a los
Pueblos de Guevara dieron nacimientos a mediados de 1974 a
la Junta de Coordinación Revolucionaria.
Bueno, este era
apenas el primer punto que pensaba desarrollar, pero dado lo
avanzado de la hora me parece que con este primer punto y con el
panorama general que previamente desarrolló Néstor, podemos dar
como terminada la presentación del tema.
Muchas gracias.
APÉNDICE
[El siguiente
texto de Santucho, sumamente difícil de conseguir, ha sido
generosamente cedido a la Cátedra Che Guevara por Daniel De
Santis. Está publicado en su libro A vencer o morir. PRT-ERP
Documentos. Selección e Introducción de Daniel de Santis.
Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires-EUDEBA,
2000. Tomo II, p.275-308].
Ediciones EL COMBATIENTE, 23 de agosto de 1974
PODER
BURGUÉS Y PODER REVOLUCIONARIO
Mario
Roberto Santucho
EL
PODER DE LA BURGUESÍA
La clase
obrera y el pueblo argentino han vivido los últimos años
riquísimas experiencias políticas que entroncan en la historia
de nuestra lucha de clases, y aclaran cristalinamente cuestiones
vitales para los intereses nacionales y sociales de las masas
trabajadoras argentinas. Reflexionar sobre estas experiencias,
observar el comportamiento de las clases enfrentadas, comprender
en profundidad las particularidades de nuestra revolución y
extraer las conclusiones para guiar la acción correctamente, es
una apremiante responsabilidad de los obreros conscientes, de
los sectores progresistas y revolucionarios en general, de
nuestras más amplias masas trabajadoras.
En el
presente folleto intentaremos un sintético análisis de ciertos
procesos centrales de nuestra reciente historia política, con el
ánimo de contribuir a su comprensión, de aventar la espesa
niebla del diversionismo ideológico esparcido por la burguesía y
la pequeño-burguesía para ocultar esos aspectos fundamentales,
para confundir al pueblo y desviar su lucha.
Después
del período de estabilidad capitalista posibilitado por la
situación económica internacional vigente durante la Segunda
Guerra Mundial, período que finalizó aproximadamente en 1952,
las clases dominantes argentinas, acosadas por la persistente y
enérgica lucha popular, han utilizado reiteradamente, por turno,
dos formas fundamentales de dominación burguesa: la república
parlamentaria y el bonapartismo militar.
Es sabido
que en la sociedad capitalista una minoría privilegiada de
explotadores y burócratas ejerce su dominación de clase sobre la
inmensa mayoría del pueblo. Es sabido que en el gobierno se
turnan ciertos políticos y ciertos militares, ligados todos de
una u otra manera a las grandes empresas, a la oligarquía
terrateniente y al imperialismo y ellos mismos grandes
empresarios y oligarcas proimperialistas; Frigerio, Alsogaray,
Krieger Vasena, Salimei, Lanusse, Gelbard, son algunos entre
otros muchos ejemplos. ¿Cómo hacen los burgueses para mantener
el control político, es decir, la dictadura de la burguesía?
¿Cómo se las ingenian para impedir que las clases trabajadoras,
que son mayoritarias, lleguen al gobierno?
Se sirven
de dos sistemas principales, el parlamentarismo y el
bonapartismo militar. Ambos sistemas utilizan combinadamente el
engaño y la fuerza para mantener la hegemonía de la burguesía.
Cuando uno de los sistemas se ha desgastado y las masas muestran
de mil formas su activo descontento, los capitalistas, oligarcas
e imperialistas recurren hábilmente al otro sistema.
El
parlamentarismo es una forma enmascarada de dictadura burguesa.
Se basa en la organización de partidos políticos y en el
sufragio universal. Aparentemente todo el pueblo elige sus
gobernantes. Pero en realidad no es así, porque como todos
sabemos las candidaturas son determinadas por el poder del
dinero.
Como
decía Lenin:
“Decidir una vez cada tantos
años qué miembro de las clases dominantes han de reprimir y
aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera
esencia del parlamentarismo burgués”
. Este carácter fraudulento,
engañoso, de toda elección y de todo parlamento no quita que la
clase obrera deba ingeniarse para dar pasos de avance
revolucionario en determinados procesos electorales, no quita
que la clase obrera deba ingeniarse para intentar utilizar el
parlamento con fines revolucionarios.
Una
política revolucionaria debe saber utilizar todo tipo de armas,
incluso aquellas que han sido creadas y son usadas con ventaja
por la burguesía como el parlamentarismo, para avanzar en la
propagandización de las ideas revolucionarias, para avanzar en
la movilización de masas, para introducir la crisis, la división
y la desorientación en las filas enemigas.
Pero un
grave error sería creer que a través de elecciones es posible
encontrar algún tipo de soluciones a los problemas de fondo de
la clase obrera, del pueblo y de nuestra patria. La burguesía
proimperialista argentina desgraciadamente ha conseguido varias
veces despertar esperanzas en nuestro pueblo sobre la
posibilidad de producir importantes cambios mediante un proceso
electoral.
En los
países capitalistas relativamente estables como EE.UU.,
Inglaterra, Alemania, etc., la burguesía mantiene su dominación
por la vía parlamentaria. En cambio en países capitalistas de
gran inestabilidad económico-social, como la Argentina actual,
la burguesía debe recurrir constantemente a recambios.
El
bonapartismo militar, la otra forma de dictadura burguesa, muy
utilizada por los explotadores argentinos, consiste en asentar
abiertamente el gobierno sobre las fuerzas armadas, a quienes se
presenta como salvadoras de la nación, encargadas de poner
orden, de mediar entre las distintas clases que han llegado a un
enfrentamiento agudo; encargadas de imponer la conciliación
entre las clases enfrentadas sin beneficiar particularmente a
ninguna de ellas, de imponer el “justo medio” en los intereses
contrapuestos.
El
bonapartismo militar que ha surgido en nuestro país de golpes
militares relativamente incruentos ha sido presentado con
habilidad como intervenciones de las FF.AA., destinadas a
terminar con la corrupción y la injusticia, destinadas a
solucionar los problemas del pueblo y a sanear la vida
económico-social de la nación.
El
exitoso golpe militar del 4 de junio de 1943, coincidente con la
coyuntura económica internacional extremadamente favorable,
producto de la Guerra Mundial, abrió un período de prosperidad y
estabilidad capitalista que permitió importantes concesiones a
las masas y sirvió magníficamente a la burguesía para infundir
falsas esperanzas en los militares, para difundir entre las
masas la teoría contrarrevolucionaria de la fusión
pueblo-ejército como fórmula para la revolución nacional
antiimperialista y popular. La realidad es que el bonapartismo
militar ha sido el sistema más beneficioso para la burguesía y
el imperialismo y más perjudicial a los intereses populares y de
la nación.
Naturalmente, que entre estos dos sistemas no hay una muralla
infranqueable, que ambas formas de dictadura capitalista se
entrecruzan y se combinan y que a veces el paso de una a otra se
ha dado en forma gradual.
La
primera experiencia peronista nacida de un golpe de estado
típicamente bonapartista, con la importante característica
especial de apoyarse no sólo en las FF.AA., sino también en
amplias masas obreras en proceso de sindicalización, pasó
gradualmente a formas parlamentarias en el curso de la primera
presidencia de Perón.
A partir
de 1952, la crisis económico-social comenzó a manifestarse en
forma aguda llevando al agotamiento el intento justicialista. La
burguesía exigió mayores sacrificios de las masas, exigió al
gobierno que ampliara los márgenes de explotación capitalista
eliminando las concesiones de la época de bonanzas, y aunque el
gobierno intentó satisfacer esas demandas un fuerte sector
militar se impacientó, consideró débil e ineficiente al gobierno
peronista, y protagonizó el golpe de estado de 1955.
La
dictadura “Libertadora” encontró en las masas enorme resistencia
armada y no armada, concretada en grandes huelgas obreras y en
un incipiente y masivo accionar armado urbano. Resistencia muy
difícil de vencer militarmente que llevó a la necesidad de dar
paso nuevamente al parlamentarismo en 1957, previo acuerdo de la
dictadura con los políticos burgueses que habrían de sucederle,
para exterminar en conjunto la resistencia popular. Así subió
Frondizi agitando mentirosamente un programa progresista que
engañó a amplios sectores de masas, y que naturalmente no
cumplió en lo más mínimo desde el gobierno.
Pero
nuevamente la presión de las masas fue muy grande. Saliendo
rápidamente de la confusión nuestro pueblo intensificó la lucha
reivindicativa y política, enfrentó activamente los planes
capitalistas de superexplotación, continuó el accionar armado y
urbano y agregó una intentona rural, que fue derrotada al no
llegar a constituir sólidas unidades, y desbarató el plan
frondicista de estabilización política en las elecciones a
gobernadores de marzo de 1962 imponiendo en Buenos Aires un
gobernador obrero (Framini) que aunque no era revolucionario,
resultaba inaceptable para la burguesía en esos momentos.
Nuevamente la burguesía se alarmó. Ante la crisis, consideró que
el frondicismo era incapaz de contener a las masas, y se lanzó
-con Guido- a un nuevo intento bonapartista completamente
inconsistente por la ausencia de líderes y de organización en
las fuerzas armadas. Esta debilidad de los militares los obligó
a ceder nuevamente terreno al parlamentarismo y se concretaron
las elecciones presidenciales de 1964 que llevaron al poder al
radicalismo de Illía.
La
continuidad e intensificación de la movilización política y
reivindicativa de nuestro pueblo, particularmente de la clase
obrera, quitó todo margen de maniobra a este gobierno populista,
deseoso de hacer algunas concesiones a las masas y dispuesto a
dar tímidos pasos progresistas, pero sin herir e irritar a las
clases dominantes, cuestión a todas luces irrealizable en las
condiciones de profunda crisis económica en que se debatía el
país. Ante exigencias de los militares Illía terminó lanzando la
represión, sin conformarlos y sin lograr evitar un nuevo golpe
bonapartista.
Esta vez
los militares habían realizado previamente una profunda
reorganización política de la FF.AA. que las consolidó como el
principal partido político de la burguesía. Bajo el liderazgo de
Onganía apoyado unánimemente por la burguesía, incluido el
peronismo y la burocracia sindical, las FF.AA.
contrarrevolucionarias presentaron un ambicioso plan
“revolucionario” destinado a restituir el orden, aplastar las
luchas obreras, garantizar grandes ganancias a las empresas
monopolistas y avanzar así a una trascendente modernización de
la estructura capitalista que lograra estabilidad y desarrollo.
LA
DICTADURA DE ONGANÍA
El golpe
militar de Onganía tuvo una particularidad que es muy importante
señalar. Fue esencialmente un golpe preventivo, dirigido a
cortar en su raíz el vigoroso surgimiento de nuevas fuerzas
revolucionarias. Las luchas del proletariado argentino habían
alcanzado un elevado nivel. Varios paros generales, miles de
ocupaciones de fábricas, constantes manifestaciones callejeras y
un nuevo intento guerrillero rural que, aunque fracasado
rápidamente fue visto con gran simpatía por el pueblo. Temeroso
ante el auge de la lucha de masas y los avances logrados en la
conciencia y organización populares, el Partido Militar suprimió
todas las libertades democráticas, dictó una bárbara ley
anticomunista, lanzó violenta represión contra toda movilización
obrera y popular ilegalizando sindicatos, encarcelando
dirigentes y activistas, ordenando hacer fuego contra ciertas
manifestaciones callejeras. Santiago Pampillón e Hilda Guerrero
de Molina fueron los primeros mártires del pueblo caídos bajo
las balas asesinas de la Dictadura. Aunque las masas
reaccionaron inmediatamente y resistieron activamente las
principales medidas antipopulares iniciales de la Dictadura, el
enemigo logró victorias tácticas aplastando con métodos de
guerra civil las principales huelgas de los primeros meses
(estudiantes, azucareros, portuarios). Debido a ello, declinó la
movilización de masas a lo largo de 1967 y 1968.
Pero este
relativo paréntesis de la lucha popular fue llenado por
profundos cambios en la mente y el corazón de nuestro pueblo.
Ante la barbarie militar y el estado de indefensión popular,
comenzó a cundir entre los argentinos el convencimiento de que a
la violencia de los explotadores y opresores había que oponer la
justa violencia popular. Este trascendental avance ideológico
fue fecundado por la epopeya del Comandante Guevara, vivida como
propia por amplios sectores de nuestro pueblo.
Abrumado
por la opresión y la explotación y en proceso de despertar
político e ideológico, el pueblo argentino acumuló odio a la
Dictadura, decisión de luchar con nuevos métodos más
contundentes. Todas estas energías contenidas estallaron a lo
largo y a lo ancho del país, en una inmensa movilización de
masas sin precedentes en nuestra patria, iniciada en Corrientes
en mayo del ’69 como respuesta al asesinato del estudiante
Cabral. Córdoba, Tucumán, Salta, Rosario, las principales
ciudades del país, fueron conmovidas entre mayo y setiembre de
1969 por formidables movilizaciones antidictatoriales de las
masas.
Fue el
principio del fin del Onganiato. La Dictadura Militar quedó
herida de muerte por las movilizaciones del ’69. En junio de
1970 Onganía fue destituído y reemplazado por Levingston. La
lucha popular se intensificó; surgió impetuosa la guerrilla
urbana, y el virrey Levingston cayó del gobierno tan bruscamente
como había ascendido.
A partir
del Cordobazo, a partir de mayo de 1969, la lucha
antidictatorial del pueblo argentino adquirió considerable
fuerza y efectividad. La aparición de la guerrilla urbana en la
lucha de clases argentina, como fuerza organizada y efectiva,
capaz de golpear con dureza al régimen y sus personeros, dio una
nueva tónica a la lucha popular. Comenzó a abrir una estrecha
senda hacia el poder obrero y popular, a mostrar la posibilidad
de encontrar un camino para escapar al enmarañado cerco
construido por la burguesía con engaños y violencias, en el que
las clases dominantes han mantenido encerrado a nuestro pueblo
durante decenas de años. La llama de la guerra popular como
estrategia para la toma del poder, como camino de la revolución
nacional y social de los argentinos fue encendida en este
período, y aunque débilmente, comenzó a arder ya sin
interrupciones. Por primera vez una posibilidad auténtica de
avanzar hacia la solución de los gravísimos problemas de nuestra
patria y de nuestro pueblo, se presentó ante los ojos de los
trabajadores argentinos. Ello llenó de entusiasmo y confianza a
las masas y el auge de la lucha popular adquirió una profundidad
y firmeza nunca vistas, ante el pánico de la burguesía.
Fue
entonces que el partido militar decidió retirarse en orden del
escenario político. Al borde de la desesperación los militares
colocaron a su mejor hombre en la Presidencia. Lanusse
estableció contactos inmediatamente con los políticos burgueses,
en primer lugar con radicales y peronistas, y con su
asesoramiento, a través de Mor Roig, planificó una hábil
estrategia defensiva para retirarse convocando en abril de 1971
al Gran Acuerdo Nacional de la burguesía.
Decía
nuestro Partido en abril de 1971:
“El
golpe militar que destituyó a Levingston señala los últimos
pasos de la Dictadura Militar. La aventura emprendida en 1966
por los militares llega a su término en medio de la más profunda
crisis. En el transcurso de los casi cinco años que lleva, el
gobierno militar ha sido incapaz de estabilizar la economía
burguesa y sus medidas promonopolistas le han valido no sólo el
odio de los trabajadores y el pueblo, sino también constantes
roces con otros sectores de la burguesía. El estallido popular
de Córdoba fue el golpe de gracia para la deteriorada imagen de
la Dictadura.
La
movilización obrera y popular del 15 de marzo tuvo como
características especiales la inocultable simpatía demostrada
por las masas hacia los movimientos armados, la existencia de
direcciones clasistas en importantes gremios, el desprestigio de
la burocracia y su evidente incapacidad para canalizar la
protesta popular por caminos pacíficos. La creciente actividad
de la vanguardia armada, que empalmó en ese proceso, donde las
masas tomaron como suyos sus emblemas, fue otra característica,
tal vez la más importante del segundo cordobazo. La posibilidad
de la concreción en un futuro inmediato de un vuelco masivo del
proletariado a la guerra revolucionaria, liderada por esa
vanguardia forzaron a las FF.AA. a dar el golpe que liquidara la
política de Levingston, simple continuación de la de Onganía,
para intentar una nueva salida. Este golpe de timón de la
Dictadura Militar ahora materializada en la figura de Lanusse,
es un retroceso de parte de la misma. Jaqueada por las
explosivas protestas masivas de la clase obrera y el pueblo y
por el desarrollo de la guerra revolucionaria, la Dictadura se
repliega y comienza a hacer concesiones.
Con
ello se abre un nuevo panorama en el proceso de las luchas
populares”.
“Conscientes de la gravedad de la crisis del capitalismo
argentino, temerosos ante la enérgica reacción popular y el
surgimiento de organizaciones guerrilleras íntimamente unidas a
las masas, la camarilla militar gobernante recurrió al GAN, a
una propuesta de acuerdo con los distintos partidos políticos
burgueses y pequeño-burgueses, para asentar en esta base social
amplia, su política contrarrevolucionaria de represión brutal a
los brotes guerrilleros y a la vanguardia clasista, elementos
principales de la guerra popular de larga duración iniciado en
nuestra patria”. “La camarilla de Lanusse comprende que para que
esa maniobra cuaje, necesita de la participación, del apoyo de
todos los sectores con arraigo popular, principalmente el
peronismo. De ahí los coqueteos con la Hora del Pueblo y el
ofrecimiento a Perón de permitir su retorno, devolver el cadáver
de Evita y otras concesiones con las que pretenden llegar a un
acuerdo, incorporar al peronismo a su política
contrarrevolucionaria”. “El Gral. Perón manifiesta que no se
prestará a las maniobras dictatoriales, pero al mismo tiempo, en
los hechos, con el apoyo abierto brindado al paladinismo y a
Rucci, a la Hora del Pueblo y a la burocracia sindical traidora,
entra en esa maniobra, favorece objetivamente los planes de la
dictadura, contribuyendo a confundir a amplios sectores
populares que, hartos de los militares, están dispuestos a
aceptar un nuevo gobierno parlamentario burgués, el retorno a
escena de los politiqueros que hace 5 años repudiara
masivamente”
.
En
definitiva el GAN, como se demostró posteriormente, fue una
hábil maniobra de la burguesía para contener con el engaño el
formidable avance revolucionario de nuestro pueblo, engaño que
consistió en un nuevo retorno al régimen parlamentario, esta vez
bajo el signo peronista, mediante un proceso electoral
completamente controlado por las clases dominantes. El plan
burgués fue una vez más tácticamente exitoso y logró despertar
nuevas esperanzas en las masas hacia una salida parlamentaria.
Pero ello no le reportó ventaja alguna, como veremos más
adelante, por la persistencia e intensificación de la lucha
popular en sus diversas manifestaciones.
Sin
embargo, es necesario detenernos para analizar las causas de los
repetidos éxitos de la burguesía en mantener su dominación de
clase pasando del parlamentarismo al bonapartismo militar y
viceversa, maniobra repetida reiteradamente.
Desde
1952 el capitalismo argentino vive una profunda crisis
económico-social, sometido a la formidable presión de un pueblo
combativo que no se resigna a la explotación y el sometimiento,
que ha luchado denodadamente en los últimos 22 años. Sin
embargo, la burguesía que no logra estabilizar el país en lo
económico-social, ha tenido éxito hasta ahora en lo político,
salvaguardando con hábiles maniobras el poder, resorte decisivo
en la lucha de clases.
SIN
OPCIÓN REVOLUCIONARIA DE PODER
La razón
fundamental por la que pese a la enérgica lucha de nuestro
pueblo, las clases dominantes no han visto peligrar su
dominación política ha sido la ausencia hasta el presente de una
opción revolucionaria de poder que ofreciera a las masas una
salida política fuera de los marcos del sistema capitalista.
Hasta
ahora la clase obrera y el pueblo argentino no han conseguido
darse una fuerza política propia de carácter revolucionario. Por
ello ha estado sometido constantemente a la influencia de los
partidos políticos burgueses y no ha logrado identificar las
distintas engañifas preparadas por la burguesía, cayendo en
consecuencia en el error, dando su apoyo de buena fe a sus
propios verdugos.
Naturalmente que la burguesía emplea todos sus poderosos medios
materiales; la prensa, la radio y la TV; sus agentes en el campo
popular; la intimidación y la persecución represivas, el
soborno, etc., con el objeto de dividir las fuerzas populares,
de impedir a toda costa cualquier avance en la construcción de
organizaciones revolucionarias. Naturalmente que la burguesía
emplea todos sus recursos en difundir entre las masas toda clase
de ideas erróneas, de esperanzas en las soluciones y líderes
burgueses tanto políticos como militares. Naturalmente que la
burguesía emplea todas sus fuerzas en calumniar al socialismo,
en mentir descaradamente para crear temor y desconfianza hacia
el poder obrero revolucionario.
Otro
factor que contribuye poderosamente a mantener oculta la
necesidad de arrebatar el poder estatal de manos de la
burguesía, es el rol de las corrientes reformistas y populistas
como el Partido Comunista y Montoneros, por ejemplo, que desde
el campo del pueblo y por tanto escuchados con interés por las
masas, difunden también falsas esperanzas apoyando sin rubores a
uno u otro dirigente de la burguesía pretendidamente
“progresista”, perdiéndose en el laberinto de la lucha
interburguesa y desviando tras de sí a sectores de las masas,
lejos del verdadero camino revolucionario, el camino de la lucha
consecuente y constante por la toma del poder.
Debido a
estos factores, a la debilidad de las fuerzas revolucionarias,
al hábil trabajo contrarrevolucionario de la burguesía, y a las
erróneas ideas sostenidas y practicadas por ciertas corrientes
del campo popular, la burguesía ha podido maniobrar con
tranquilidad en el campo político, durante los últimos 22 años
de crisis económico-social, pasar sin mayores dificultades del
parlamentarismo al bonapartismo y de vuelta del bonapartismo al
parlamentarismo, confundir con estos movimientos al pueblo y
mantener sólidamente el control de todos los resortes del
Estado.
Comprender claramente esta cuestión, saber identificar las
maniobras y trampas que la burguesía emplea para conservar el
gobierno, grabarnos en nuestras mentes y grabar en la mente del
pueblo que no hay solución a los problemas de las masas sin
despojar del poder a los capitalistas, sin destruir su ejército
y su aparato represivo, es la cuestión más vital en el estado
actual del proceso revolucionario argentino.
La lucha
de nuestro pueblo registra fundamentales avances en los últimos
años. Consignas socialistas han sido inscriptas profusamente en
distintos programas de lucha de las masas; el sindicalismo
clasista recuperó numerosos sindicatos de manos de la burocracia
sindical y está a punto de centralizar su actividad
nacionalmente; las masas pobres del campo y la ciudad crean y
desarrollan ligas campesinas y federaciones villeras; se han
fundado y operan prácticamente en todo el país efectivas
unidades guerrilleras urbanas y rurales con lo que se dio un
paso fundamental en el armamento del proletariado y el pueblo,
surgió un pujante movimiento socialista legal y semilegal de
características revolucionarias; y finalmente la consolidación,
desarrollo y maduración de nuestro Partido, el PRT, señala el
camino para la solución del principal problema de toda
revolución: la dirección proletaria-revolucionaria de la lucha
popular en su conjunto.
Todos
estos elementos anuncian que los argentinos estamos hoy día en
condiciones de superar el déficit fundamental que hemos
señalado, de dotarnos de una opción revolucionaria que nos
permita arrancar a las masas de la influencia burguesa y
encaminarnos con firmeza hacia la captura del poder, que nos
permita dirigir con certeza nuestra lucha hacia la toma del
poder hasta voltear a los políticos y militares capitalistas,
destruirles su aparato de dominación (ejército, policía,
parlamento, etc.), instaurar el poder obrero y popular
socialista, y construir un nuevo sistema de gobierno, un nuevo
estado, basado en la movilización y participación de todo el
pueblo para aplastar definitivamente hasta la última resistencia
del capitalismo y edificar el justo régimen socialista.
TERCER
GOBIERNO PERONISTA
Triunfantes en las elecciones generales del 11 de marzo, Héctor
Cámpora y Vicente Solano Lima, candidatos del FREJULI a
Presidente y Vice Presidente, dirigieron sus primeros pasos
políticos a contener las actividades revolucionarias y la lucha
de masas en general sobre la base de vagas y rimbombantes
promesas de cambios “revolucionarios”. Surgido de una campaña
electoral pro socialista y pro guerrillera, el gobierno
peronista de Cámpora se propuso iniciar su gestión con algunas
concesiones secundarias a la izquierda peronista y una apertura
internacional hacia los países socialistas que le diera un
barniz “revolucionario”. Dentro de esas concesiones estaban
comprendidas algunas leyes reclamadas prioritariamente por las
masas, en primer lugar la amnistía a los combatientes y la
derogación de la legislación represiva. Pero el propósito del
gobierno peronista era otorgar una amnistía gradual, parcial y
condicionada, que comenzara poniendo en libertad a los
combatientes peronistas y condicionara la de los guerrilleros
marxistas a la aceptación de la tregua por parte del ERP. La
dirección burguesa y burocrática del peronismo, entusiasmada por
los 6 millones de votos obtenidos confiaba irracionalmente en
que nuestro pueblo sería engañado con facilidad y suspendería su
lucha, seguiría la orientación formulada “del trabajo a la casa
y de la casa al trabajo”. El mismo 25 de mayo las masas hicieron
trizas todos esos planes lanzándose a la calle y obligando con
el “devotazo” a la inmediata liberación de todos los
combatientes.
Desde ese
momento ya se vio que el triunfo táctico obtenido por la
burguesía en el proceso electoral, tras una laboriosa
preparación no serviría para contener la lucha de masas, aislar
a la guerrilla y a la vanguardia clasista, para destruirlas, y
abrir así posibilidades de recuperación capitalista, objetivos
inmediatos centrales de la burguesía argentina y el imperialismo
yanqui.
A partir
del 25 de mayo las masas ganaron la calle, obtuvieron nuevos
triunfos contra la burocracia sindical, enfrentaron con energía
a las patronales y se movilizaron para exigir distintas
soluciones al gobierno que habían elegido con sinceras
esperanzas. Este auge de masas favorecido por la libertad
conquistada, abrió un ancho cauce para el desarrollo de las
organizaciones progresistas y revolucionarias. Particularmente
las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros
evidenciaron un impetuoso crecimiento en el estudiantado y en el
movimiento villero, perfilándose como la corriente interna del
peronismo de mayor influencia de masas, e iniciando actividades
en el proletariado fabril.
La
vacilación de las masas pequeño-burguesas y de su vanguardia en
el período pre y post-electoral fue muy grande, impresionadas
por la masiva propaganda de la burguesía, se inclinaron en
general a aceptar el “progresismo y antiimperialismo” del
gobierno y a considerar que sus esfuerzos de pacificación y
“reconstrucción nacional” es decir de contención de la lucha de
masas, serían coronados por el éxito.
En esta
situación nuestro Partido adoptó frente al nuevo gobierno una
firme línea principista, resistiendo con éxito las presiones
burguesas y pequeño-burguesa. Gracias a esa categórica y clara
posición, nuestra organización quedó a los ojos de las masas
como consecuentemente revolucionaria, fiel defensora de los
intereses proletarios y populares, libre de todo rasgo
oportunista. Gracias a esa clara posición, que denunciaba sin
ambages las intenciones contrarrevolucionarias del peronismo
gobernante y anticipaba con acierto los rumbos antipopulares que
seguiría el nuevo gobierno, nuestro Partido conquistó la
confianza de amplios sectores de masas, aquellos a los que llegó
nuestro pronunciamiento resumido en la declaración “RESPUESTA AL
PRESIDENTE CÁMPORA” distribuida profusamente en las principales
concentraciones obreras y populares. Nadando contra la
corriente, el PRT y ERP crecieron con consistencia y
homogeneidad centrando sus esfuerzos de construcción en el
proletariado fabril.
En
oposición al crecimiento de las fuerzas populares, el ala
fascista del peronismo encabezada por López Rega comenzó a
desarrollar intensa actividad con el Ministerio de Bienestar
Social como centro operativo. Organizando rápidamente bandas
parapoliciales, los fascistas prepararon un furibundo ataque a
las fuerzas de izquierda que se concretó el 20 de junio en
Ezeiza. El día del regreso de Perón las bandas fascistas, bajo
la jefatura inmediata de Osinde, tendieron una impresionante
emboscada a las columnas de la izquierda peronista que
concurrían desprevenidas al recibimiento de su líder. Decenas de
muertos y heridos fue el saldo de este criminal ataque, punto de
partida de una ofensiva general del peronismo burocrático para
desalojar a la izquierda de las posiciones conquistadas en el
gobierno, en lo inmediato, e intentar la destrucción total de
las organizaciones armadas peronistas FAR y Montoneros y
corrientes afines.
El paso
siguiente fue el desplazamiento de Cámpora, Righi, Puig,
Vázquez, de todos los funcionarios sensibles a la presión de las
masas, mediante el autogolpe contrarrevolucionario del 13 de
julio. Si bien desde su asunción con Cámpora el gobierno
peronista había mostrado una clara orientación burguesa y
proimperialista, materializada en el pacto social y otras
medidas antipopulares, a partir del 13 de julio, con el
interinato de Lastiri, tomó un franco cauce derechista.
El
comienzo de un formidable despliegue de las fuerzas progresistas
y revolucionarias de nuestro pueblo, amparado en la legalidad y
democracia conquistadas, llenó de preocupación y temor al
conjunto de la burguesía. La dirección burguesa y burocrática
del peronismo, interpretando fielmente las inquietudes de su
clase, decidió intervenir rápidamente con el auxilio y apoyo
activo de toda la clase capitalista. El autogolpe del 13 de
julio estuvo dirigido en consecuencia, a frenar el crecimiento
de las fuerzas progresistas y revolucionarias, a impedir la
acumulación de fuerzas en el campo popular.
Por eso
podemos afirmar categóricamente que la brusca caída de Cámpora,
quien no alcanzó a estar dos meses en el gobierno, marca la
crisis del intento peronista de contener la lucha popular con
una política centrada en el engaño.
Desde el
mismo 25 de mayo se vio que nuestro pueblo no acataría tregua
alguna y que por el contrario se lanzaría con renovados bríos a
defender sus intereses con la movilización y el accionar armado.
La conciencia de ese fracaso llevó al peronismo burgués a
cambiar su táctica y plantearse enfrentar a las masas teniendo
como eje la represión armada. Lastiri tomó las riendas del
gobierno decidido a “hacer tronar el escarmiento”, con la
esperanza de golpear duro y con eficacia. Colocó con ese fin al
General Iñiguez a la cabeza de la Policía Federal, ubicó en las
policías provinciales a ciertos personajes como García Rey en
Tucumán, y ordenó golpear sin contemplaciones, policial y
para-policialmente, contra todas las fuerzas progresistas y
revolucionarias.
Esta
política de fuerza mostró también su impracticabilidad
rápidamente. La lucha popular no sólo no cesó sino que se
intensificó y los intentos represivos fueron frenados en seco.
Tal es el caso de Tucumán donde el fascista García Rey que se
atrevió a detener numerosos compañeros para atemorizar a las
masas, en octubre de 1973, fue enfrentado exitosamente por la
movilización popular que logró la libertad de todos los
detenidos y obligó a la separación de García Rey. Esta reacción
del pueblo tucumano llamó a la realidad al gobierno peronista y
lo obligó a ser más respetuoso y cuidadoso.
De todas
maneras la orientación represiva gubernamental se mantuvo desde
entonces dando origen a distintas medidas, a la promulgación de
una nueva legislación represiva más brutal aún que la de la
dictadura militar, al encarcelamiento de gran cantidad de
combatientes y activistas de los cuales más de un centenar
sufren prisión en estos momentos en las cárceles de la
burguesía; al apaleamiento y hasta el baleamiento de
manifestaciones con el saldo de numerosos muertos y heridos.
Pero esta
nueva política, lejos de contenerla, exacerbó la lucha de
nuestro pueblo. Las manifestaciones continuaron, las huelgas
continuaron, las operaciones guerrilleras continuaron. Todas las
amenazas y medidas represivas que tomó el gobierno después de la
nueva elección presidencial de los siete millones de votos, no
lograron atemorizar al pueblo ni detener su lucha. Inútiles
fueron los discursos amenazantes, inútiles las designaciones de
torturadores y asesinos como Villar y Margaride, inútiles los
gigantescos operativos policiales. Las fuerzas progresistas y
revolucionarias se afirmaron, se consolidaron, aceleraron su
desarrollo y dieron efectivas y demoledoras respuestas en todas
las formas de lucha.
No sólo
en el terreno democrático el gobierno peronista tomó claramente
una dirección antipopular. La política económica y social siguió
desde el 25 de mayo una coherente línea proimperialista y
promonopolista. La ley de inversiones extranjeras favorece al
capital imperialista; la política de exportación favorece al
capital imperialista; la política de carnes favorece a los
grandes ganaderos, la proyectada ley del petróleo favorece a las
compañías multinacionales. Pese a que la economía de nuestra
patria está dominada por el capital extranjero este gobierno
supuestamente “antiimperialista” no tomó ninguna medida para
corregir esta situación.
La
política internacional en cambio registra una notable apertura
hacia el campo socialista y particularmente hacia la revolución
cubana. Este hecho, positivo en sí, en cuanto constituye un
retroceso del imperialismo yanqui y del capitalismo
latinoamericano frente a la firmeza de Roca del primer estado
socialista de nuestro continente, no es extraño ni opuesto a una
política burguesa coherente, no se sale de los marcos de una
política burguesa.
Durante
más de 10 años, el imperialismo yanqui y sus socios menores, las
burguesías latinoamericanas, aplicaron una feroz política de
aislamiento a la revolución cubana. Total bloqueo comercial,
ruptura de relaciones diplomáticas, fueron las armas empleadas
por la contrarrevolución para aislar a Cuba de los demás pueblos
latinoamericanos. Pero superando todas las dificultades el
pueblo cubano, bajo la correcta dirección de su Partido y del
Comandante Fidel Castro, contando con la insustituible ayuda del
campo socialista, avanzó exitosamente en la consolidación de su
revolución, en la edificación del socialismo, demostrando en los
hechos que un pueblo unido y organizado, claro en sus objetivos
revolucionarios, determinado a vencer las peores dificultades,
es capaz de triunfar frente a agresiones, bloqueos y
aislamientos.
Ante la
consolidación definitiva de la revolución cubana, el
imperialismo yanqui y las burguesías latinoamericanas tienden a
cambiar de línea, a suspender el bloqueo y reanudar relaciones
diplomáticas. En esa nueva línea general abre el camino la
burguesía argentina. En cuanto a la actitud frente a la Unión
Soviética, China, y demás países socialistas no difiere
sustancialmente de la que aplicaron los gobiernos anteriores,
incluida la dictadura militar.
En
síntesis, la política internacional del gobierno es una política
burguesa realista, de coexistencia pacífica, similar a la que
vienen aplicando desde hace años la mayoría de los países
capitalistas, que en cuanto favorece al desarrollo del comercio
es también beneficiosa para los países socialistas. Es más,
podemos afirmar sin temor a equivocarnos que esa política
coincide con la orientación general del imperialismo yanqui, que
respecto a Cuba ya ha perdido las esperanzas de impedir la
consolidación del socialismo en la heroica isla y tiende a
conformarse con intentar neutralizar su influencia
revolucionaria en el continente.
No cabe
ninguna duda entonces que la política del gobierno peronista
corresponde claramente a una estrategia contrarrevolucionaria,
antipopular y antinacional tal como lo entiende nuestro pueblo
que a partir de principio de este año, dirige ya con decisión su
lucha contra la política gubernamental.
Este
carácter reaccionario y represivo del gobierno peronista se ha
acentuado a partir de la consolidación del ala fascista de López
Rega. Sin diferenciarse en la política económica, coexistían en
el gobierno dos alas que después de la muerte de Perón
intentaron desplazarse mutuamente. Por un lado el ala fascista
encabezada por López Rega que impulsa un proyecto político de
basar la “reconstrucción nacional” en un estado policial.
López
Rega, admirador confeso de Hitler, Mussolini y Franco, opina que
la única forma de salvar al capitalismo argentino, es aplastando
militarmente a las fuerzas revolucionarias y estableciendo un
sistema masivo de control policial y represión que impida
cualquier resurgimiento de luchas populares y actividades
revolucionarias.
Por otro
lado el ala Gelbard, prefería luchar contra las fuerzas
revolucionarias con habilidad, intentando el aislamiento
político de la guerrilla y el sindicalismo clasista y las demás
fuerzas consecuentemente clasistas y revolucionarias. La línea
Gelbard tendía a ampliar la base social del gobierno
incorporando más activamente al radicalismo, al reformismo,
particularmente al Partido Comunista e incluso a Montoneros,
servirse de ellos para contener la lucha de masas y lograr la
ansiada estabilidad política que haga posible serios intentos de
recuperación capitalista.
Ambos
proyectos son irrealizables a corto y mediano plazo. La lucha de
clases argentina se agudiza día a día y se encamina a grandes
choques de clase, a una situación revolucionaria. El
proletariado y el pueblo han iniciado en 1969 un proceso de
guerra revolucionaria en respuesta a la explotación y a la
opresión burguesa y ese proceso no se detendrá a corto ni
mediano plazo. El plan fascistoide de López Rega, que finalmente
se impuso y se está aplicando, es irrealizable porque la fuerza
del movimiento de masas no admite hoy día ninguna posibilidad de
establecer con éxito un gobierno policial. El plan de Gelbard
-quien capituló ante López Rega y abandonó a sus aliados- era
también irrealizable porque gracias a las recientes experiencias
y al peso adquirido por la vanguardia revolucionaria no hay
posibilidades ahora que nuestro pueblo pueda ser engañado.
PROMESAS VERSUS REALIDADES
Al votar
masivamente por el peronismo en las elecciones del 11 de marzo y
del 23 de setiembre, el pueblo argentino votó por un programa
progresista estructurado en torno a la consigna “Liberación o
Dependencia”, caballito de batalla de la campaña electoral del
FREJULI. Es así que nuestro pueblo esperaba que el gobierno
peronista emprendiera un camino de soluciones antiimperialistas
y revolucionarias y esperaba una actitud firme ante los odiados
militares, de quienes se descontaba su oposición a cualquier
medida progresista. Es así que desde el mismo 25 de mayo el
pueblo argentino se moviliza enérgicamente contra los militares,
por la liberación de los combatientes, contra las empresas y la
burocracia sindical.
Todas las
esperanzas de los argentinos fueron defraudadas progresivamente
en corto tiempo. Las primeras definiciones y medidas
gubernamentales mostraron que los imperialistas no serían
tocados. Y a partir del 20 de junio fue evidente que el gobierno
haría todo lo posible por destruir las fuerzas revolucionarias
de nuestro pueblo.
No podría
ser de otra manera ya que se trata de un gobierno burgués,
dispuesto a defender incondicionalmente los intereses del
conjunto de la burguesía.
Un
gobierno que no sólo debe evitar cualquier daño al gran capital,
en primer lugar al gran capital extranjero, sino que tiene como
misión proporcionar condiciones para aumentar las ganancias
capitalistas. Toda su verborragia “popular”, todas sus promesas
“antiimperialistas” fueron y son en realidad cínicas mentiras
para engañar a las masas.
Esta
nueva experiencia nos enseña que no debemos esperar que los
representantes de las clases explotadoras solucionen los
problemas del pueblo. Naturalmente que como políticos prometerán
cualquier cosa y disfrazarán sus verdaderas intenciones, incluso
de palabra pueden pronunciarse contra el capitalismo y por el
socialismo, pero serán siempre fieles a su clase, estarán
controlados por ella y harán lo imposible para mantener y
consolidar su predominio y sus ganancias. Aún en el supuesto que
un determinado dirigente burgués, pongamos por ejemplo un alto
dirigente peronista o radical, o un militar de alta graduación
se convenciera sinceramente pasándose a la causa popular (lo que
es muy pero muy difícil por no decir imposible), ese dirigente
se vería imposibilitado de concretar ninguna solución porque
inmediatamente sería enfrentado y desplazado por su propio
partido, por los militares, por su propia clase.
Las
soluciones a los problemas del pueblo y de la patria, que son
soluciones profundamente revolucionarias sólo pueden provenir de
un nuevo poder obrero y popular revolucionario, que gobierne sin
ataduras, sin otro control que el de la masa del pueblo y sus
organizaciones revolucionarias, que se apoye en la movilización
popular y realice sin dilaciones los profundos cambios que la
Argentina necesita.
REFORMISMO Y POPULISMO
La lucha
por el poder obrero y popular, por el socialismo y la liberación
nacional, es inseparable de la lucha contra el populismo y el
reformismo, graves enfermedades políticas e ideológicas
existentes en el seno del campo popular. El populismo es una
concepción de origen burgués que desconoce en los hechos la
diversidad de clases sociales; unifica la clase obrera, el
campesinado pobre y mediano, la pequeña burguesía y la burguesía
nacional media y grande bajo la denominación común de pueblo. Al
no diferenciar con exactitud el rol y posibilidades de estas
diversas clases, tiende constantemente a relacionarse, con
prioridad, con la burguesía nacional y a alentar ilusorias
esperanzas en sus líderes económicos, políticos y militares,
incluso en aquellos como Gelbard, Carcagno o Anaya, íntimamente
ligados a los imperialistas norteamericanos. La corriente
popular más importantes gravemente infectada con la enfermedad
populista, es Montoneros. Su heroica trayectoria de lucha
antidictatorial se ha visto empañada por la confianza en el
peronismo burgués y burocrático, que ha causado grave daño al
desarrollo de las fuerzas progresistas y revolucionarias en
nuestra patria.
Con el
profundo y sincero aprecio que sentimos por esa organización
cimentado por la sangre de nuestros héroes comunes que se
entremezclara en Trelew, pensamos que es obligación de todo
revolucionario dar con franqueza la lucha ideológica,
reflexionar en conjunto sobre la experiencia de su apoyo a Perón
y al peronismo burgués y combatir las latentes expectativas en
Carcagno, Gelbard u otros líderes de las clases enemigas. A
partir de su inevitable ruptura con el peronismo burgués y
burocrático que ha comenzado a concretarse definitivamente en
las últimas semanas, Montoneros tiende y tenderá cada vez más a
retomar lazos con las organizaciones progresistas y
revolucionarias, entre ellas con nuestro Partido. Tiende y
tenderá cada vez más a reintegrarse a su puesto de combate, a
enfrentar con las armas en la mano, al gobierno y las fuerzas
policiales y militares de la burguesía y el imperialismo. Pero
ello no implica un cambio de fondo en la concepción populista.
De ahí que al mismo tiempo que saludamos la nueva orientación
Montonera, estamos convencidos de la necesidad imperiosa de
combatir intensamente la enfermedad ideológica y política
llamada populismo para exterminarla definitivamente del campo
popular, principalmente de Montoneros, la más afectada por esa
temible enfermedad burguesa.
Cuando a
principios de 1973 la dirección de FAR caracterizó entusiasmada
al Gral. Perón como líder revolucionario y calculó que el
gobierno peronista, denominado por ellos gobierno popular,
llevaría adelante una política consecuentemente antiimperialista
y pro-socialista, nuestra organización planteó a estos
compañeros:
“Estamos en presencia de un claro plan del enemigo consistente
en el acuerdo entre la Dictadura Militar y los políticos
burgueses, con el objeto de salvar al capitalismo, detener el
proceso revolucionario en marcha. Para ello el conjunto de la
burguesía pretende volver al régimen parlamentario y de esa
manera ampliar considerablemente la base social de su
dominación, reducida estrictamente a las FF.AA. durante el
Onganiato, aislar a la vanguardia clasista y a la guerrilla,
para intentar su aplastamiento militar. La ambición de la
burguesía es detener y desviar a las fuerzas revolucionarias y
progresistas en su avance, y llegar a una estabilización
paralela del capitalismo argentino. Este plan es irrealizable a
corto y mediano plazo porque la crisis económico-social, así
como la potencia actual de las fuerzas revolucionarias
progresistas, lo impedirán. Sin embargo, el plan enemigo pese a
su elementalidad encierra ciertos peligros fundamentalmente el
que motiva la presente carta, debido, pensamos a la juventud,
debilidad política e inexperiencia de sectores de la vanguardia
revolucionaria”.
“...el
éxito fundamental que ha comenzado a lograr y que debemos
enfrentar con todas nuestras fuerzas, es poner una cuña en las
organizaciones armadas, comenzar a tener una influencia cierta
en las organizaciones armadas peronistas y en sectores de la
juventud peronista, dirigida a detener y desviar su accionar a
partir de la consumación de la farsa electoral”.
“Analizando vuestra evolución como organización revolucionaria y
basados en el conocimiento surgido de la actividad en común,
pensamos que vuestra actitud tiene un significado profundo y que
encierra serios peligros para el desarrollo futuro de las
fuerzas revolucionarias en nuestro país. Pensamos que la
negativa a firmar con nosotros es una concesión de Uds. a las
presiones macartistas y derechistas del peronismo burgués, y que
es una cara de la moneda que tiene como reverso vuestro apoyo
incondicional y activo a los políticos burgueses del peronismo y
del integracionismo a los Cámpora, Solano Lima, Silvestre
Begnis, etc.”
“ Esto
es motivo de honda preocupación para nosotros, no sólo por las
trabas que coloca en el desarrollo político militar homogéneo de
las organizaciones armadas, los avances hacia la unidad, sino
porque muestra a Uds. en una vacilación inexplicable, ante la
posibilidad de suspender las operaciones militares a partir de
la instauración del nuevo gobierno parlamentario que planea
darse la burguesía”
.
Lamentablemente, estas sanas y justas observaciones no fueron
escuchadas y la política de FAR-Montoneros se tiñó de apoyo al
gobierno contrarrevolucionario y antipopular y de una línea
general divisionista en el seno del pueblo, tendiente al
irrealizable propósito de aislar a nuestra organización.
Si
recordamos hoy esto es porque el enemigo presentará en el futuro
una nueva engañifa, posiblemente de tipo peruanista, con
Carcagno a la cabeza, por ejemplo, y levantando el programa del
FREJULI o quizás otro mucho más radicalizado. Para eludir esa
nueva trampa, para rechazar sin vacilación esa nueva patraña,
ese nuevo canto del cisne, es imprescindible comprender el error
cometido ante el GAN, rectificar esa línea proburguesa,
erradicar la enfermedad del populismo.
El
reformismo a su vez reniega en los hechos de la vía
revolucionaria para la toma del poder, no tiene fe en la
victoria de la revolución socialista, desconfía de la capacidad
revolucionaria de las masas, y busca en consecuencia, avanzar en
la obtención de ciertas mejoras por la llamada vía pacífica,
consiguiendo progresivamente que tal o cual sector burgués que
denominan “progresista”, acepte concesiones a las masas, el
efectivo ejercicio de las libertades democráticas, algunas
mejoras en el nivel de vida del pueblo, etc. Pero como enseña el
marxismo-leninismo y la experiencia práctica, las libertades y
las reivindicaciones hay que arrancárselas a la burguesía con
enérgicas luchas.
El
Partido Comunista, que es la organización popular más atacada
por la enfermedad reformista, roído por ella, desde muchos años
atrás, fue inconsecuente y timorato en el período de la lucha
antidictatorial, y aunque no adoptó una actitud negativa en los
primeros meses del gobierno peronista, abriéndose a un
acercamiento con las fuerzas revolucionarias, a partir del 12 de
junio, cayó en la capitulación total volcando todo su peso en
apoyo del ala Gelbard del gobierno y dando la espalda
simétricamente a las fuerzas revolucionarias y a la lucha
popular en general. El pacifismo, el temor a la justa violencia
revolucionaria, la desconfianza en la potencialidad y capacidad
de la lucha de masas, la capitulación ante los líderes
burgueses, el cretinismo parlamentario, son las formas de
manifestación de la perniciosa enfermedad del reformismo que
caracteriza en general la actividad del Partido Comunista, y la
política de su dirección, que los lleva en determinados momentos
a atacar a las fuerzas y actividades revolucionarias sumándose
al coro contrarrevolucionario de la burguesía. En la ineludible
lucha ideológica contra el cáncer del reformismo, que afecta al
Partido Comunista, no debemos olvidar en ningún momento que
todos nuestros esfuerzos deben estar orientados a acercar a
estos compañeros a las filas revolucionarias, que se trata de
una organización popular compuesta por excelentes compañeros,
sinceros luchadores socialistas, que pueden y deben ser librados
de la enfermedad reformista.
La
elevación del nivel de conciencia de la vanguardia proletaria y
una constante prédica clarificadora entre las más amplias masas
armarán al proletariado y al pueblo política e ideológicamente
para combatir y matar las enfermedades populistas y reformistas,
erradicarlas definitivamente del campo popular, y curar a las
organizaciones y compañeros afectados por ellas recuperándolas
íntegramente para la causa obrera y popular, la causa de la
liberación nacional y el socialismo, la causa de la guerra
popular revolucionaria.
SITUACIÓN REVOLUCIONARIA Y DOBLE PODER
Las
tendencias de la lucha de clases argentina que se venían
marcando cada vez más nítidamente apuntando hacia el fin del
proyecto populista, y el comienzo de un período de grandes
enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir
del mes de julio de 1974. Perón, líder de masas, pese a su
intransigente defensa de los intereses capitalistas conservaba
aún alguna influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Poseía
autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote el
desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar
de la lucha obrera y popular; y había logrado restablecer
trabajosa y precariamente el equilibrio con la maniobra táctica
del 12 de junio. Por eso es que su muerte colocó a la burguesía
ante la necesidad de adoptar de inmediato definiciones políticas
-que explotadores y opresores deseaban postergar aún por unos
meses- con la consiguiente agudización de la crisis
interburguesa.
Este
fenómeno, un notable impulso del auge de las masas, y un
fortalecimiento acelerado de las fuerzas revolucionarias,
políticas y militares, se combinan para configurar el inicio de
una etapa de grandes choques de clases, antesala de la apertura
de una situación revolucionaria en nuestra Patria. En otras
palabras, entramos en un período de grandes luchas a partir del
cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad del
triunfo de la revolución nacional y social, la posibilidad de
disputar victoriosamente el poder a la burguesía y al
imperialismo.
Pero
apertura de una situación revolucionaria, o lo que es lo mismo
la existencia de condiciones que hacen posible el derrocamiento
del capitalismo y el surgimiento del nuevo poder obrero y
popular socialista, que liberará definitivamente a nuestra
patria del yugo imperialista y traerá la felicidad a nuestro
pueblo trabajador, no quiere decir que ello pueda concretarse de
inmediato. Necesariamente se deberá atravesar un período de
duras y profundas movilizaciones revolucionarias, de constantes
combates armados y no armados, de incesantes avances de las
fuerzas revolucionarias, de movilización y efectivo empleo de la
mayor parte de los inmensos recursos y potencialidades de
nuestro pueblo trabajador. Ese período -que debe contarse en
años- será mayor o menor en dependencia de la decisión, firmeza,
espíritu de sacrificio y habilidad táctica de la clase obrera y
el pueblo, del grado de resistencia de las fuerzas
contrarrevolucionarias, y fundamentalmente del temple, la fuerza
y capacidad del Partido proletario dirigente de la lucha
revolucionaria.
Prepararnos para resolver correctamente los difíciles problemas
que han de plantearse en la situación revolucionaria que se
aproxima, consiste en analizar objetivamente las características
de nuestro país, la experiencia de nuestro pueblo, la dinámica
de la lucha de masas, y en esforzarnos por conocer al máximo la
experiencia internacional, es decir la forma en que otros
pueblos encararon y resolvieron cuestiones similares a las que
se nos presentarán.
Configurada una situación revolucionaria, de acuerdo a las
enseñanzas marxistas-leninistas, comienza a plantearse en forma
concreta, inmediata, el problema del poder, la posibilidad de
que el proletariado y el pueblo derroquen a la burguesía
proimperialista y establezcan un nuevo poder revolucionario
obrero y popular. El momento en que la toma del poder puede ya
materializarse es denominada por el marxismo-leninismo crisis
revolucionaria, que es la culminación de la situación
revolucionaria, el momento del estallido final, momento que debe
ser cuidadosamente analizado por el Partido Proletario para
lanzar la insurrección armada con las máximas posibilidades de
triunfo. Pero entre el inicio de una situación revolucionaria y
su culminación en crisis revolucionaria, media un período que
puede ser más corto o más largo en dependencia de las
características concretas del país. En la URSS la situación
revolucionaria se inició en febrero de 1917 y la crisis
revolucionaria se presentó en octubre del mismo año.
En España
la situación revolucionaria se inició en mayo de 1931 y se
prolongó durante 8 años en forma de guerra civil abierta hasta
la derrota de las fuerzas revolucionarias. En Vietnam se abrió
en noviembre de 1940 y culminó con la toma del poder en agosto
de 1945. Los ritmos y plazos del desarrollo de la situación
revolucionaria están determinados por distintos factores
concretos que hacen al grado de descomposición de la burguesía y
al poderío de las fuerzas del pueblo, ocupando un lugar
destacado el papel del partido revolucionario.
En el
curso de la situación revolucionaria nace y se desarrolla el
poder dual, es decir que la disputa por el poder se manifiesta
primero en el surgimiento de órganos y formas de poder
revolucionario a nivel local y nacional, que coexisten en
oposición con el poder burgués. Una forma típica de órganos de
poder dual fueron los soviets o consejos obreros y populares que
se organizaron durante la Revolución Rusa, consistentes en
Asambleas permanentes de delegados obreros, soldados y otros
sectores populares, que asumían responsabilidades
gubernamentales, en general opuestos a las intenciones del
gobierno burgués. De esta forma las fuerzas revolucionarias se
van organizando y preparando para la insurrección armada, para
la batalla final por el poder para establecer después del
derrocamiento de la burguesía un nuevo poder obrero y popular.
Las
experiencias de distintas revoluciones, principalmente en China
y Vietnam, han ampliado el concepto de poder dual y de
insurrección demostrando que una forma de desarrollo del doble
poder puede darse con insurrecciones parciales, es decir con
levantamientos armados locales que establezcan el poder
revolucionario en una región o provincia, las denominadas zonas
liberadas. De acuerdo a estas experiencias, el proceso de
desarrollo del doble poder en una situación revolucionaria,
inseparable del desarrollo de las fuerzas armadas populares,
puede surgir como zonas de guerrilla o zonas en disputa para
pasar después a bases de apoyo o zonas completamente liberadas y
extenderse nacionalmente hasta el momento de la insurrección
general.
El
desarrollo del poder dual está en todos los casos íntimamente
unido al desarrollo de las fuerzas militares del proletariado y
el pueblo, porque no puede subsistir sin fuerza material que lo
respalde, sin un ejército revolucionario capaz de rechazar el
ataque de las fuerzas armadas contrarrevolucionarias.
Naturalmente que estas fundamentales orientaciones del
marxismo-leninismo que iluminan con poderosa luz nuestro camino,
no debe ser tomado como un esquema simplista. Es simplemente un
poderoso arsenal teórico resultado de decenas de años de
experiencias, que debemos tener como punto de referencia para la
formulación de nuestra línea, sin olvidar que cada revolución
tiene sus particularidades y que el marxismo-leninismo cobra
vida y utilidad cuando es aplicado creadoramente a la situación
concreta de un proceso revolucionario determinado.
El poder
dual puede desarrollarse en el presente en nuestra patria tanto
en la ciudad como en el campo, siempre sobre la base de una
fuerza militar capaz de respaldar la movilización
revolucionaria, y merced al despliegue multilateral de todas las
potencialidades de nuestro pueblo, lo que significa
necesariamente la dirección del Partido marxista-leninista
proletario.
Estamos
frente a un enemigo relativamente fuerte, que cae en la
impotencia ante la generalización de la movilización; un enemigo
hábil, bien armado y entrenado; un enemigo relativamente
disperso que adquiere fuerza cuando puede concentrarse; un
enemigo brutal y sanguinario; un enemigo cuya fuerza principal,
las FF.AA. contrarrevolucionarias, tiene el talón de Aquiles del
servicio militar obligatorio, que hace posible un rápido y
demoledor trabajo político en la masa de soldados; un enemigo
políticamente débil, con serias disensiones internas y
enmascarado aún en la “legalidad” parlamentaria.
Contamos
con un poderoso y combativo movimiento de masas vertebrado por
el proletariado industrial, extendido en todo el país, con
experiencia de lucha; contamos con una amplísima vanguardia
proletaria inclinada hacia la revolución, ávida de ideas
socialistas y deseosa de contar con una sólida organización
revolucionaria; contamos con un estudiantado combativo y un
campesinado pobre dispuesto a luchar; contamos con fuerzas
guerrilleras urbanas y rurales, aún pequeñas pero bien
organizadas y relativamente fogueadas; contamos con numerosas y
extensas organizaciones de masas que engloban a la mayor parte
de los trabajadores del país; contamos finalmente con un
aguerrido partido revolucionario que crece y se consolida
diariamente, aunque aún está limitado por distintos déficits,
fundamentalmente su debilidad numérica y su limitada vinculación
con las masas proletarias y trabajadoras en general.
A partir
del cordobazo y basándose en experiencias anteriores menores,
nuestro pueblo tiende a insurreccionarse localmente, tiende a
movilizarse aquí y allá, tomar sectores de ciudades y
poblaciones, erigir barricadas y adueñarse momentáneamente de la
situación rebasando las policías locales y provinciales.
Por eso
podemos afirmar que en Argentina, en un período inicial, el
doble poder ha de desarrollarse en forma desigual en distintos
puntos del país, es decir que han de surgir localmente formas y
órganos de poder obrero y popular, permanentes y transitorios,
coexistiendo con el poder capitalista, enfrentándolo
constantemente bajo el formidable impulso de la movilización de
masas.
FORMAS
DEL PODER LOCAL.
El
problema práctico que nuestro pueblo debe resolver a partir de
la nueva situación, es lograr paso a paso la acumulación de
fuerzas necesarias para la lucha final por el poder estatal que
debemos arrancar de manos de la burguesía. Esa fundamental
cuestión se resolverá en la situación revolucionaria que
comenzamos a vivir, con el desarrollo del poder dual, tanto en
su forma general de oponerse a ciertos planes del gobierno
burgués e imponer las soluciones obreras y populares a
determinadas situaciones en base a enérgicas movilizaciones de
masas, llegando de esa manera a la constitución transitoria de
órganos de poder a nivel general, como en su forma de poder
local, manifestación principal del poder dual, en todo el
próximo período, punto de partida sólido para una gigantesca
acumulación de fuerzas revolucionarias.
La lucha
popular es desigual. Se desarrolla parcialmente, en un lugar de
una manera, en otro de otra, en un lugar en un momento en otro
en otro momento. Necesitamos que todas esas luchas que se dan en
distinto tiempo y lugar y con una fuerza y alcances diferentes,
den siempre por resultado un aumento de la fuerza de todo el
pueblo, que se vayan acumulando, hasta el momento que sea
oportuno lanzar el ataque final, en todo el país y con todas las
fuerzas disponibles, para llevar al triunfo la insurrección
armada obrera y popular.
Pongamos
un ejemplo. En una fábrica grande se inicia una lucha
reivindicativa o antiburocrática, que enseguida choca no sólo
con la empresa y la burocracia sindical, sino también con la
policía, con el Ministerio de Trabajo, en una palabra con el
gobierno burgués y sus fuerzas represivas. El sindicato o
comisión interna que dirige la lucha, moviliza a todos los
trabajadores, gana un primer conflicto y amplía su fuerza. Si
esa lucha se mantiene ahí, inevitablemente tenderá a debilitarse
porque como es aislada, el enemigo puede combatirla
pacientemente. Después de un tiempo, en el curso del cual se dan
nuevas movilizaciones, la “santa alianza” enemiga (empresa,
burocracia, fuerzas represivas y gobierno), lanza su
contraofensiva, y muchas veces, la vanguardia obrera, influida
por el espontaneismo, el populismo, el reformismo, o simplemente
por falta de orientación política, es derrotada por no animarse
a luchar, a veces, o por dar una batalla desesperada. En cambio
actuando correctamente, en el caso que damos como ejemplo
hipotético, el sindicato o Comisión Interna clasista, al hacer
conciencia de la situación revolucionaria que vivimos,
comprenderá que el eje de sus esfuerzos debe dirigirse a
acumular fuerzas. De esa manera, ante el primer triunfo, se
preocupará inmediatamente para tomar los demás problemas de la
población, acercarse a las organizaciones villeras y barriales,
a otros sindicatos y comisiones internas, y fundamentalmente
participará y alentará a los activistas a participar en la
construcción de las fuerzas revolucionarias, las células del
PRT, las unidades del ERP, el Frente Antiimperialista.
Ello ha
de llevar enseguida al surgimiento de formas de poder local, a
encarar la solución soberana de los distintos problemas de las
masas locales. Avanzar hacia el desarrollo del poder local
primero enmascarado y después abierto como veremos enseguida es
el paso que media entre la lucha parcial de masas y la
insurrección general, paso que es necesario dar desde ahora en
todos los lugares en que sea posible.
Constituir órganos abiertos de poder local no puede ser un hecho
aislado ni espontáneo. El enemigo en cuanto tenga conocimiento
de que en un barrio, en una localidad o una ciudad el pueblo se
ha organizado por sí solo y comienza a resolver a su manera los
problemas de la producción, de la salud, de la educación, de la
seguridad pública, de la justicia, etc., lanzará con furor todas
las fuerzas armadas de que pueda disponer con la salvaje
intención de ahogar en sangre ese intento de soberanía. Por ello
el surgimiento del poder local debe ser resultado de un proceso
general, nacional, donde aquí y allá, en el norte y en el sur,
en el este y en el oeste, comiencen a constituirse organismos de
poder popular comiencen las masas a tomar la responsabilidad de
gobernar su zona. Esa multiplicidad y extensión del poder local
dificultará grandemente las posibilidades represivas y hará
viable que unidades guerrilleras locales de pequeña y mediana
envergadura defiendan exitosamente el nuevo poder.
La
movilización de las masas apunta en nuestro país en esa
dirección. La actividad consciente de los revolucionarios hará
posible que el proceso de surgimiento y desarrollo del poder
local, punto de partida para disputar nacionalmente el poder a
la burguesía proimperialista, evolucione armónicamente,
exitosamente.
A partir
de la lucha reivindicativa está hoy planteado en Argentina, en
algunas provincias, en algunas ciudades, en algunas zonas
fabriles y villeras, la formación de órganos embrionarios de
poder popular. Pero, en general en lo inmediato no es
conveniente dar un paso que atraerá rápidamente la represión
contrarrevolucionaria. En esos casos puede avanzarse
enmascarando hábilmente tras distintas fachadas el ejercicio del
poder popular. En una villa, por ejemplo, bajo el
enmascaramiento de la Asociación Vecinal, pueden organizarse
distintas comisiones que encaren el problema de la salud, de la
educación, de la seguridad, de la justicia, de la vivienda,
etc., con una orientación revolucionaria, mediante la constante
movilización de toda la villa, teniendo como objetivo central la
construcción de sólidas fuerzas revolucionarias políticas y
militares. En un pueblo de Ingenio Azucarero igual papel podría
jugar el Sindicato. Pero esto sólo como pasos iniciales de los
que habrá que pasar en el momento oportuno a la organización de
una Asamblea o Consejo local que se constituya oficialmente como
poder soberano de la población de la zona.
En el
campo, donde la presencia directa del estado capitalista es
relativamente débil, el desarrollo del poder local será más
rápido y más efectivo, en cuanto estará en condiciones de
brindar desde el comienzo sustanciales mejoras a las masas. Pero
su enmascaramiento será más difícil y recibirá inicialmente los
más feroces ataques del enemigo. Establecer órganos de poder
local en el campo sólo será posible con el respaldo de unidades
guerrilleras medianas capaces de rechazar exitosamente los
ataques del Ejército Contrarrevolucionario.
UNIDAD
Y MOVILIZACIÓN POPULAR:
EL
FRENTE ANTIIMPERIALISTA
No hay
posibilidades de avanzar sólidamente en el desarrollo del poder
local sin constantes avances en la unidad y movilización más
amplia de las masas populares. Este es un problema crucial que
será resuelto mediante una sabia combinación de avances en la
movilización política de masas por abajo con una correcta
política de acuerdos entre las distintas organizaciones obreras
y populares.
La
movilización patriótica y democrática de las más amplias masas
del pueblo argentino tiene ya una importancia fundamental.
Aprovechando todos los resquicios legales, la lucha democrática,
patriótica, antiimperialista, constituye un segundo frente desde
el que se hostigará al régimen capitalista-imperialista
desplegando con energía la violencia política de todo el pueblo,
impulsando la intervención de las más amplias masas en la lucha
revolucionaria, garantizando la íntima vinculación de las
fuerzas políticas y militares clandestinas con el conjunto del
pueblo trabajador, fuente inagotable de recursos morales y
materiales para las necesidades de la guerra popular. La unidad
y movilización patriótica de todo el pueblo requiere la
construcción de una herramienta política orgánica que la
centralice, organice, impulse y oriente. Es el Ejército Político
de las masas, el Frente Antiimperialista que es necesario
organizar en el curso mismo de la movilización, como propulsor y
resultado de la intensa actividad política, legal, semilegal y
clandestina de las más amplias masas populares.
Este
Frente Antiimperialista, a partir de experiencias como la del
FAS, debe enraizar orgánicamente en las masas con su política
patriótica y revolucionaria, contener en su seno la mas amplia
gama de organizaciones representativas, partidos y corrientes
políticas socialistas, peronistas, radicales, cristianos, etc.,
sindicatos y agrupaciones sindicales antiburocráticas, centros y
federaciones estudiantiles, uniones, ligas y federaciones
campesinas, asociaciones y federaciones villeras y barriales,
federaciones de aborígenes, organizaciones juveniles y
femeninas, comisiones de solidaridad con los presos, etc. etc.
No es
ésta una tarea sin dificultades. Requiere partir de un amplio
espíritu unitario, solidario y de servicio incondicional a la
causa del pueblo. Pero la heterogeneidad social del Frente
Antiimperialista producirá sin duda dificultades y luchas
interiores que necesitan un tratamiento paciente y constructivo.
Unidad frente al enemigo y lucha ideológica y política en el
interior de la alianza, es una característica esencial del
Frente Antiimperialista porque desde el momento que agrupa o
tiende a agrupar al conjunto del pueblo, a la clase obrera, la
pequeña burguesía urbana, el campesinado pobre y los pobres de
la ciudad, y en ciertos períodos hasta sectores de la burguesía
nacional media, contra el enemigo común, no puede evitarse una
aguda lucha de clases en su seno. Pero esta lucha de clases
tiene un carácter ideológico y político pacífico, que puede y
debe resolverse sin la ruptura de la unidad; es una
contradicción no antagónica en el seno del pueblo que puede y
debe solucionarse mediante la crítica, la autocrítica y la
educación revolucionaria. Sin embargo tiene una importancia
capital, porque sólo la hegemonía del proletariado en la
conducción del Frente Antiimperialista puede garantizar la
persistencia de una correcta línea de movilización de masas y
desarrollo del poder local en el marco de la victoriosa política
de guerra revolucionaria.
Ese mismo
Frente Antiimperialista que debemos construir a partir de la
experiencia del FAS y otras organizaciones similares, es quien
deberá motorizar la organización del poder local, tomando en sus
manos, a partir del consenso popular, la organización de las
masas de la zona y la construcción de los consejos o asambleas
soberanas con delegados de los distintos sectores de la
población. Para ello se requiere pericia, preparación,
intercambio de experiencias y un trabajo revolucionario bien
organizado que prevea las distintas cuestiones relacionadas, que
forme los cuadros necesarios, etc. etc. El Frente
Antiimperialista debe reunir y organizar los inmensos recursos
de las más amplias masas y colocarlos al servicio de la lucha
revolucionaria por el poder, del desarrollo del poder local,
hacia la preparación de la victoriosa insurrección general del
pueblo argentino.
La unidad
y movilización patriótica de nuestro pueblo se agigantará
paralela al desarrollo de la lucha reivindicativa de las masas y
de la creciente envergadura de las actividades revolucionarias
clandestinas políticas y militares. El conjunto de estas luchas,
que interrelacionadas constituyen la aplicación de una línea de
guerra revolucionaria, permitirán poner de pie a centenares de
miles de argentinos que apoyados por millones constituirán una
poderosa fuerza revolucionaria capaz de derrotar a los
capitalistas, a sus fuerzas armadas contrarrevolucionarias y
despojarlos definitivamente del poder. Capaz de establecer un
Gobierno Revolucionario Obrero y Popular, de destruir en sus
cimientos el sistema de explotación y opresión
burgués-imperialista, e iniciar la construcción de la Nueva
Patria Socialista, abriendo así un largo período de libertad y
felicidad para nuestro querido pueblo.
LA
CONSTRUCCIÓN DEL EJERCITO DEL PUEBLO.
Después
de más de tres años de combate urbano, nuestro pueblo ha
iniciado la construcción de unidades guerrilleras urbanas y
rurales estructuradas en una perspectiva de fuerzas regulares. A
partir de esa experiencia y de los recursos acumulados, los
argentinos estamos hoy en condiciones de avanzar con rapidez en
la construcción de un poderoso ejército guerrillero.
En un
primer período inmediato que posiblemente lleve varios años,
debemos abocarnos a la organización de unidades locales pequeñas
y medianas, a nivel de compañía, batallón y regimiento,
íntimamente unidas al desarrollo del poder local, capaces de
enfrentar triunfalmente, con el apoyo de la población, cualquier
ataque de las fuerzas represivas. De esas unidades locales han
de surgir en el futuro, las brigadas y divisiones del Ejército
Revolucionario del Pueblo regular que respaldará la victoriosa
insurrección general del pueblo argentino.
Como
parte del ejercicio soberano del poder por el pueblo en
determinadas zonas, se crearán milicias de autodefensa obreras y
populares que al encargarse progresivamente por sí solas de
garantizar efectivamente la defensa de su zona ante los embates
represivos, harán posible que las compañías, batallones y
regimientos guerrilleros se liberen de sus obligaciones locales
y avancen en su transformación en brigadas y divisiones
regulares, brazo de acero del pueblo revolucionario. La
formación de las milicias de autodefensa, fuente asimismo de
combatientes y cuadros militares para las fuerzas regulares, es
un problema serio, delicado, que exige una política prudente,
reflexiva, consistente. Los espontaneistas, con su
irresponsabilidad y ligereza característica gustan plantear sin
ton ni son ante cada movilización obrera y popular por pequeña y
aislada que sea, la formación inmediata de milicias de
autodefensa. Naturalmente que para ellos es sólo una palabra con
la que pretenden colocarse a la izquierda de nuestro Partido en
el terreno de la lucha armada y no existen riesgos de que
lleguen a concretarlo. Pero sectores proletarios y populares de
vanguardia, plenos de combatividad, pueden caer bajo la
influencia de esta hermosa consigna y llegar a la formación
apresurada de tales milicias exponiéndose y exponiendo
prematuramente a sectores de las masas a los feroces golpes de
la represión con resultados contraproducentes. Las milicias de
autodefensa son parte esencial en el armamento obrero y popular,
constituyen sólidos pilares en la edificación de las fuerzas
armadas revolucionarias, pero por su amplio carácter de masas
sólo pueden surgir de una profunda y total movilización del
pueblo en zonas de guerrilla o zonas liberadas.
En la
construcción de las fuertes unidades guerrilleras del presente,
esfuerzo que se nutrirá del generoso aporte de la clase obrera y
el pueblo, tienen responsabilidad fundamental las actuales
organizaciones y grupos armados, principalmente nuestro ERP que
cuenta con mayor experiencia de combate. Unificar los esfuerzos
de edificación guerrillera luchando contra la dispersión, el
sectarismo y el individualismo es una tarea que tenemos por
delante y que correctamente solucionada facilitará la formación
de las unidades necesarias, al centralizar todos los recursos
disponibles. Porque construir una fuerza militar como la que
necesitamos, más aún en las condiciones de dominación
capitalista y frente a un enemigo relativamente poderoso, es una
tarea realizable pero difícil y compleja. Es una tarea
perfectamente realizable como nos ha demostrado la experiencia
al llegar ya a la constitución de compañías que con su logística
(servicios) incluyen más de un centenar de combatientes y tienen
mayor capacidad de combate que las unidades similares del
ejército opresor, y como nos demuestra la gloriosa experiencia
vietnamita en que en un país de 15 millones de habitantes frente
a un ejército de ocupación de más de un millón de hombres,
lograron liberar más del 90 porciento del país, defender esas
zonas liberadas con milicias de autodefensa y construir
poderosas divisiones que aniquilaron -sin contar con aviación- a
las mejores tropas norteamericanas obligando a retirarse
derrotado al ejército contrarrevolucionario más poderoso de la
tierra. Pero si bien es posible, requiere grandes sacrificios,
enormes recursos y mucha destreza, requiere el aporte decidido
de la clase obrera y el pueblo, la unificación de los esfuerzos
revolucionarios, una correcta política de masas y una sabia
línea militar de masas. En una palabra requiere la activa
participación de amplios sectores de la clase obrera y el
pueblo, el aporte de distintas corrientes populares y la firme
dirección de un partido marxista-leninista de combate.
EL
PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS TRABAJADORES
“Si la
guerra de liberación del pueblo vietnamita ha sido coronada por
una gran victoria, ha sido gracias a los factores que acabamos
de enumerar, pero ante todo porque fue organizada y dirigida por
el Partido de la clase obrera: El Partido Comunista Indochino
hoy convertido en Partido de los Trabajadores de Vietnam. Fue
éste el que, a la luz del marxismo-leninismo, procedió a un
análisis certero de la sociedad vietnamita y de la correlación
de fuerzas entre el enemigo y nosotros, para definir las tareas
fundamentales de la revolución nacional democrática popular y
decidir el comienzo de la lucha armada y la línea general de la
guerra de liberación: la resistencia prolongada, la libertad por
el propio esfuerzo. Resolvió certeramente los diversos problemas
planteados por la organización y la dirección de un Ejército
Popular, de un poder popular, de un Frente Nacional Unido.
Inspiró al pueblo y al ejército un espíritu revolucionario
consecuente e inculcó a toda la nación la voluntad de superar
todas las dificultades, soportar todas las privaciones y llevar
hasta el fin la larga y dura resistencia”
.
Los
argentinos contamos también con el núcleo fundamental de un
Partido similar, del partido proletario de combate que llevará
al triunfo nuestra revolución antiimperialista y socialista. Es
el PRT, forjado en nueve años de dura lucha clandestina,
antidictatorial, antiimperialista y anticapitalista, que cuenta
hoy día con sólida estructura nacional, varios miles de miembros
activos, varios centenares de cuadros sólidos, tradición y
experiencia de combate, correcta línea política estratégica y
táctica, marcadas características y moral proletaria y una
profunda determinación de vencer afrontando todos los
sacrificios necesarios. Pero nuestro Partido encuentra aún
grandes dificultades para cumplimentar eficazmente su misión
revolucionaria. Ello se debe principalmente a insuficiencias en
la penetración orgánica en el proletariado fabril, débil
composición social que alcanza a sólo a un 30 porciento de
obreros fabriles, insuficiente habilidad profesional en la
ejecución de las tareas revolucionarias y limitado número de
miembros organizados. En el curso de las presentes y futuras
luchas del proletariado y el pueblo, nuestro Partido sabrá
conquistar la total confianza de la vanguardia obrera y popular,
despertar y canalizar la decisión revolucionaria de los mejores
hijos de nuestro pueblo para superar sus limitaciones actuales y
responder cabalmente a sus responsabilidades, ejecutar con honor
su papel de motor, centralizador y dirigente del conjunto de la
lucha revolucionaria.
La
construcción del PRT, tarea capital de todos los revolucionarios
argentinos, principalmente de los obreros de las grandes
fábricas, pasa por el desarrollo de las zonas y de los frentes
fabriles. Formar células en las grandes fábricas, influir o
dirigir la lucha reivindicativa del proletariado, llegar
constantemente con hábil propaganda de Partido al conjunto de
los obreros fabriles, incorporar y organizar en el Partido
decenas de obreros en cada fábrica grande, es el punto de
partida actual para el sano e impetuoso desarrollo necesario,
para que el PRT esté en condiciones de jugar su rol dirigente y
organizador. De las grandes fábricas saldrán el grueso de los
principales cuadros y dirigentes de nuestro Partido, como han
salido parcialmente hasta hoy.
Como se
ve todo este esfuerzo no depende sólo de la constancia y
voluntad de nuestros militantes; tienen también enorme
responsabilidad los elementos de vanguardia del proletariado,
cuya conciencia, fidelidad a la causa y firme determinación
serán decisivos en la construcción del Partido que necesitamos.
Porque el PRT padece de una gran escasez de cuadros, la
disposición de los elementos de vanguardia a organizarse por su
propia cuenta es vital para conseguir rápidos avances en la
multiplicación de nuestras fuerzas revolucionarias. Cada obrero
de vanguardia, cada revolucionario de origen no proletario, cada
nuevo compañero que se ligue a nuestra organización, tiene la
responsabilidad de aportar lo máximo de si en su rápida
integración y en la construcción de las células de su frente
fabril o de su zona.
Con el
cálido respaldo de nuestro pueblo y la decidida intervención de
la vanguardia obrera y popular, el PRT aumentará sustancialmente
sus fuerzas en el próximo período, y se pondrá en condiciones de
dar solución en la práctica a los complejos problemas de nuestra
revolución.
NUESTRA REVOLUCIÓN TRIUNFARA
En este
breve folleto hemos visto como se sostiene la burguesía en el
poder utilizando tanto el engaño como la represión, sirviéndose
hoy del parlamentarismo, mañana del bonapartismo militar. Hemos
visto como en la actualidad, fracasado el intento parlamentario
peronista, la burguesía se apresta a intentar un nuevo engaño
con un golpe o autogolpe militar de tinte peruanista. Hemos
llegado a la conclusión de que debemos lograr a toda costa que
nuestro pueblo no vuelva a caer en el engaño y en lugar de
abrigar esperanzas en los militares sepa desde el principio que
la lucha revolucionaria debe continuar e intensificarse.
Hemos
visto más adelante, que estamos ante la apertura de una
situación revolucionaria en la cual la lucha por el poder
comienza a ser posible. Hemos visto finalmente que el camino
para avanzar hacia la conquista del poder por medio de la
insurrección armada general del pueblo argentino, pasa por el
desarrollo del poder dual, por el poder local en las zonas de
guerrillas y zonas liberadas, por la unidad y movilización de
todo el pueblo, por la construcción de un Frente
Antiimperialista de masas, un poderoso ejército guerrillero y un
sólido Partido Marxista-Leninista de combate, el Partido
Revolucionario de los Trabajadores.
Estas
sencillas y fundamentales conclusiones que iluminan nuestra
actividad futura; estas inmensas posibilidades y
responsabilidades de la actual generación de revolucionarios
argentinos, es una semilla que germinó regada por la generosa
sangre de más de un centenar de héroes y mártires caídos en el
combate, en la tortura o en el frío asesinato policial y
militar. Ellos son la expresión máxima de combatividad y entrega
revolucionarios de nuestro pueblo, del heroísmo del pueblo
argentino, que ha logrado abrir ya un ancho y seguro camino para
el triunfo de la revolución socialista y antiimperialista: el
victorioso camino de la guerra popular revolucionaria.
Nos
esperan arduas tareas y grandes sacrificios. Hemos de lanzarnos
a afrontarlas plenos de determinación revolucionaria, de fe en
la capacidad y decisión de nuestro pueblo, de confianza en el
seguro triunfo de nuestra revolución. De hoy en más, menos que
nunca, no habrá sacrificios vanos, esfuerzos desperdiciados,
esperanzas frustradas. Sabemos por qué y cómo combatir, contamos
con las herramientas básicas que necesitamos, sólo nos resta
afilarlas y mejorarlas incesantemente, ser cada día más hábiles
en su empleo, conseguir que nuevos y numerosos contingentes de
militantes en todos los puntos del país, utilicen con vigor esas
mismas herramientas revolucionarias.
Al igual
que en la guerra de la primera independencia los revolucionarios
argentinos no estamos solos. La responsabilidad de expulsar al
imperialismo yanqui de América Latina y derribar el injusto
sistema capitalista es compartida por todos los pueblos
latinoamericanos y cuenta con el apoyo y la simpatía de todos
los pueblos del mundo. Más no solamente por enfrentar al mismo
enemigo estamos hermanados. Nuestro Partido ha llegado ya a la
convergencia teórica y práctica, a la unidad, con el MLN
Tupamaros de Uruguay, el MIR de Chile, el ELN de Bolivia, en la
Junta de Coordinación Revolucionaria.
En la
mayor parte de los países capitalistas latinoamericanos
sometidos a la dominación del imperialismo yanqui, los pueblos
mantienen una lucha enconada y han acumulado valiosas
experiencias revolucionarias. Es cierto que se han sufrido
dolorosas derrotas en la mayoría de nuestros países. Pero esas
mismas derrotas han sido fuente de profundas reflexiones, de
fundamentales aprendizajes, y en el seno de las masas y de sus
vanguardias maduran dinámicos elementos que anuncian la
generalización de un poderoso auge de luchas revolucionarias en
varios de nuestros países, favorecido por la profunda crisis de
la economía capitalista latinoamericana.
Tal es el
marco en que se librará la lucha revolucionaria en nuestra
patria, enriquecida y apoyada por el desarrollo paralelo de
similares experiencias de nuestros hermanos latinoamericanos.
Como San
Martín y Bolívar y como el Che, como revolucionarios
latinoamericanos, los mejores hijos de nuestro pueblo sabrán
hacer honor a nuestras hermosas tradiciones revolucionarias,
transitando gloriosamente sin vacilaciones por el triunfal
camino de la segunda y definitiva independencia de los pueblos
latinoamericanos.

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