ARGENTINA ARDE //
COLECTIVO DE CONTRAINFORMACIÓN
Introducción
El proceso
de concentración del poder y sus consecuencias de marginación
y exclusión para las grandes mayorías tiene
su correlato en el campo de la comunicación y la cultura.
Basta con echar una rápida mirada a la conformación
de las principales empresas multimedios de nuestro país
(Clarín, Telefónica, Vila, etcétera)
para advertir el grado de profundidad que este proceso ha
adquirido: los famosos medios “formadores de opinión”
cada vez se encuentran en menos manos y más ligados
al poder económico y político.
En este contexto, los acontecimientos que en los últimos
meses venimos viviendo y su tratamiento periodístico
por parte de los medios oficiales no hacen sino ratificar
la idea de que atravesamos una suerte de dictadura mediática:
la construcción de la agenda, las fuentes, los modos
de presentar y recortar la información siempre dejan,
y esto es una constante, fuera de toda participación
a los protagonistas de las luchas sociales y políticas.
La organización de la información comercial,
lejos de ser objetiva, está en estrecha relación
con la visión de la realidad de quienes poseen los
medios y canales para difundir su discurso.
Así, la rebelión popular de diciembre de 2001
va a ser producto del “corralito” y no de la bronca
por el estado de sitio en el marco de una situación
de miseria extrema que obligó a mucha gente a proveerse
de alimentos. Para ellos, esto es saqueo, robo, y en cambio
no lo es los millones que los bancos y las empresas privatizadas
se llevaron del país. De la misma forma, los piqueteros
no son desocupados que cortan rutas exigiendo trabajo digno,
sino “delincuentes y vagos impulsados por intereses
políticos”. Y la represión viene a ser,
en vez de injusticia, la forma “legal” de imponer
el orden frente a un grupo (siempre pequeño) de “infiltrados
y agitadores”.
Ahora bien, si son los medios del sistema los que en última
instancia pautan los temas sobre los cuales la sociedad “debe”
discutir, entonces se hace necesario romper ese cerco informativo
para contar la realidad desde otras miradas. Y esto es, justamente,
lo que nos propusimos al fundar Argentina Arde: intervenir
en el campo de la comunicación y la cultura desde un
punto de vista alternativo y comprometido, acompañar
al movimiento social, potenciar la movilización y la
organización, fomentar una recepción crítica
y participativa.
En nuestra propuesta, cada receptor es un nuevo emisor y la
relación que se establece entre ellos es dialógica.
Lo alternativo es, pues, comprometido a la vez que participativo.
Es una fuente de propuestas movilizadoras en el marco de un
proyecto de cambio, que busca denunciar las injusticias, generar
acciones e informar en una línea de contrainformación.
Allí donde comienza a plantearse un proyecto de cambio,
la necesidad de comunicarse para el aprendizaje, la participación,
la organización, la lucha y la movilización,
es fundamental.
La comunicación alternativa puede expresarse en una
multiplicidad de medios, que van desde radio, cine y revistas
hasta teatro, festivales y arte. Diversas experiencias anteriores,
tanto en nuestro país como en Latinoamérica
toda, demuestran que la alternatividad se ejerce allí
donde el discurso tiene por objeto el cambio, donde se democratizan
las estructuras del medio y la participación en la
información se hace condición necesaria para
cumplir con sus objetivos liberadores. Por este motivo, hablamos
de comunicación en lucha o comunicación para
la acción y la representación.
Obviamente, no estamos solos: junto con los escraches y la
denuncia hacia los medios masivos de incomunicación,
se viene gestando también un notable movimiento de
contrainformación. Y éste no es un dato menor:
a la vez que el monólogo oficial empieza a ser cuestionado,
el pueblo en lucha comienza a sentir la necesidad de construir
medios propios que propongan otra historia y contrarresten,
al decir de Rodolfo Walsh, la “catarata de basura informativa”.
En este marco, el desafío que tienen ante sí
las asambleas populares, las comisiones internas combativas
y los movimientos piqueteros es gigantesco. La dinámica
de la situación conduce inevitablemente a grandes convulsiones
y estallidos. La unidad de todos los oprimidos que exigen
“que se vayan todos” es la única garantía
de evitar que en este río revuelto salgan ganando los
que aspiran a transformar nuestro país en una colonia.
Por eso, Argentina Arde asume su puesto de combate en la lucha
por ayudar a enlazar a todos los sectores de la población
oprimida que resisten al actual modelo de concentración
y exclusión. Colectivizando experiencias, denunciando
aquello que los medios del sistema callan, reflejando la riqueza
y pluralidad que existe dentro del movimiento popular y apostando
a ser una de las tantas voces de los que no tienen voz.
Sin bien todavía hace falta coordinar el trabajo con
prácticas hermanas, profundizar los vínculos
existentes y generar nuevos espacios allí donde no
hay o todavía son débiles, hoy no podemos negar
que son muchos los medios contrainformativos y militantes
que dan la batalla, desigual, en el terreno de la comunicación,
la cultura y la política. Y en este campo, como en
otros, tampoco empezamos de cero: ya en pleno siglo XIX Simón
Bolívar viajaba acompañado de una imprenta cargada
en una mula, porque aseguraba que “la prensa es la artillería
del pensamiento”. Por eso, entendemos, es necesario
generar una red que coordine las diversas experiencias.
Hablar de comunicación alternativa y lucha política
hoy, entonces, es plantearse la posibilidad de otra comunicación
que cuestione el monólogo hegemónico. Pero no
solamente desde el punto de vista teórico, sino desde
una reflexión crítica y comprometida que permita
pensar y llevar a la práctica programas de acción
concretos que aporten a la lucha social y política.
La historia es nuestro mejor testigo: La Protesta llevó
a sus lectores las luchas obreras de principios de siglo pasado
con seriedad y sin interferencias, Walsh nos contó
Quién mató a Rosendo desde las páginas
del semanario de la CGT de los Argentinos y Raimundo Gleyzer
retrató la burocracia sindical desde Los traidores,
filmada en condiciones de absoluta clandestinidad. Si ellos,
con su militancia y su convicción, supieron aportar
a la producción, circulación y consumo alternativos,
fue porque negaron a los medios del enemigo como única
voz posible.
¿Qué es Argentina Arde?
Nos
juntamos bajo el lema “Vos lo viviste, no dejes que
te sigan mintiendo”. Argentina Arde es un colectivo
de contrainformación comprometido con los movimientos
sociales y con todos aquellos que luchan contra el sistema.
Quienes formamos parte de él nos conocimos en el contexto
del 19 y 20 de diciembre: en la calle, sacando fotos, filmando,
cubriendo las jornadas populares que, desafiando al estado
de sitio, protagonizó el pueblo argentino, para exigir
y alcanzar la renuncia del ministro de Economía Domingo
Cavallo y del presidente Fernando de La Rúa.
Nos proponemos intervenir en el terreno de la contracultura,
entendiendo a la cultura no como un espacio neutro ni secundario
con respecto a otros campos, sino como un campo de disputa,
como un terreno de la lucha de clases, en donde el poder de
contestación de las clases subalternas construye sus
propios sentidos de acuerdo a sus intereses. Trabajamos diariamente
para contestar con nuestras prácticas, con nuestras
producciones, con nuestro discurso y nuestras vivencias a
una cultura oficial esquematizada y fraudulenta.
Precisamente en la Argentina, la década de la llamada
“cultura menemista”, llevó al paroxismo
la política neo-liberal aplicada en Latinoamérica
a partir de los ’70. Así, impuso la ruptura de
los lazos sociales, de la trama de solidaridades, la atomización
perversa y la concentración de los medios masivos de
comunicación que se privatizaron en esa década,
en forma paralela al desmantelamiento de la educación
pública en todos sus niveles.
El 19 y 20 de diciembre del 2001 significó una ruptura
definitiva con esos paradigmas de los '90, un nuevo impulso
gregario que arrasó con el neoliberalismo no dejando
interlocutor instituido en pie. Como acontecimiento, expresó
una respuesta radical e innovadora que evoca al Mayo Francés
del ‘68: somos realistas y pedimos “lo imposible”:
QUE SE VAYAN TODOS.
Argentina Arde fue y es parte de este proceso de lucha que
dio origen a un movimiento asambleario inédito en nuestro
país. Las asambleas populares, organizaciones sociales
de base, local o barrial, junto a los movimientos piqueteros
abren nuevos espacios de participación pública
y se inscriben en esa cultura resistente y de oposición
que constituyen las prácticas populares.
Frente a esta realidad nos proponemos combatir el monopolio
desinformativo de los grandes medios, desmontar el pensamiento
único neoliberal y destruir el mito de la objetividad:
somos un colectivo que produce contenidos de contrainformación
comprometido con los movimientos sociales, para darle voz
a aquellos sectores condenados al silencio y combatir el poder
de los gigantes mediáticos desmontando su discurso
hegemónico al servicio del sistema. Por eso la necesidad
de producir una red de trabajo que, con sus propias herramientas,
trate de descubrir todo lo que se oculta y omite en ellos.
Los medios privatizados en la era menemista nos privatizaron
la mirada. O, por lo menos, quisieron hacerlo. Las empresas
periodísticas son actualmente las dueñas de
las formas de describir el mundo, y nosotros bien sabemos
que merecemos otra mirada. Más comprometida, más
plural, más militante y, por supuesto, más emancipadora.
Las asambleas, conscientes del poder de los medios que las
omiten, se pusieron a comunicar ellas mismas a través
de boletines, Internet o programas de radio. Antes habían
incursionado por estos terrenos los movimientos de trabajadores
desocupados. En este marco, Argentina Arde nace con el propósito
de generar acciones y formas de intervenir en la realidad
que contribuyan a la difusión de visiones alternativas,
miradas contrahegemónicas de entender el mundo. Nos
proponemos tender puentes que contribuyan a compartir experiencias,
socializar las luchas aisladas, a través de la contrainformación,
la contracultura y las expresiones de protesta frente a esta
realidad de miseria y explotación que nos impone el
sistema.
La producción de nuestros video informes y de nuestro
periódico, las muestras de fotos callejeras y las proyecciones
itinerantes recorren actualmente las asambleas, las plazas
públicas, y están presentes en los “cacerolazos”
y en los “piquetes”. Nos sentimos parte de esta
realidad de descontento y lucha política. Por eso,
nuestras producciones son reconocidas por miles de vecinos
y trabajadores que le imponen límites a la mentira
y al cinismo de los gobernantes.
Admitimos la pluralidad y la diversidad de perspectivas, no
una línea única ni miradas excluyentes, pero
siempre en el terreno de los explotados, de los que luchan.
“No
esperemos que nos digan que pasa, todos somos corresponsales”.
“Enfoquemos las lentes y las cámaras a los sectores
en lucha para darle voz a sus acciones y construcciones discursivas”.
A partir
de estas frases nos conformamos como un colectivo abierto
a todos aquellos que quieran participar. Ya son cientos los
compañeros que cubrimos las distintas luchas del pueblo
argentino, filmando, sacando fotos o escribiendo sobre lo
que pasa por nuestras calles. Y muchos los que se agregan
día a día. Por eso, adoptamos el principio de
horizontalidad, funcionando en distintas comisiones (fotos,
video y prensa) que tienen su propia autonomía en la
producción de contenidos de contrainformación
y una asamblea general como instancia de coordinación
de las acciones del colectivo.
Adoptamos nuestro nombre rescatando la experiencia artística
y contrainformativa de Tucumán Arde, una iniciativa
colectiva montada por un grupo de artistas rosarinos durante
la dictadura del general Juan Carlos Onganía, en 1968.
Como ellos, Argentina Arde monta sus muestras fotográficas
lejos de las instituciones artísticas: en la calle,
en los piquetes y asambleas.
Sabemos de nuestro compromiso con los luchadores y de nuestra
obligación de salir a rescatar aquellas voces que los
grandes medios ocultan. Como dijo Rodolfo Walsh, “hay
que empezar a pensar cómo se pueden romper las ataduras
del sistema”. En eso estamos.
Áreas
de trabajo
Antes
que nada una observación: si bien todo este material
es producto del debate colectivo y de realización conjunta,
hemos optado por que cada comisión de trabajo redacte
la memoria, los objetivos y formas de trabajo en torno a las
cuales se organizan. De este modo, reafirmamos el funcionamiento
tácticamente autónomo de las comisiones y la
coordinación y debate en las asambleas generales, donde
nos fijamos políticas de acción político
culturales para todo el colectivo.
1.
Comisión de Video: el cine como arma de Contrainformación
“Vale
más, en mi opinión, transmitir a veinte personas
ideas claras, que ideas confusas a millares”.
Raymundo Gleyzer, cineasta desaparecido en la lucha contra
la dictadura militar en 1976.
Partimos
de la siguiente afirmación: los sectores populares
tienen cada vez menos acceso a los medios de información
audiovisual, tanto como protagonistas como productores de
los mismos. El proceso de concentración en enormes
multimedios que aceleradamente viene terminando con el sector
de los medios audiovisuales llamado “independiente”,
es el correlato de una realidad que se viene verificando en
los distintos ámbitos de la economía argentina
desde Martínez de Hoz hasta la actualidad.
Cada vez quedan menos resquicios para introducir documentos
audiovisuales realizados desde puntos de vista distintos a
los de los grandes intereses económicos del sistema.
En efecto, todo hecho político que se salga de las
reglas del juego que impone el poder es rápidamente
acallado o encapsulado dentro de la lógica de sus medios.
Por ejemplo, el hecho masivo de los piquetes que cortan las
rutas de acceso a la ciudad reclamando por mejoras salariales
o por planes de empleo que tuvieron una masividad y una participación
popular inusualmente democrática.
Los hechos se muestran, a través de los grandes medios,
supuestamente con objetividad, pero cuando los mismos ponen
en juego alguno de los pilares del sistema (en el ejemplo
de los cortes el doble poder que implica la paralización
de las rutas nacionales) se aparta el tema del tapete, el
reclamo por la comida queda de lado y ya son más los
cuestionamientos a los “usurpadores” del espacio
público que el oído para escuchar sus voces.
Pero no sólo la opinión descalifica. Siguiendo
con el ejemplo de los cortes hagámonos las siguientes
preguntas: ¿Dónde está ubicada la cámara?
¿A quiénes y con qué profundidad se entrevista?
¿Cómo es la edición y la musicalización?
¿Qué palabras y que “opinólogos”
se eligen para hablar de un tema? ¿Cuánto tiempo
de la programación se le dedica al hecho? En pocas
palabras, cómo se reconstruye y se muestra esta realidad
tan compleja y contradictoria.
El tema del tiempo es fundamental. Se dice (ya cómo
lugar común) que el tiempo en TV es tirano pero ¿cuáles
fueron los tiempos que llevaron a los compañeros desocupados
a cortar las rutas? ¿No fueron acaso décadas
de humillaciones, ninguneos y atropellos de las políticas
criminales que muchos de los que hoy hablan de ellos en la
tele contribuyeron a entronizar? ¿Este genocidio en
cuentagotas lento pero seguro que se lleva 20 000 niños
argentinos al año nos interesa más o menos que
el ataque a las torres gemelas o las preferencias sexuales
de los “famosos”?
Los que sobreponiéndose a la penosa situación
a la que fueron empujados recuperan su dignidad, se organizan,
y salen a la lucha, ¿pueden decidir cuánto tiempo
estarán en las noticias? La respuesta es no. No tuvieron
ningún poder de decisión. Solo pudieron observar
como las imágenes de los hechos que ellos mismos generaron
se fueron extinguiendo en la maquinaria simbólica de
los medios reemplazados por sesudas reflexiones sobre los
“costos sociales del ajuste”, las reflexiones
de ministros ex luchadores o las mediciones de intención
de votos de una elección que no le interesa a nadie.
El ejemplo del asesinato del fotógrafo José
Luis Cabezas, nos muestra hasta qué punto aquellos
que trabajan en los grandes medios son conscientes de este
mecanismo de borramiento y olvido de determinadas noticias.
En efecto cuando tuvieron que diseñar una campaña
para sacudir el anestesiamiento social que se produce por
esta dialéctica de sucesión y desaparición
de las noticias, acudieron a la repetición ritual de
una especie de “mantra” que se ubicaba en segmentos
predeterminados de distintos programas: “No se olviden
de Cabezas”.
La idea de la red de trabajo colectivo de Argentina Arde es
producir un efecto similar pero en donde no se repriman los
temas o las “noticias” que ponen en discusión
el actual modelo de sociedad. No se olviden de los cortes
de ruta, no se olviden que los represores están sueltos
y premiados, no se olviden que los represores fueron pagados
por los poderes económicos, no se olviden que también
hay que escarchar y castigar a estos poderes y sus personeros,
no se olviden que el pueblo se está encontrando nuevas
formas de organización y lucha ,etc.
La nuestra es una apuesta a esta persistencia y a este tratamiento
extensivo de estos temas como un repiqueteo que horade la
piedra del entontecimiento audiovisual. Ahí está
nuestro desafío: generar un canal alternativo a los
medios del sistema.
El problema que aparece a simple vista es la enorme diferencia
de tamaño, poderío y alcance que existe entre
un sistema de cinco canales de aire, cientos de canales de
cable, las distribuidoras cinematográficas con sus
cientos de salas, el Instituto Nacional de Cinematografía
y Artes Audiovisuales, las salas oficiales y por el otro lado
una pequeña red que funcionaría con el compromiso
militante de sus miembros y adherentes. A simple vista la
diferencia es abismal pero trataremos de demostrar la imperiosa
necesidad de librar esta lucha en apariencia tan desigual.
La televisión y los medios audiovisuales en general
son el aparato de subjetivación más formidable
que los poderes económicos tienen a mano. El papel
que cumplió la iglesia en la Edad Media, la filosofía
racionalista y la palabra escrita durante la modernidad, hoy
lo cumplen los medios audiovisuales.
Uno de los mecanismos que utiliza el poder televisivo es el
monopolio del saber audiovisual que genera una manera uniforme
de recortar la realidad y ofrecérsela a un espectador
pasivo que va construyendo sus ideas, opiniones y valores
a partir de este recorte previamente digerido por la gran
maquinaria simbólica del poder.
La idea de la comisión de video de Argentina Arde es
ligar a un sector de estudiantes y realizadores audiovisuales
con las mejores expresiones de lucha de nuestro pueblo y desde
allí generar un circuito de exhibición y producción
para que estos mismos sectores populares generen una nueva
forma de producir y difundir los materiales audiovisuales.
Exhibición, debate, formación, producción
y retroalimentación de la red.
Desde enero a estos días, las exhibiciones de videos
en las asambleas populares generan un debate posterior. Son
cientos los vecinos de todo el país que, en plazas,
bibliotecas o centros culturales vieron cada uno de los informes
y los documentales de nuestro colectivo.
Nos proponemos atender a los dos niveles en la producción
de videos: los noticieros y los documentales. No tomamos posición
junto a los grupos "amontonados" de fotógrafos
y camarógrafos, para efectuar distintos registros.
Argentina Arde, por ejemplo, fue el único medio que
registró ataques patoteros y episodios de represión
policial en los cortes de ruta y en las movilizaciones de
las asambleas a la Plaza de Mayo, precisamente por estar siempre
del "otro" lado, es decir, junto a los que luchan
y combaten al sistema.
Nuestras fotos y registros audiovisuales son actualmente un
archivo importante en cuanto a cantidad y calidad, contribuyendo
a documentar la memoria de las luchas populares. A partir
de esto, creemos que si la idea es insertarnos entre los sectores
populares, tenemos que generar una red de distribución
ligada a las organizaciones de base y populares. Bibliotecas
populares, centros vecinales, clubes, sindicatos, agrupaciones
de solidaridad, organismos de derechos humanos, movimientos
piqueteros.
Cada organización que se integre deberá garantizar
un lugar para proyectar una vez por semana un documento audiovisual
y debatir acerca del mismo. Es nuestro compromiso y nuestra
lucha. A esta distribución alternativa de las noticias
y de nuestras producciones se agrega otro eje principal de
nuestro trabajo: la capacitación de vecinos y trabajadores
para la realización de documentales y noticieros. La
orientación de los talleres estará orientada
a formar técnica y prácticamente a aquellos
interesados en cada centro para que ellos mismos se conviertan
en productores de materiales que puedan retroalimentar la
red.
Los grupos de talleristas serán coordinados por dos
miembros del colectivo en cada lugar y estos harán
una propuesta de financiamiento que deberá ser aprobada
para garantizar las necesidades materiales de funcionamiento
de la red. Este núcleo se reunirá quincenalmente
y mensualmente se realizará una asamblea en algún
centro para discutir la programación y colectivizar
las experiencias. El espectador debe en este proceso pasar
de sujeto pasivo a productor activo. Porque, como dijo Raymundo
Gleyzer, “para nosotros está claro que el cine
es un arma de contrainformación, no un arma de tipo
militar, un instrumento de información para la base.
Este es el valor otro del cine en este momento de lucha”.
2.
Comisión de Fotografía: memoria histórica
y compromiso político
La existencia
del grupo de fotógrafos dentro del concepto de contrainformación
de Argentina Arde nació a partir de la necesidad de
mostrar el material que documenta la dura crisis económica
y social y que los medios de comunicación no publican.
Frente a esta realidad, nuestro compromiso es participar activamente
contribuyendo a que la memoria activa esté presente
cotidianamente. Por eso, cuando nos juntamos, decíamos:
“Nosotros lo vivimos, lo registramos y estaremos atentos
para que después no nos cambien la historia en cada
cuento”.
La existencia de un medio de comunicación visual alternativo
y representativo de todas las voces populares, entendemos,
es prioritaria, sobre todo teniendo en cuenta nuestra dependencia
a informarnos mediante los medios de comunicación controlados
por grandes monopolios privados. Para lograr este objetivo,
es esencial brindar las herramientas para que cada individuo
pueda ser un comunicador de la realidad que se vive en su
pueblo.
Argentina Arde no se basa en exponer en los circuitos tradicionales
de muestras fotográficas; por el contrario, interviene
en las calles, en las esquinas, en las charlas debate, incluso
tomando las paredes del edificio del Cabildo frente a la misma
Casa de Gobierno, para exponer allí su producción
fotográfica. Decidimos, así, salir a la calle
y dar un mensaje: no discutimos sobre la calidad o capacidad
comunicativa de cada autor, de cada fotógrafo. Buscamos
en todo caso construir un mensaje colectivo, intentando representar
a los que no están representados.
Nuestro principal objetivo es acercar las fotografías
a la mayor cantidad de público. La idea es continuar
con esta modalidad por todo el país, si bien algunas
muestras ya han estado en diferentes provincias. La comisión
de fotos de Argentina Arde supo estar en los piquetes, en
las fábricas tomadas, en los festivales o jornadas
culturales organizadas desde las distintas asambleas populares.
Queremos trabajar en pos de construir una memoria activa que
sea verdaderamente representativa de las realidades vividas
y con nuestro trabajo valorar cada cultura que convive en
nuestro país.
Como fotógrafos y al juzgar por el estado en que se
encuentran algunos archivos públicos del país,
consideramos necesaria y urgente la tarea de preservar nuestra
memoria. No como pasado muerto sino como experiencia vivida
que se proyecta en el presente. En un país donde la
memoria histórica parecería depender de la buena
voluntad de mecenas estatales o privados, es necesaria nuestra
tarea. No hay una política cultural concreta por parte
de lo que queda del Estado en cuanto a esto y, si la hay,
no se puede dar mucha fe a ello: muchas han sido las veces
que imágenes y documentos de nuestro pasado flotaron
en aguas servidas en algún sótano de nuestra
ciudad.
Nosotros debemos asegurarnos el material registrado para no
olvidar los hechos de los que fuimos testigos. Mucho del registro
visual de los años ’70 se ha conservado gracias
al coraje de algunos autores y militantes y gracias a los
que por entender el valor de lo registrado supieron conservar
y tratar de dar un lugar “seguro” a los documentos.
No podemos permitir que con nuestros registros el sistema,
que opera basándose en el olvido, haga lo mismo. De
ahí que juntarnos es una manera de asegurar que los
hechos fueron registrados. Que la represión ha quedado
atrapada en un instante para que trabajemos en pos de que
no se repita más.
Las fotografías que hoy mostramos en las calles dan
cuenta de los hechos ocurridos al calor del 19 y 20, de los
asesinatos del puente Pueyrredón el 26 de junio. A
partir de la compra colectiva de los insumos básicos,
como película y papeles para copiar, estamos trabajando
en ensayos para profundizar nuestra mirada: por ejemplo, sobre
los “cartoneros” que sobreviven de la recolección
de residuos, sobre la cantidad de personas duermen en las
calles, sobre las nuevas manifestaciones de participación
popular que enfrentan situaciones como éstas, tan solo
por nombrar algunos hechos en los que intentamos enfocar nuestras
lentes.
Alguien dijo alguna vez que se puede tener una cámara
en las manos pero nada que expresar, nada que decir. Cuando
uno tiene ante sí fotografías que lo estremecen,
que lo hacen pensar en la vida y la muerte, es que estamos
frente a una parte de la realidad. Queremos ser concretos
en nuestro mensaje porque sabemos de qué lado estamos.
Y fundamentalmente llevando a cabo la cobertura periodística
de muchos de los hechos registrados en el periódico
Argentina Arde.
3.
Comisión de Prensa: en cada luchador, un corresponsal
Quien
conozca, aunque sea parcialmente, la realidad de la producción
gráfica en los últimos años en esta devaluada
Argentina, sabe que mantener en circulación diez números
de un periódico no es cosa fácil. Desde diciembre
a esta parte se ha caído más de una revista
y varias más han cambiado su formato, disminuido su
periodicidad o rebajado su cantidad de páginas en el
largo y atareado trabajo por la subsistencia.
La Crisis económica cayó con todo su peso sobre
los costos del papel, sobre los insumos y, por sobre todo,
cayó sobre el bolsillo de los lectores. En esta situación
estamos cerrando el número 12 de nuestro periódico
y no está nada mal echar un vistazo sobre los números
anteriores para contar la experiencia y fortalecerla con vistas
al futuro.
El periódico Argentina Arde nació, dentro del
colectivo, a partir de una necesidad concreta: llegar a la
gente con una agenda de noticias diferente y alternativa a
los que por esos días se constituía como uno
de los ocultamientos más grandes llevados a cabo por
los medios masivos en nuestro país y, a la vez, hacerlo
de manera periódica y masiva.
Por esos tiempos el cacerolazo de todos los viernes a la Plaza
de Mayo, el funcionamiento de las distintas asambleas con
sus acciones de lucha, los piquetes en todo el país
y la Asamblea Interbarrial de Parque Centenario todos los
domingos nos obligaba a tener una presencia continua en la
cobertura de las luchas y, a la vez, una responsabilidad profesional
de llevar a todos los sectores una mirada diferente sobre
lo que estaba pasando que, como todos sabemos, no era poco.
De ahí la importancia de lo alternativo, de la multiplicidad
de voces, de las distintas miradas.
Crecimos de la mano de nuestra propia consigna: todos somos
corresponsales. Y nos convertimos en una de las muchas voces
que salieron a denunciar, desde el campo popular, lo que realmente
pasaba. Así nos impusimos salir a la calle a decir
que la movilización de diez mil personas todos los
viernes con sus cacerolas frente a la casa de gobierno no
podía quedarse sin llegar a la gente. Que miles y miles
de vecinos en estado asambleario cuestionando al sistema,
reclamando que se vayan todos, debían tener un lugar
en un medio que dé a conocer sus propuestas, sus necesidades,
sus luchas. Que la lucha de años de los sectores obreros
y desocupados tomando fábricas, cortando rutas, no
merecían el silencio cómplice de las grandes
empresas multimedia y sí una cobertura de sus acciones
y sus discursos y un aporte comprometido a su pelea de todos
los días. Que el 26 de junio, en el puente Pueyrredón,
los piqueteros nos se mataron entre ellos, como dijeron los
grandes medios. Que en realidad los sectores de poder montaron
un plan sistemático para asesinar y avanzar en la política
de la “mano dura”.
Y así salimos. Y nos hicimos conocer. Y nos comunicamos
con cientos de compañeros distribuidos por todo el
país. Y recibimos por cada número muchas crónicas
de lo que estaba pasando, muchas noticias, muchos informes.
Y nos convertimos en un periódico alternativo de comunicación.
Diferente. Combativo. Denunciante.
Entonces, a partir de nuestras páginas, se produjo
entre muchas otras cosas el escándalo por el sueldo/ñoqui
del Ministro de Salud con el comprobante del recibo de sueldo;
se identificó a uno de los patoteros que fueron a apalear
y a intimidar con disparos a los asambleístas de Merlo;
se denunció uno por uno el poder de los medios a partir
de la identificación de sus dueños y su vinculación
con los círculos del poder; se cubrieron las tomas
de las Fábricas Bruckman y Zanón y se llevaron
a cabo acciones de apoyo a sus luchas.
Entonces no fuimos pocos sino cientos los que hemos trabajado
y seguimos haciéndolo en esta red de contrainformación.
Así crecimos. Cada vez que vendemos el periódico
llegamos a cientos de compañeros que forman parte de
las asambleas, que montan guardia en las fábricas tomadas,
que cortan las rutas. En cada muestra de Argentina Arde, en
las exposiciones de fotos o ciclos de cine, nuestra tarea
es dar a conocer el periódico, charlar con la gente,
hacer conocer nuestra propuesta escrita para sumar compañeros.
Al final de este informe se enumeran muchas de las actividades
del colectivo, haciendo hincapié en las exposiciones
de foto y video, actividades que nos permitieron en tanto
comisión de prensa tener una enorme tirada de ejemplares
con una fuerte presencia en los focos de conflicto sociales
y políticos.
No es fácil luchar contra el discurso hegemónico.
Pero a la vez sabemos que solamente lo podemos hacer a partir
de la conformación de una red nacional de corresponsales.
Éste es nuestro desafío: aumentar el número
los corresponsales y los distribuidores, acrecentar las coberturas
de los conflictos obreros y asamblearios a lo largo y ancho
del país, mejorar la calidad de nuestro trabajo con
mayor capacitación y lograr el afianzamiento económico
que sustente la salida ininterrumpida del periódico.
La unión de periodistas con trabajadores ocupados y
desocupados, de diagramadores y distribuidores con vecinos
asambleístas y piqueteros, nos llevará a hacernos
cada vez más fuertes en esta lucha por la imposición
de sentido. De otra forma no hay, bajo este régimen
monopólico de noticias, forma de enterarse de los conflictos
obreros en Río Turbio o de la lucha de los piqueteros
en Salta, ni de los cortes de Ruta en Santiago o de las resoluciones
de las asambleas del conurbano Bonaerense.
Al igual que en la otras comisiones que forman el colectivo
de Argentina Arde, estamos trabajando para consolidar en distintos
barrios algunos talleres de capacitación para jóvenes
que quieran incurrir en el periodismo escrito y formar parte
de nuestro trabajo. En este caso la recuperación de
la palabra escrita, la recuperación de la voz propia
en tanto protagonismo, es clave para construir una mirada
alternativa y contrahegemónica.
Financiamiento
Argentina
Arde no depende de ningún mecenas, ni privado ni estatal.
Es un colectivo independiente y autogestivo. Como tal, nos
autofinanciamos con la venta del periódico, de los
video informes y con lo recaudado voluntariamente en la alcancía
que acompaña nuestras muestras fotográficas.
Esta situación, que en ocasiones retrasa la salida
del periódico o del revelado del material fotográfico,
es común a la de muchos medios alternativos y populares.
Sabemos que, en la medida que avance el proceso de lucha,
el pueblo en su conjunto irá aportando y haciendo crecer
sus propios medios y sus propias voces.
Producciones
de Argentina Arde
Al cerrar
estas líneas, en agosto de 2002, Argentina Arde editó
12 periódicos, seis video informes con varios cortos
sobre temas sociales y políticos y dos muestras fotográficas
completas sobre el 19 y 20 de diciembre de 2001 y sobre la
represión a los trabajadores desocupados el 26 de junio
de 2002. En estos momentos, nos encontramos trabajando para
poner a punto la página web de nuestro colectivo, www.argentinaarde.org
Objetivos
del proyecto
1)
Construir una red de trabajo multimedia que genere, a partir
de la contrainformación, nuevas formas de expresión
y producción como herramientas de lucha contra el sistema
político social imperante.
2) Combatir el monopolio desinformativo de
los grandes medios, desmontar el pensamiento único
neoliberal y destruir el mito de la objetividad que emana
de sus discursos.
3) Producir contenidos de contrainformación
comprometidos con los movimientos sociales en lucha, dándole
voz a los explotados.
4) Crear una red de corresponsales a nivel
nacional que refleje fielmente las problemáticas y
necesidades de nuestro pueblo y sea parte de la lucha por
cambiar el sistema.
5) Trabajar a partir de diferentes soportes
mediáticos (fotos, video, prensa, web, radio, TV, agencia
alternativa de noticias) generando distintos espacios de participación
en la producción de noticias. En otras palabras, lograr
instaurar en todo el país la consigna: “vos lo
viviste, no dejes que te sigan mintiendo, todos somos corresponsales”.
6) Construir nuevos canales de distribución
de nuestros materiales con el claro objetivo de llegar a todos
los sectores. Nuestra mirada debe permitir no sólo
reflejar otras voces sino hacerles llegar también las
noticias que los medios masivos ocultan por sus intereses
económicos y políticos.
7) Lograr, a partir de la conformación
de talleres en los distintos barrios, la capacitación
de compañeros para desarrollar las tareas de producción
de video, fotografía, periodismo, etc., único
camino posible para desmitificar y quebrar los grandes discursos
hegemónicos y lograr una verdadera multiplicidad de
voces.
Natalia
Vinelli
|