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Argentina Arde


ARGENTINA ARDE // COLECTIVO DE CONTRAINFORMACIÓN


Introducción

El proceso de concentración del poder y sus consecuencias de marginación y exclusión para las grandes mayorías tiene su correlato en el campo de la comunicación y la cultura. Basta con echar una rápida mirada a la conformación de las principales empresas multimedios de nuestro país (Clarín, Telefónica, Vila, etcétera) para advertir el grado de profundidad que este proceso ha adquirido: los famosos medios “formadores de opinión” cada vez se encuentran en menos manos y más ligados al poder económico y político.
En este contexto, los acontecimientos que en los últimos meses venimos viviendo y su tratamiento periodístico por parte de los medios oficiales no hacen sino ratificar la idea de que atravesamos una suerte de dictadura mediática: la construcción de la agenda, las fuentes, los modos de presentar y recortar la información siempre dejan, y esto es una constante, fuera de toda participación a los protagonistas de las luchas sociales y políticas. La organización de la información comercial, lejos de ser objetiva, está en estrecha relación con la visión de la realidad de quienes poseen los medios y canales para difundir su discurso.
Así, la rebelión popular de diciembre de 2001 va a ser producto del “corralito” y no de la bronca por el estado de sitio en el marco de una situación de miseria extrema que obligó a mucha gente a proveerse de alimentos. Para ellos, esto es saqueo, robo, y en cambio no lo es los millones que los bancos y las empresas privatizadas se llevaron del país. De la misma forma, los piqueteros no son desocupados que cortan rutas exigiendo trabajo digno, sino “delincuentes y vagos impulsados por intereses políticos”. Y la represión viene a ser, en vez de injusticia, la forma “legal” de imponer el orden frente a un grupo (siempre pequeño) de “infiltrados y agitadores”.
Ahora bien, si son los medios del sistema los que en última instancia pautan los temas sobre los cuales la sociedad “debe” discutir, entonces se hace necesario romper ese cerco informativo para contar la realidad desde otras miradas. Y esto es, justamente, lo que nos propusimos al fundar Argentina Arde: intervenir en el campo de la comunicación y la cultura desde un punto de vista alternativo y comprometido, acompañar al movimiento social, potenciar la movilización y la organización, fomentar una recepción crítica y participativa.
En nuestra propuesta, cada receptor es un nuevo emisor y la relación que se establece entre ellos es dialógica. Lo alternativo es, pues, comprometido a la vez que participativo. Es una fuente de propuestas movilizadoras en el marco de un proyecto de cambio, que busca denunciar las injusticias, generar acciones e informar en una línea de contrainformación. Allí donde comienza a plantearse un proyecto de cambio, la necesidad de comunicarse para el aprendizaje, la participación, la organización, la lucha y la movilización, es fundamental.
La comunicación alternativa puede expresarse en una multiplicidad de medios, que van desde radio, cine y revistas hasta teatro, festivales y arte. Diversas experiencias anteriores, tanto en nuestro país como en Latinoamérica toda, demuestran que la alternatividad se ejerce allí donde el discurso tiene por objeto el cambio, donde se democratizan las estructuras del medio y la participación en la información se hace condición necesaria para cumplir con sus objetivos liberadores. Por este motivo, hablamos de comunicación en lucha o comunicación para la acción y la representación.
Obviamente, no estamos solos: junto con los escraches y la denuncia hacia los medios masivos de incomunicación, se viene gestando también un notable movimiento de contrainformación. Y éste no es un dato menor: a la vez que el monólogo oficial empieza a ser cuestionado, el pueblo en lucha comienza a sentir la necesidad de construir medios propios que propongan otra historia y contrarresten, al decir de Rodolfo Walsh, la “catarata de basura informativa”.
En este marco, el desafío que tienen ante sí las asambleas populares, las comisiones internas combativas y los movimientos piqueteros es gigantesco. La dinámica de la situación conduce inevitablemente a grandes convulsiones y estallidos. La unidad de todos los oprimidos que exigen “que se vayan todos” es la única garantía de evitar que en este río revuelto salgan ganando los que aspiran a transformar nuestro país en una colonia. Por eso, Argentina Arde asume su puesto de combate en la lucha por ayudar a enlazar a todos los sectores de la población oprimida que resisten al actual modelo de concentración y exclusión. Colectivizando experiencias, denunciando aquello que los medios del sistema callan, reflejando la riqueza y pluralidad que existe dentro del movimiento popular y apostando a ser una de las tantas voces de los que no tienen voz.
Sin bien todavía hace falta coordinar el trabajo con prácticas hermanas, profundizar los vínculos existentes y generar nuevos espacios allí donde no hay o todavía son débiles, hoy no podemos negar que son muchos los medios contrainformativos y militantes que dan la batalla, desigual, en el terreno de la comunicación, la cultura y la política. Y en este campo, como en otros, tampoco empezamos de cero: ya en pleno siglo XIX Simón Bolívar viajaba acompañado de una imprenta cargada en una mula, porque aseguraba que “la prensa es la artillería del pensamiento”. Por eso, entendemos, es necesario generar una red que coordine las diversas experiencias.
Hablar de comunicación alternativa y lucha política hoy, entonces, es plantearse la posibilidad de otra comunicación que cuestione el monólogo hegemónico. Pero no solamente desde el punto de vista teórico, sino desde una reflexión crítica y comprometida que permita pensar y llevar a la práctica programas de acción concretos que aporten a la lucha social y política.
La historia es nuestro mejor testigo: La Protesta llevó a sus lectores las luchas obreras de principios de siglo pasado con seriedad y sin interferencias, Walsh nos contó Quién mató a Rosendo desde las páginas del semanario de la CGT de los Argentinos y Raimundo Gleyzer retrató la burocracia sindical desde Los traidores, filmada en condiciones de absoluta clandestinidad. Si ellos, con su militancia y su convicción, supieron aportar a la producción, circulación y consumo alternativos, fue porque negaron a los medios del enemigo como única voz posible.


¿Qué es Argentina Arde?

Nos juntamos bajo el lema “Vos lo viviste, no dejes que te sigan mintiendo”. Argentina Arde es un colectivo de contrainformación comprometido con los movimientos sociales y con todos aquellos que luchan contra el sistema. Quienes formamos parte de él nos conocimos en el contexto del 19 y 20 de diciembre: en la calle, sacando fotos, filmando, cubriendo las jornadas populares que, desafiando al estado de sitio, protagonizó el pueblo argentino, para exigir y alcanzar la renuncia del ministro de Economía Domingo Cavallo y del presidente Fernando de La Rúa.
Nos proponemos intervenir en el terreno de la contracultura, entendiendo a la cultura no como un espacio neutro ni secundario con respecto a otros campos, sino como un campo de disputa, como un terreno de la lucha de clases, en donde el poder de contestación de las clases subalternas construye sus propios sentidos de acuerdo a sus intereses. Trabajamos diariamente para contestar con nuestras prácticas, con nuestras producciones, con nuestro discurso y nuestras vivencias a una cultura oficial esquematizada y fraudulenta.
Precisamente en la Argentina, la década de la llamada “cultura menemista”, llevó al paroxismo la política neo-liberal aplicada en Latinoamérica a partir de los ’70. Así, impuso la ruptura de los lazos sociales, de la trama de solidaridades, la atomización perversa y la concentración de los medios masivos de comunicación que se privatizaron en esa década, en forma paralela al desmantelamiento de la educación pública en todos sus niveles.
El 19 y 20 de diciembre del 2001 significó una ruptura definitiva con esos paradigmas de los '90, un nuevo impulso gregario que arrasó con el neoliberalismo no dejando interlocutor instituido en pie. Como acontecimiento, expresó una respuesta radical e innovadora que evoca al Mayo Francés del ‘68: somos realistas y pedimos “lo imposible”: QUE SE VAYAN TODOS.
Argentina Arde fue y es parte de este proceso de lucha que dio origen a un movimiento asambleario inédito en nuestro país. Las asambleas populares, organizaciones sociales de base, local o barrial, junto a los movimientos piqueteros abren nuevos espacios de participación pública y se inscriben en esa cultura resistente y de oposición que constituyen las prácticas populares.
Frente a esta realidad nos proponemos combatir el monopolio desinformativo de los grandes medios, desmontar el pensamiento único neoliberal y destruir el mito de la objetividad: somos un colectivo que produce contenidos de contrainformación comprometido con los movimientos sociales, para darle voz a aquellos sectores condenados al silencio y combatir el poder de los gigantes mediáticos desmontando su discurso hegemónico al servicio del sistema. Por eso la necesidad de producir una red de trabajo que, con sus propias herramientas, trate de descubrir todo lo que se oculta y omite en ellos.
Los medios privatizados en la era menemista nos privatizaron la mirada. O, por lo menos, quisieron hacerlo. Las empresas periodísticas son actualmente las dueñas de las formas de describir el mundo, y nosotros bien sabemos que merecemos otra mirada. Más comprometida, más plural, más militante y, por supuesto, más emancipadora.
Las asambleas, conscientes del poder de los medios que las omiten, se pusieron a comunicar ellas mismas a través de boletines, Internet o programas de radio. Antes habían incursionado por estos terrenos los movimientos de trabajadores desocupados. En este marco, Argentina Arde nace con el propósito de generar acciones y formas de intervenir en la realidad que contribuyan a la difusión de visiones alternativas, miradas contrahegemónicas de entender el mundo. Nos proponemos tender puentes que contribuyan a compartir experiencias, socializar las luchas aisladas, a través de la contrainformación, la contracultura y las expresiones de protesta frente a esta realidad de miseria y explotación que nos impone el sistema.
La producción de nuestros video informes y de nuestro periódico, las muestras de fotos callejeras y las proyecciones itinerantes recorren actualmente las asambleas, las plazas públicas, y están presentes en los “cacerolazos” y en los “piquetes”. Nos sentimos parte de esta realidad de descontento y lucha política. Por eso, nuestras producciones son reconocidas por miles de vecinos y trabajadores que le imponen límites a la mentira y al cinismo de los gobernantes.
Admitimos la pluralidad y la diversidad de perspectivas, no una línea única ni miradas excluyentes, pero siempre en el terreno de los explotados, de los que luchan.

“No esperemos que nos digan que pasa, todos somos corresponsales”.
“Enfoquemos las lentes y las cámaras a los sectores en lucha para darle voz a sus acciones y construcciones discursivas”.

A partir de estas frases nos conformamos como un colectivo abierto a todos aquellos que quieran participar. Ya son cientos los compañeros que cubrimos las distintas luchas del pueblo argentino, filmando, sacando fotos o escribiendo sobre lo que pasa por nuestras calles. Y muchos los que se agregan día a día. Por eso, adoptamos el principio de horizontalidad, funcionando en distintas comisiones (fotos, video y prensa) que tienen su propia autonomía en la producción de contenidos de contrainformación y una asamblea general como instancia de coordinación de las acciones del colectivo.
Adoptamos nuestro nombre rescatando la experiencia artística y contrainformativa de Tucumán Arde, una iniciativa colectiva montada por un grupo de artistas rosarinos durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía, en 1968. Como ellos, Argentina Arde monta sus muestras fotográficas lejos de las instituciones artísticas: en la calle, en los piquetes y asambleas.
Sabemos de nuestro compromiso con los luchadores y de nuestra obligación de salir a rescatar aquellas voces que los grandes medios ocultan. Como dijo Rodolfo Walsh, “hay que empezar a pensar cómo se pueden romper las ataduras del sistema”. En eso estamos.

Áreas de trabajo

Antes que nada una observación: si bien todo este material es producto del debate colectivo y de realización conjunta, hemos optado por que cada comisión de trabajo redacte la memoria, los objetivos y formas de trabajo en torno a las cuales se organizan. De este modo, reafirmamos el funcionamiento tácticamente autónomo de las comisiones y la coordinación y debate en las asambleas generales, donde nos fijamos políticas de acción político culturales para todo el colectivo.

1. Comisión de Video: el cine como arma de Contrainformación

“Vale más, en mi opinión, transmitir a veinte personas ideas claras, que ideas confusas a millares”.
Raymundo Gleyzer, cineasta desaparecido en la lucha contra la dictadura militar en 1976.

Partimos de la siguiente afirmación: los sectores populares tienen cada vez menos acceso a los medios de información audiovisual, tanto como protagonistas como productores de los mismos. El proceso de concentración en enormes multimedios que aceleradamente viene terminando con el sector de los medios audiovisuales llamado “independiente”, es el correlato de una realidad que se viene verificando en los distintos ámbitos de la economía argentina desde Martínez de Hoz hasta la actualidad.
Cada vez quedan menos resquicios para introducir documentos audiovisuales realizados desde puntos de vista distintos a los de los grandes intereses económicos del sistema. En efecto, todo hecho político que se salga de las reglas del juego que impone el poder es rápidamente acallado o encapsulado dentro de la lógica de sus medios. Por ejemplo, el hecho masivo de los piquetes que cortan las rutas de acceso a la ciudad reclamando por mejoras salariales o por planes de empleo que tuvieron una masividad y una participación popular inusualmente democrática.
Los hechos se muestran, a través de los grandes medios, supuestamente con objetividad, pero cuando los mismos ponen en juego alguno de los pilares del sistema (en el ejemplo de los cortes el doble poder que implica la paralización de las rutas nacionales) se aparta el tema del tapete, el reclamo por la comida queda de lado y ya son más los cuestionamientos a los “usurpadores” del espacio público que el oído para escuchar sus voces.
Pero no sólo la opinión descalifica. Siguiendo con el ejemplo de los cortes hagámonos las siguientes preguntas: ¿Dónde está ubicada la cámara? ¿A quiénes y con qué profundidad se entrevista? ¿Cómo es la edición y la musicalización? ¿Qué palabras y que “opinólogos” se eligen para hablar de un tema? ¿Cuánto tiempo de la programación se le dedica al hecho? En pocas palabras, cómo se reconstruye y se muestra esta realidad tan compleja y contradictoria.
El tema del tiempo es fundamental. Se dice (ya cómo lugar común) que el tiempo en TV es tirano pero ¿cuáles fueron los tiempos que llevaron a los compañeros desocupados a cortar las rutas? ¿No fueron acaso décadas de humillaciones, ninguneos y atropellos de las políticas criminales que muchos de los que hoy hablan de ellos en la tele contribuyeron a entronizar? ¿Este genocidio en cuentagotas lento pero seguro que se lleva 20 000 niños argentinos al año nos interesa más o menos que el ataque a las torres gemelas o las preferencias sexuales de los “famosos”?
Los que sobreponiéndose a la penosa situación a la que fueron empujados recuperan su dignidad, se organizan, y salen a la lucha, ¿pueden decidir cuánto tiempo estarán en las noticias? La respuesta es no. No tuvieron ningún poder de decisión. Solo pudieron observar como las imágenes de los hechos que ellos mismos generaron se fueron extinguiendo en la maquinaria simbólica de los medios reemplazados por sesudas reflexiones sobre los “costos sociales del ajuste”, las reflexiones de ministros ex luchadores o las mediciones de intención de votos de una elección que no le interesa a nadie.
El ejemplo del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, nos muestra hasta qué punto aquellos que trabajan en los grandes medios son conscientes de este mecanismo de borramiento y olvido de determinadas noticias. En efecto cuando tuvieron que diseñar una campaña para sacudir el anestesiamiento social que se produce por esta dialéctica de sucesión y desaparición de las noticias, acudieron a la repetición ritual de una especie de “mantra” que se ubicaba en segmentos predeterminados de distintos programas: “No se olviden de Cabezas”.
La idea de la red de trabajo colectivo de Argentina Arde es producir un efecto similar pero en donde no se repriman los temas o las “noticias” que ponen en discusión el actual modelo de sociedad. No se olviden de los cortes de ruta, no se olviden que los represores están sueltos y premiados, no se olviden que los represores fueron pagados por los poderes económicos, no se olviden que también hay que escarchar y castigar a estos poderes y sus personeros, no se olviden que el pueblo se está encontrando nuevas formas de organización y lucha ,etc.
La nuestra es una apuesta a esta persistencia y a este tratamiento extensivo de estos temas como un repiqueteo que horade la piedra del entontecimiento audiovisual. Ahí está nuestro desafío: generar un canal alternativo a los medios del sistema.
El problema que aparece a simple vista es la enorme diferencia de tamaño, poderío y alcance que existe entre un sistema de cinco canales de aire, cientos de canales de cable, las distribuidoras cinematográficas con sus cientos de salas, el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales, las salas oficiales y por el otro lado una pequeña red que funcionaría con el compromiso militante de sus miembros y adherentes. A simple vista la diferencia es abismal pero trataremos de demostrar la imperiosa necesidad de librar esta lucha en apariencia tan desigual.
La televisión y los medios audiovisuales en general son el aparato de subjetivación más formidable que los poderes económicos tienen a mano. El papel que cumplió la iglesia en la Edad Media, la filosofía racionalista y la palabra escrita durante la modernidad, hoy lo cumplen los medios audiovisuales.
Uno de los mecanismos que utiliza el poder televisivo es el monopolio del saber audiovisual que genera una manera uniforme de recortar la realidad y ofrecérsela a un espectador pasivo que va construyendo sus ideas, opiniones y valores a partir de este recorte previamente digerido por la gran maquinaria simbólica del poder.
La idea de la comisión de video de Argentina Arde es ligar a un sector de estudiantes y realizadores audiovisuales con las mejores expresiones de lucha de nuestro pueblo y desde allí generar un circuito de exhibición y producción para que estos mismos sectores populares generen una nueva forma de producir y difundir los materiales audiovisuales. Exhibición, debate, formación, producción y retroalimentación de la red.
Desde enero a estos días, las exhibiciones de videos en las asambleas populares generan un debate posterior. Son cientos los vecinos de todo el país que, en plazas, bibliotecas o centros culturales vieron cada uno de los informes y los documentales de nuestro colectivo.
Nos proponemos atender a los dos niveles en la producción de videos: los noticieros y los documentales. No tomamos posición junto a los grupos "amontonados" de fotógrafos y camarógrafos, para efectuar distintos registros. Argentina Arde, por ejemplo, fue el único medio que registró ataques patoteros y episodios de represión policial en los cortes de ruta y en las movilizaciones de las asambleas a la Plaza de Mayo, precisamente por estar siempre del "otro" lado, es decir, junto a los que luchan y combaten al sistema.
Nuestras fotos y registros audiovisuales son actualmente un archivo importante en cuanto a cantidad y calidad, contribuyendo a documentar la memoria de las luchas populares. A partir de esto, creemos que si la idea es insertarnos entre los sectores populares, tenemos que generar una red de distribución ligada a las organizaciones de base y populares. Bibliotecas populares, centros vecinales, clubes, sindicatos, agrupaciones de solidaridad, organismos de derechos humanos, movimientos piqueteros.
Cada organización que se integre deberá garantizar un lugar para proyectar una vez por semana un documento audiovisual y debatir acerca del mismo. Es nuestro compromiso y nuestra lucha. A esta distribución alternativa de las noticias y de nuestras producciones se agrega otro eje principal de nuestro trabajo: la capacitación de vecinos y trabajadores para la realización de documentales y noticieros. La orientación de los talleres estará orientada a formar técnica y prácticamente a aquellos interesados en cada centro para que ellos mismos se conviertan en productores de materiales que puedan retroalimentar la red.
Los grupos de talleristas serán coordinados por dos miembros del colectivo en cada lugar y estos harán una propuesta de financiamiento que deberá ser aprobada para garantizar las necesidades materiales de funcionamiento de la red. Este núcleo se reunirá quincenalmente y mensualmente se realizará una asamblea en algún centro para discutir la programación y colectivizar las experiencias. El espectador debe en este proceso pasar de sujeto pasivo a productor activo. Porque, como dijo Raymundo Gleyzer, “para nosotros está claro que el cine es un arma de contrainformación, no un arma de tipo militar, un instrumento de información para la base. Este es el valor otro del cine en este momento de lucha”.

2. Comisión de Fotografía: memoria histórica y compromiso político

La existencia del grupo de fotógrafos dentro del concepto de contrainformación de Argentina Arde nació a partir de la necesidad de mostrar el material que documenta la dura crisis económica y social y que los medios de comunicación no publican. Frente a esta realidad, nuestro compromiso es participar activamente contribuyendo a que la memoria activa esté presente cotidianamente. Por eso, cuando nos juntamos, decíamos: “Nosotros lo vivimos, lo registramos y estaremos atentos para que después no nos cambien la historia en cada cuento”.
La existencia de un medio de comunicación visual alternativo y representativo de todas las voces populares, entendemos, es prioritaria, sobre todo teniendo en cuenta nuestra dependencia a informarnos mediante los medios de comunicación controlados por grandes monopolios privados. Para lograr este objetivo, es esencial brindar las herramientas para que cada individuo pueda ser un comunicador de la realidad que se vive en su pueblo.
Argentina Arde no se basa en exponer en los circuitos tradicionales de muestras fotográficas; por el contrario, interviene en las calles, en las esquinas, en las charlas debate, incluso tomando las paredes del edificio del Cabildo frente a la misma Casa de Gobierno, para exponer allí su producción fotográfica. Decidimos, así, salir a la calle y dar un mensaje: no discutimos sobre la calidad o capacidad comunicativa de cada autor, de cada fotógrafo. Buscamos en todo caso construir un mensaje colectivo, intentando representar a los que no están representados.
Nuestro principal objetivo es acercar las fotografías a la mayor cantidad de público. La idea es continuar con esta modalidad por todo el país, si bien algunas muestras ya han estado en diferentes provincias. La comisión de fotos de Argentina Arde supo estar en los piquetes, en las fábricas tomadas, en los festivales o jornadas culturales organizadas desde las distintas asambleas populares. Queremos trabajar en pos de construir una memoria activa que sea verdaderamente representativa de las realidades vividas y con nuestro trabajo valorar cada cultura que convive en nuestro país.
Como fotógrafos y al juzgar por el estado en que se encuentran algunos archivos públicos del país, consideramos necesaria y urgente la tarea de preservar nuestra memoria. No como pasado muerto sino como experiencia vivida que se proyecta en el presente. En un país donde la memoria histórica parecería depender de la buena voluntad de mecenas estatales o privados, es necesaria nuestra tarea. No hay una política cultural concreta por parte de lo que queda del Estado en cuanto a esto y, si la hay, no se puede dar mucha fe a ello: muchas han sido las veces que imágenes y documentos de nuestro pasado flotaron en aguas servidas en algún sótano de nuestra ciudad.
Nosotros debemos asegurarnos el material registrado para no olvidar los hechos de los que fuimos testigos. Mucho del registro visual de los años ’70 se ha conservado gracias al coraje de algunos autores y militantes y gracias a los que por entender el valor de lo registrado supieron conservar y tratar de dar un lugar “seguro” a los documentos. No podemos permitir que con nuestros registros el sistema, que opera basándose en el olvido, haga lo mismo. De ahí que juntarnos es una manera de asegurar que los hechos fueron registrados. Que la represión ha quedado atrapada en un instante para que trabajemos en pos de que no se repita más.
Las fotografías que hoy mostramos en las calles dan cuenta de los hechos ocurridos al calor del 19 y 20, de los asesinatos del puente Pueyrredón el 26 de junio. A partir de la compra colectiva de los insumos básicos, como película y papeles para copiar, estamos trabajando en ensayos para profundizar nuestra mirada: por ejemplo, sobre los “cartoneros” que sobreviven de la recolección de residuos, sobre la cantidad de personas duermen en las calles, sobre las nuevas manifestaciones de participación popular que enfrentan situaciones como éstas, tan solo por nombrar algunos hechos en los que intentamos enfocar nuestras lentes.
Alguien dijo alguna vez que se puede tener una cámara en las manos pero nada que expresar, nada que decir. Cuando uno tiene ante sí fotografías que lo estremecen, que lo hacen pensar en la vida y la muerte, es que estamos frente a una parte de la realidad. Queremos ser concretos en nuestro mensaje porque sabemos de qué lado estamos. Y fundamentalmente llevando a cabo la cobertura periodística de muchos de los hechos registrados en el periódico Argentina Arde.

3. Comisión de Prensa: en cada luchador, un corresponsal

Quien conozca, aunque sea parcialmente, la realidad de la producción gráfica en los últimos años en esta devaluada Argentina, sabe que mantener en circulación diez números de un periódico no es cosa fácil. Desde diciembre a esta parte se ha caído más de una revista y varias más han cambiado su formato, disminuido su periodicidad o rebajado su cantidad de páginas en el largo y atareado trabajo por la subsistencia.
La Crisis económica cayó con todo su peso sobre los costos del papel, sobre los insumos y, por sobre todo, cayó sobre el bolsillo de los lectores. En esta situación estamos cerrando el número 12 de nuestro periódico y no está nada mal echar un vistazo sobre los números anteriores para contar la experiencia y fortalecerla con vistas al futuro.
El periódico Argentina Arde nació, dentro del colectivo, a partir de una necesidad concreta: llegar a la gente con una agenda de noticias diferente y alternativa a los que por esos días se constituía como uno de los ocultamientos más grandes llevados a cabo por los medios masivos en nuestro país y, a la vez, hacerlo de manera periódica y masiva.
Por esos tiempos el cacerolazo de todos los viernes a la Plaza de Mayo, el funcionamiento de las distintas asambleas con sus acciones de lucha, los piquetes en todo el país y la Asamblea Interbarrial de Parque Centenario todos los domingos nos obligaba a tener una presencia continua en la cobertura de las luchas y, a la vez, una responsabilidad profesional de llevar a todos los sectores una mirada diferente sobre lo que estaba pasando que, como todos sabemos, no era poco. De ahí la importancia de lo alternativo, de la multiplicidad de voces, de las distintas miradas.
Crecimos de la mano de nuestra propia consigna: todos somos corresponsales. Y nos convertimos en una de las muchas voces que salieron a denunciar, desde el campo popular, lo que realmente pasaba. Así nos impusimos salir a la calle a decir que la movilización de diez mil personas todos los viernes con sus cacerolas frente a la casa de gobierno no podía quedarse sin llegar a la gente. Que miles y miles de vecinos en estado asambleario cuestionando al sistema, reclamando que se vayan todos, debían tener un lugar en un medio que dé a conocer sus propuestas, sus necesidades, sus luchas. Que la lucha de años de los sectores obreros y desocupados tomando fábricas, cortando rutas, no merecían el silencio cómplice de las grandes empresas multimedia y sí una cobertura de sus acciones y sus discursos y un aporte comprometido a su pelea de todos los días. Que el 26 de junio, en el puente Pueyrredón, los piqueteros nos se mataron entre ellos, como dijeron los grandes medios. Que en realidad los sectores de poder montaron un plan sistemático para asesinar y avanzar en la política de la “mano dura”.
Y así salimos. Y nos hicimos conocer. Y nos comunicamos con cientos de compañeros distribuidos por todo el país. Y recibimos por cada número muchas crónicas de lo que estaba pasando, muchas noticias, muchos informes. Y nos convertimos en un periódico alternativo de comunicación. Diferente. Combativo. Denunciante.
Entonces, a partir de nuestras páginas, se produjo entre muchas otras cosas el escándalo por el sueldo/ñoqui del Ministro de Salud con el comprobante del recibo de sueldo; se identificó a uno de los patoteros que fueron a apalear y a intimidar con disparos a los asambleístas de Merlo; se denunció uno por uno el poder de los medios a partir de la identificación de sus dueños y su vinculación con los círculos del poder; se cubrieron las tomas de las Fábricas Bruckman y Zanón y se llevaron a cabo acciones de apoyo a sus luchas.
Entonces no fuimos pocos sino cientos los que hemos trabajado y seguimos haciéndolo en esta red de contrainformación. Así crecimos. Cada vez que vendemos el periódico llegamos a cientos de compañeros que forman parte de las asambleas, que montan guardia en las fábricas tomadas, que cortan las rutas. En cada muestra de Argentina Arde, en las exposiciones de fotos o ciclos de cine, nuestra tarea es dar a conocer el periódico, charlar con la gente, hacer conocer nuestra propuesta escrita para sumar compañeros. Al final de este informe se enumeran muchas de las actividades del colectivo, haciendo hincapié en las exposiciones de foto y video, actividades que nos permitieron en tanto comisión de prensa tener una enorme tirada de ejemplares con una fuerte presencia en los focos de conflicto sociales y políticos.
No es fácil luchar contra el discurso hegemónico. Pero a la vez sabemos que solamente lo podemos hacer a partir de la conformación de una red nacional de corresponsales. Éste es nuestro desafío: aumentar el número los corresponsales y los distribuidores, acrecentar las coberturas de los conflictos obreros y asamblearios a lo largo y ancho del país, mejorar la calidad de nuestro trabajo con mayor capacitación y lograr el afianzamiento económico que sustente la salida ininterrumpida del periódico.
La unión de periodistas con trabajadores ocupados y desocupados, de diagramadores y distribuidores con vecinos asambleístas y piqueteros, nos llevará a hacernos cada vez más fuertes en esta lucha por la imposición de sentido. De otra forma no hay, bajo este régimen monopólico de noticias, forma de enterarse de los conflictos obreros en Río Turbio o de la lucha de los piqueteros en Salta, ni de los cortes de Ruta en Santiago o de las resoluciones de las asambleas del conurbano Bonaerense.
Al igual que en la otras comisiones que forman el colectivo de Argentina Arde, estamos trabajando para consolidar en distintos barrios algunos talleres de capacitación para jóvenes que quieran incurrir en el periodismo escrito y formar parte de nuestro trabajo. En este caso la recuperación de la palabra escrita, la recuperación de la voz propia en tanto protagonismo, es clave para construir una mirada alternativa y contrahegemónica.

Financiamiento

Argentina Arde no depende de ningún mecenas, ni privado ni estatal. Es un colectivo independiente y autogestivo. Como tal, nos autofinanciamos con la venta del periódico, de los video informes y con lo recaudado voluntariamente en la alcancía que acompaña nuestras muestras fotográficas. Esta situación, que en ocasiones retrasa la salida del periódico o del revelado del material fotográfico, es común a la de muchos medios alternativos y populares. Sabemos que, en la medida que avance el proceso de lucha, el pueblo en su conjunto irá aportando y haciendo crecer sus propios medios y sus propias voces.

Producciones de Argentina Arde

Al cerrar estas líneas, en agosto de 2002, Argentina Arde editó 12 periódicos, seis video informes con varios cortos sobre temas sociales y políticos y dos muestras fotográficas completas sobre el 19 y 20 de diciembre de 2001 y sobre la represión a los trabajadores desocupados el 26 de junio de 2002. En estos momentos, nos encontramos trabajando para poner a punto la página web de nuestro colectivo, www.argentinaarde.org

Objetivos del proyecto

1) Construir una red de trabajo multimedia que genere, a partir de la contrainformación, nuevas formas de expresión y producción como herramientas de lucha contra el sistema político social imperante.
2) Combatir el monopolio desinformativo de los grandes medios, desmontar el pensamiento único neoliberal y destruir el mito de la objetividad que emana de sus discursos.
3) Producir contenidos de contrainformación comprometidos con los movimientos sociales en lucha, dándole voz a los explotados.
4) Crear una red de corresponsales a nivel nacional que refleje fielmente las problemáticas y necesidades de nuestro pueblo y sea parte de la lucha por cambiar el sistema.
5) Trabajar a partir de diferentes soportes mediáticos (fotos, video, prensa, web, radio, TV, agencia alternativa de noticias) generando distintos espacios de participación en la producción de noticias. En otras palabras, lograr instaurar en todo el país la consigna: “vos lo viviste, no dejes que te sigan mintiendo, todos somos corresponsales”.
6) Construir nuevos canales de distribución de nuestros materiales con el claro objetivo de llegar a todos los sectores. Nuestra mirada debe permitir no sólo reflejar otras voces sino hacerles llegar también las noticias que los medios masivos ocultan por sus intereses económicos y políticos.
7) Lograr, a partir de la conformación de talleres en los distintos barrios, la capacitación de compañeros para desarrollar las tareas de producción de video, fotografía, periodismo, etc., único camino posible para desmitificar y quebrar los grandes discursos hegemónicos y lograr una verdadera multiplicidad de voces.

Natalia Vinelli